¿Fuera JOH? Oposición y ‘oprobiosa dictadura’ se baten en miradas, halagos y amoralidades

El expresidente de Honduras, Manuel Zelaya, mandaba la mañana del 12 de julio una fortísima carta contra el actual mandatario Juan Orlando Hernández pidiéndole que no coloque trabas a la inscripción de la Alianza de oposición contra la dictadura para poder participar en las elecciones generales de noviembre.

Por la tarde, se reunía plácida y amablemente con su “enemigo” y acérrimo rival y hablaron un poco de todo. Las fotos y los ojos de los presentes no pasaron desapercibidos y se convirtió en la “sensación del momento”: los bandos “irreconciliables” y enemigos jurados a muerte comían en la misma mesa y las miradas hacia Hernández eran absortas.

Todos prestaban atención a cada palabra que profería el llamado “enemigo a vencer”, el “dictador”, el “tirano”…el ambiente fue distendido, relajado y no se escucharon ni pitos, ni “fuera JOH”, mucho menos hubo chalecos antibalas con la frase que se popularizó durante las marchas de las antorchas de 2015. A fin de cuentas, son políticos y entre ellos se entienden.

Por tanto, queda en evidencia la amoralidad del oficialismo y oposición; asimismo, se aplica a la perfección la frase “mientras nosotros peleamos, ellos comen en el mismo plato” quedó patentado. La amoralidad en el bando contrario fue muy claro, los gritos fueron silenciados por pláticas que colindaron con lo diplomático, los pitos fueron cambiados por miradas fijas y cuasi románticas. Los chalecos quedaron en el baúl del carro y hubo hasta reverencias al titular del Ejecutivo. ¿Seguirá el grito de ‘fuera JOH’ en la Alianza Opositora?

Los comentarios de los adláteres o achichincles se silenciaron; todos justificaron que el encuentro -que fue bien planificado y orquestado- era porque “los políticos deben reunirse” o porque “es necesario que haya diálogo” entre las partes para dirimir diferencias por el bien del país. Cuando Hernández no se reúne con la oposición, la crítica es virulenta al extremo de decir “fuera el dictador”, “fuera JOH”.

O qué decir cuando cuando las voces críticas apuntan sus comentarios contra la oposición, surgen frases como “ya fueron comprados por Juan Orlando”, “¿cuánto pisto (dinero) les dieron?”, entre otros improperios. Cuando Zelaya y sus achichincles se sientan a la mesa a platicar con JOH, ¿será que los compraron también? Vaya usted a saber.

Incluso, el propio expresidente ha respondido con extrema malcriadez a sus críticos, entre ellos, la exaliada Radio Globo. Basta un ejemplo: el 1 de mayo, un periodista de la estación le hizo una pregunta que lo incomodó y la respuesta fue cruenta: “A ustedes ya los compró Juan Orlando”. Cabe preguntarse: ¿Fue una reunión improvisada o Juan Orlando, como buen astuto, planificó todo para tomarse la instantánea y vio la cara de inocentones a sus detractores? ¿Fue una reunión de compadre hablado entre Hernández y Zelaya y aprovecharon la fuerza mediática y los troll center para neutralizar escandaloso encuentro que, en una postura digna, los opositores debieron levantarse de la mesa o realizar una enérgica protesta para dejar en evidencia la conducta autoritaria del jefe de Estado?

Por eso, el mandatario dio un golpe bajo y elegante a sus detractores al sentarse con ellos y platicar un poco de todo. En cambio, nadie, absolutamente nadie de los parlamentarios de Libre protestó por semejante escena. ¿Y los pitos? ¿Y el chaleco con la leyenda ‘Fuera JOH’? Por fortuna, reza un refrán chino que una imagen vale más que mil palabras y nadie perdió la oportunidad para revelar las amoralidades de la oposición, más aún, a pocos meses de las elecciones generales, en la que se espera una salvaje campaña que emprenderá el Ejecutivo nacionalista contra la Alianza Opositora. Por tanto, todos los recursos serán utilizados contra Zelaya y sus seguidores.

Han pasado casi 24 horas y las reacciones de los protagonistas han sido vagas, sin fundamentos o, al menos, una explicación lógica sobre el encuentro. En las redes están los comentarios que, al interpretarlos, son evasivos. Querer reducir la reunión a mencionar una sopa de gallina “que ni me gusta” es hasta lesivo a la inteligencia de aquellos que esperan discursos coherentes y dignos. Al menos, la dignidad en esa reunión desapareció o fue convertida en un caldo que cayó pesado al raciocinio y la ética política. Las flatulencias se perciben a la distancia.

Por consiguiente, cualquier reacción que ocurra después de las 12 horas ya no tiene sentido porque el golpe elegante, bajo y moral los neutralizó. Bien dicen que quien pega primero, pega dos veces. Desde luego, este planteamiento traerá reacciones muy rancias y muy ácidas desde el activista absorto con el discurso del expresidente Zelaya y compañía, pues se deberá comprender que Honduras viene de padecer más de un siglo de nefasto bipartidismo bañado de dictaduras, latrocinio, cuantiosas muertes y un brutal empobrecimiento que lo pagarán las futuras generaciones.

Jamás deberá resultar extraño el porqué de pensamientos arcaicos como “yo soy nacionalista porque mi madre fue cachureca” y “soy liberal porque toda mi familia es liberal”, desde luego, esas ideas se pasaron por ósmosis a la oposición que ha dejado a un lado la propuesta de la refundación del Estado Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente y “derrotar la dictadura” de Juan Orlando Hernández. La moda es repartición de cargos y componendas a granel que no han sido respetadas por el todopoderoso gobernante que ha jugado con la oposición sin sudar la camisa.

Todavía es inverosímil y hasta cómico que no existiera, siquiera, un desplante, pararse de la mesa donde estaban los “enemigos a muerte” o retirarse del sitio. De haber ocurrido este extremo, este análisis no tendría razón de ser. Por el contrario, se les felicitaría por una decisión digna y de coraje, cosas que no ocurrirán porque el tripartidismo está en ciernes. Cualquier esfuerzo por adecentar la clase política es vano -por ahora- y resta esperar un proceso del cual salgan líderes con un alto concepto de política, ética y otros valores que puedan volver a generar la confianza del elector.

Claro está que en política todo es posible, que cabe la negociación, el diálogo, el consenso y hasta las diferencias cuando el político tiene clara la responsabilidad histórica que le compete, pero no se puede decir “fuera JOH” por la mañana y reirse con el tirano por la tarde. Un político decente planta cara a su rival. Pero esta vez, pudo la amoralidad y les ocurrió lo mismo que a Augusto César Sandino, quien fue invitado por el dictador nicaragüense Anastasio Somoza García a comer a la casa de gobierno y al salir fue ejecutado sin piedad por los esbirros del criminal tirano.

En el siglo XXI ya no hay necesidad de incurrir en ese tipo de violencia, la tecnología sustituyó las balas y una instantánea puede definir un futuro. Quizá a los opositores les puede venir la crítica, el desprestigio y pasen a ser unos apestados. Cualquier reacción del expresidente Zelaya, los diputados Beatriz Valle y Jorge Cálix ya es tardía y sin sentido. La amoralidad pudo más que cualquier recuerdo de represión, asesinatos y persecución que padecieron los miembros del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) durante la dictadura de Roberto Micheletti y la sangre derramada por los más de 200 mártires pueden ir al cesto de la basura.

¡Ah! Se nos olvidaba, ¿qué hace el expresidente Zelaya con la diputada liberal Gabriela Núñez, sentados a la mesa, escuchando al “dictador” si están a punto de quitarle su casa por mandato judicial porque su exempleada le cobró cinco millones de lempiras por prestaciones laborales cuando fungió como presidenta del Banco Central de Honduras y fue su peor enemiga durante el régimen autoritario del denominado anticomunista convencido? Ni el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, ni exmandatario de Ecuador Rafael Correa hubieran permitido semejante disparate porque ambos tienen claridad política e ideológica. Las explicaciones que pueda dar al respecto Mel, sobran.

La memoria histórica y la misma historia -valga la redundancia- son implacables e imperdonables, da la razón a quien ha sido apegado a su discurso y ha ninguneado a los que han pretendido “querer quedar bien con Dios y con el Diablo”. Los gritos del “fuera JOH” proferidos por la gente duante las añoradas marchas de las antorchas fueron ahogados por el caldo de gallina “que ni me gusta”. Es cuestión de perspectiva.

La traición del dictador Anastasio Somoza García truncó cualquier opción revolucionaria que emprendió el héroe Augusto César Sandino. La historia refiere que las cruentas traiciones ocurren en momentos de distensión. (FOTO CORTESÍA DIARIO LA PRENSA, MANAGUA).

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