Se siente cómoda como exrectora

(Por Edmundo Orellana) Así lo dijo, en la toma de posesión del rector interino, doctor Francisco Herrera, la hoy exrectora, Julieta Castellanos. Se refería a la libertad que tendrá ahora, sin las ataduras de la investidura, para poder decir lo que venga en gana.

No solo debe sentirse cómoda por recobrar la libertad de poder hablar, la exrectora. También debe sentirse satisfecha. Hizo lo que nadie en poco tiempo.

Llegó cuando todavía tenían poder los sectores cuyo proceder provocó la intervención del Congreso en la UNAH, pese a los denodados esfuerzos de la comisión de transición por eliminar su influencia e impulsar el proceso de reforma universitaria. Desde sus nichos históricos resistían ferozmente, presagiando las dificultades que enfrentaría su gestión. Logró vencerlos, sin embargo. No definitivamente, porque algunos se presentaron como aliados, esperando el momento propicio para frustrar sus esfuerzos.

Logró establecer el orden interno y la estabilidad de los procesos administrativos. Lo que le permitió emprender proyectos atrevidos, como darle un nuevo y moderno rostro a la ciudad universitaria. Lo hizo con el porcentaje del presupuesto general de la República que la Constitución reconoce; es decir, con el mismo que, proporcionalmente, trabajaron quienes la precedieron. Demostró, pues, capacidad de gestión y honestidad.
La complejidad y gravedad de los problemas que encontró, le exigió atender los más urgentes. Entre estos, la seguridad de los estudiantes y de las instalaciones, junto a la higiene del campus, eran los prioritarios del momento. Lo logró. Hoy se recorren las instalaciones sin temor a ser víctima de los delincuentes y el campus universitario luce limpio y seguro.

Sistematizó los procesos administrativos, imprimiendo transparencia en los mismos. El sistema permite conocer con precisión la aplicación de los recursos presupuestarios, el estado y uso de los bienes. La eficiencia y la eficacia en la supervisión y evaluación del presupuesto contrasta, sin embargo, con la dilación en los procesos gracias a la “maldita burocracia”.

Se estimuló la modernización de las carreras y otras muchas fueron creadas. Sin embargo, la docencia no ha sido estimulada debidamente. Para la burocracia universitaria, el docente es uno más de los suyos, aburridos y anclados en el escritorio hasta que llega la hora de la salida. Por eso, su evaluación se limita a verificar su asistencia. El control burocrático se impone al control académico. Es más importante marcar un reloj, que verificar el desarrollo de la clase y la calidad de los insumos para desarrollarla. Es más importante la permanencia del docente en las instalaciones, sin condiciones físicas para ello, que la producción científica del docente. Por eso, son pocos los profesores que investigan, publican ensayos sobre su materia o publican libros. No se estimula la creatividad. Buen docente es el que marca el reloj, no el que investiga, escribe artículos científicos o publica libros.

Las herramientas de la reforma universitaria es otro logro de su gestión. Entre estas se destacan las normas académicas, de cuya aplicación depende el avance de aquella.

El conflicto con los estudiantes no lo generó ella. Lo provocó el Congreso cuando reformó la Ley de la UNAH para impedir que los estudiantes eligiesen a sus representantes legítimos ante el Consejo Universitario. Pero lo sufrió ella. Hubo reacciones exageradas e innecesarias de ambas partes. En lugar de apelar a los recursos de la academia, acudieron a la fuerza; ambas partes perdieron, sin embargo. Desde su escondrijo los enemigos de la reforma universitaria, posicionados en ambos frentes, hicieron su labor de zapa. Lecciones para el futuro.

Su legado, rectora Castellanos, está allí y nadie podrá ignorarlo. La trascendencia de sus logros invisibiliza sus errores. Los avances de la UNAH bajo su gestión son indiscutibles. Con el tiempo también lo reconocerán quienes hoy la atacan. Eso es lo positivo de actuar correctamente, que, tarde o temprano, todos lo reconocen. En adelante, los estándares de su gestión servirán para evaluar los rectores que vengan.

La sucesión no ocurrió como prevé la ley. Estamos en un estado de excepción, como le gusta al señor Presidente de la República. Afortunadamente, la transición queda en buenas manos. En quien conoce la UNAH, la reforma universitaria, los procesos internos y goza, además, del aprecio y respeto de la comunidad universitaria. Está dotado de las cualidades que le permitirán sortear las convulsas circunstancias del momento, porque tiene capacidad de gestión, probada ampliamente, y porque el dialogo es su recurso principal.

Quienes lo conocemos, estamos seguros de que finalizará con éxito su gestión, cumpliendo con el mandato de la ley, del Congreso y alcanzando las metas que se fije en el plan exigido por la JDU, dentro del contexto de la cuarta reforma universitaria, hasta alcanzar la estabilidad institucional de la UNAH. Especialmente, bajar la intensidad del conflicto y, si es posible, solucionarlo, así como asegurar que el nuevo rector encuentre una administración fluida, eficiente y eficaz.

Buena suerte y éxitos a ambos. A la exrectora, Julieta Castellanos, en sus nuevos desafíos, y al doctor Francisco Herrera, por el bien de Honduras, en su gestión como rector interino.

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