Rehabilitar

(Por Edmundo Orellana) “Habilitar de nuevo”, es una de las acepciones reconocidas de esta palabra y “habilitar” es “hacer a alguien o algo hábil, apto o capaz para una cosa determinada”. Bien, a eso nos invita la Conferencia Episcopal en su último comunicado: “habilitar de nuevo” la política, la democracia, el derecho y la esperanza. Más claro no podía decirlo la jerarquía eclesiástica, considerando que debe seguir sus cánones litúrgicos, cargados de simbolismo, en todas sus manifestaciones.

Nos exhorta a abandonar el miedo y la desconfianza y a asumir nuestros deberes cívicos, participando directa y activamente en política, asegurando, con apego a los valores morales, la dignidad y la solidaridad, para evitar que las élites políticas sigan imponiendo sus intereses sobre los del pueblo, promoviendo la corrupción y, consecuentemente, agudizando la pobreza. Se trata, pues, de “rehabilitar la política”.

“Rehabilitar la quebrantada democracia en la que vivimos” es otra prioridad en estas elecciones, según la jerarquía católica hondureña, señalando que, para la iglesia, democracia es, invocando un fragmento de la Carta Encíclica del Papa Juan Pablo II, en el centenario de la Rerum Novarum, el modelo político que garantiza a los gobernados no solo “la posibilidad de elegir y controlar a sus gobernantes”, sino también la de “sustituirlos oportunamente de manera pacífica”. Y advierte que “los escenarios actuales ponen en entredicho las condiciones de autenticidad y de claridad que debe garantizar, en los mecanismos de participación política, todo sistema democrático”. Se refiere a los atentados del poder político contra la libertad de elegir, mediante coacciones, presiones y chantajes, y también mediante la confusión generada para discernir qué candidaturas están desprovistas de legitimidad y qué candidatos carecen de honradez.

Sin libertad de elección se pierde la “autenticidad que debe caracterizar a todo proceso electoral”. Luego de describirnos este enrarecido ambiente electoral nos invita a elegir en conciencia, es decir, a elegir “a quienes puedan devolvernos la dignidad”. Clarísima e inusual exhortación la de la Iglesia Católica hondureña: en esta elección se trata no de reelegir sino de sustituir a los que nos gobiernan y elegir a quienes no haya duda sobre su honradez, sobre la legitimidad de su candidatura y, muy especialmente, a aquellos que nos garanticen devolver la dignidad nacional.

“Las violaciones a la actual Constitución y las actuaciones de falsa legalidad que se han dado en los últimos años”, son la prueba irrefutable de que el estado de derecho ha dejado de existir, particularmente por el irrespeto al principio de división de poderes. Por ello, “rehabilitar el derecho” es necesario y, además, urgente, según la jerarquía católica, para generar seguridad jurídica y alejar el fantasma de la dictadura. Necesitamos, por ello, elegir a quienes nos ofrezcan estar al servicio y defensa del estado de derecho. La invitación es meridianamente explícita: no debemos elegir a los violadores de la Constitución ni a los que han corrompido las instituciones republicanas.

“Rehabilitar la esperanza” es, según la Iglesia Católica, tener fe en el futuro. Pero no en el que nos prometan, sino en el que nosotros construyamos, partiendo de nuestra realidad, sin ilusionarnos “con estadísticas de avances macroeconómicos, cuando sigue creciendo la pobreza”. “La esperanza… no es alimentarse con mentiras políticas”, sentencia la Conferencia Episcopal. Votar, pues, no por aquellos que impulsen solamente el crecimiento, sino por los que promuevan el crecimiento con desarrollo económico y social.

Y concluye diciendo que “el fruto de esta rehabilitación urgente de nuestra vida política y de nuestra democracia, el futuro que preparemos entre todos sea, como afirma el Papa Francisco, el de una sociedad digna y solidaria”, en el que no exista “ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”.

Es un llamado a nuestra conciencia, motivado por la alarmante pérdida de valores morales, políticos y jurídicos, auspiciada desde las altas esferas políticas. Nos invita a acudir a las urnas a elegir responsablemente al que responda al siguiente perfil: quien nos garantice trabajar en la reconstrucción del desaparecido estado de derecho para recuperar la seguridad jurídica, impulsando con energía un desarrollo económico y social con beneficios equitativos para todos, en el marco de una democracia participativa e incluyente, todo ello, con apego irrestricto a la Constitución y a las leyes. En otras palabras: a no votar por los mismos, ni como ha sido costumbre, para no repetir nuestras tragedias.

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