Berta Cáceres, el grito que no se apaga

(Por Óscar Marroquín) El apagón informativo nuevamente le falla a Juan Orlando Hernández, de repente el nombre de Berta Cáceres suena en todo el planeta, de ahí que el silencio comprado se vuelve inútil, como inútil también es la estrategia de invisibilizar este horrible crimen que colocó al Estado hondureño en la mira de las organizaciones defensoras de los derechos humanos.

La impunidad parece estar perdiendo terreno, las tontas argucias del malévolo abogado van en picada, fuera de las fronteras hondureñas, los organismos defensores de los derechos humanos no son alcanzados por el apagón informativo; la eficacia con la que callan por voluntad propia o por soborno los medios de comunicación en Honduras esta vez se ve truncada.

Acorralado y sin posibilidad de echar mano del apagón informativo, el presidente corre en búsqueda de argumentos para minimizar el vendaval que se le viene encima, hace uso de lo que sea y como sea, en su escuálido y precoz comunicado intenta hacer de la desteñida MACCIH una demostración de transparencia por parte del gobierno. No cabe duda de que, los pobres argumentos parecen ser un parto muerto.

En todo caso, la MACCIH no es un símbolo de triunfo para este gobierno, es más bien el estandarte de la vergüenza que ningún gobierno honrado y democrático se precia de llevar en alto, la llegada de esta misión a suelo hondureño significa que el Estado ha sido secuestrado por una poderosa red criminal que ha saqueado el erario y, además, ha permitió que horrendos crímenes como el que se cometió en contra de Berta Cáceres queden hasta hoy en la impunidad. 

Pero no bastándole con lo anterior, también echa mano del Secretario de Estados de los Estados Unidos Rex Tillerson y, angustiosamente parafrasea declaraciones de este político en favor del gobierno de Honduras, declaraciones que por supuesto se estrellan con lo ocurrido en la última reunión del Comité de Derechos Humanos en la ciudad de Suiza.

De esta manera, los endebles argumentos mostrados por Juan Orlando dejan entrever que tras este asesinato podrían existir intereses y personas que han logrado influir en el gobierno para que el sistema de justicia hondureño engavete para siempre la investigación.

Hasta el presente, la sombra de la corrupción y la impunidad persiguen por doquier al tristemente célebre presidente de Honduras, la violación de la moral y las normas institucionales jurídicas colocan a cualquier presidente en una posición miserable; pues no hay que olvidar el juramento de hacer cumplir la constitución de la república, si el juramento no es respetado lógicamente el presidente está violando el precepto constitucional que da paso al respeto irrestricto a la vida. La constitución de la Republica de Honduras dice en el artículo 65: EL DERECHO A LA VIDA ES INVIOLABLE.

“Prometo ser fiel a la República, cumplir y hace cumplir la Constitución y sus leyes”, ¿ha cumplido Juan Orlando con su juramento? ¿Ha defendido Juan Orlando La vida de los hondureños y hondureñas?

En síntesis, la negación por parte del gobierno a una verdadera investigación anula prácticamente la legitimidad de este gobierno, pues es inconcebible desde todo punto de vista que el sistema normativo deje de lado los deberes institucionales para llevar hasta las últimas consecuencias las investigaciones necesarias que den con el paradero de los autores intelectuales de este asesinato.

En conclusión, Ernesto Garzón Valdez escribe “Si la obligación de quienes forman parte del sistema jurídico no es satisfecha y cumplida rápidamente, entonces esto se interpreta como una tendencia a no cumplir con la obligación”.

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El TSE

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