La unidad y lucha de contrarios

(Por Lenin Túpac Alfaro) Muchos entendidos en sociología y psicología de masas, dicen que la década del sesenta del siglo pasado, fue la época en que los Estados Unidos perdió su inocencia, que así como Europa vivió su “Belle Époque“  (bella época) antes de la primera guerra mundial, para los estadounidenses hay un antes y después de los años sesentas y es que fueron años donde el “deep government” al parecer hizo apagar vidas de personalidades queridas y admiradas por la sociedad norteamericana: El controversial suicidio de Marilyn Monroe, el asesinato del presidente JFK y su hermano Bobby Kennedy, la misma suerte que corrieron los líderes negros Malcolm X y Martin Luther King jr, hasta el encarcelamiento del popular líder sindical Jimmy Hoffa por supuestos vínculos con la mafia, y un largo etcétera.

Pero nosotros también parece que vivíamos en una especie de años maravilloso una “golden age” catracha, donde las desigualdades, las injusticias, la pobreza extrema y la corrupción, simplemente se ocultaban a plena luz del día, estábamos tan distraídos disfrutando del gol de “pecho de águila“ y bailando “sopa de caracol” que no vimos a los “desaparecidos “ por el 3-16, ni a Ali Baba Callejas vaciando “El Cajón “, ni la diáspora hondureña post neoliberalismo, ni cuenta nos dimos del arribo de las pandillas “made in USA” no vimos a los narcopoliticos eclosionar – era tanto el jolgorio y la bebiata- que parecía que el tiempo se había detenido y que en Honduras no pasaba nada.

Hasta que nos sacudió la realidad y fuimos testigos del pleito entre políticos ¡bueno! a simple vista parecía pleito por cuotas de poder, pero en su real esencia era : La unidad y lucha de contrarios, así mismo como lo escucha (lee); estábamos equivocados pensando que en nuestro país no existía una tal Lucha de Clases o una tal Dialéctica, que esas cosas, que esas doctrinas “extrañas” era material didáctico comunista, cosa de los rusos, “cosas” que al Dios de los cielos no le agradan, cosas de comé niños pues.

Pero de la noche a la mañana y sin dirección alguna, sin planificación, ni organización y más por error de cálculo de la “élite montuna” el pueblo salió a las calles, salió a gritar su verdad, salió a encontrarse con la historia y  a escribir historia.

No puedo evitar recordar  al ejército de los ricos desplegado en las calles, reprimiendo al soberano, reprimiendo al pueblo y a la par de ellos, un escuadrón de periodistas gargantas asalariadas, defendiendo lo indefendible, defendiendo el Golpe.

Ocho años después y todavía recordamos a los milicos y sus deshonrosos uniformes y a sus largos  garrotes (cortesía de Larach y compañía) y las bombas lacrimógenas “made in” Israel.

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”: Salvador Allende.

El mes pasado se cumplió el octavo aniversario de la pérdida de nuestra ingenuidad, de nuestra candidez, muchos días y sus noches han pasado hasta este día, mucha sangre fue derramada, mucho dolor, muchas lágrimas, pero la rueda de la historia no se detiene y gira por los cambios y gira por lo nuevo, vuelve a nacer y vuelve a morir y vuelve a girar.

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