La derrota del Partido Liberal

(Por Edmundo Orellana) Por primera vez una derrota política no está huérfana. Luis Zelaya asumió, con gallardía, públicamente la paternidad del revés sufrido por su partido. Además de elevarse por sobre la clase política hondureña con esa magistral lección de moral política exoneró a los que se dedicaron a minar su candidatura, pero el liberalismo difícilmente perdonará. Sin embargo, de las causas determinantes del fracaso, ninguna es imputable al candidato.

La principal causa se remonta al golpe de estado del 2009. Aunque no fue perpetrado por el Partido Liberal, así lo hicieron ver quienes lo organizaron, un grupo variopinto, proveniente de los partidos políticos, empresa privada, iglesias, la mayoría de las ONG, algunos gremios y otras organizaciones.

Fue, empero, el Partido Nacional su principal promotor e inspirador, correspondiendo a los pocos liberales que participaron el triste papel de simples ejecutores materiales. Este golpe, cuyos efectos devastadores están a la raíz de la crisis de la que no hemos podido salir todavía, se revirtió contra los autores y ejecutores, y, paradójicamente, favoreció a quien pretendían aniquilar.

De los protagonistas de la crisis del 2009, el único que sale victorioso es Mel Zelaya, quien, pocos meses después de regresar del exilio, fundó un partido que participa, en los últimos 8 años, en dos elecciones -que claramente le son favorables, pero que el TSE, fraudulentamente, reconoce como ganador a otro-, enterrando para siempre el bipartidismo.

Los demás actores de aquel aciago suceso han ido desapareciendo de la vida pública, condenados por el pueblo al ostracismo político, pese a los esfuerzos por reciclarse o de capturar la atención de los liberales, aprovechando circunstancias especiales, como la que vivimos, que un grupo, en el que se destacan figuras protagonistas de aquel funesto suceso, en el que jugaron siniestros y caricaturescos roles, pretende defenestrar a las autoridades del Partido Liberal, con el evidente y vano propósito de borrar el estigma, condenadas a cargar de por vida, de haber herido de muerte al Partido Liberal.

No abrir el CCEPL, después del golpe, a todas las tendencias, orilló a Mel a fundar Libre y provocó que cientos de miles de liberales se fueran al nuevo partido, cayendo dramáticamente la membresía del Partido Liberal.

La derrota del Partido Liberal en el 2014, entre cuyas causas se cuentan las dos mencionadas, estuvo dominada por las traiciones de quienes promovían sus candidaturas y no la del candidato presidencial, lo que desembocó en un distanciamiento entre el CCEPL y la bancada, agravada cuando la mayoría de sus integrantes descubrió que podía hacer realidad sus sueños más locos vendiendo sus votos al gobierno. Este repugnante comportamiento fue rechazado por el liberalismo y marcó el inicio de la decadencia del Partido Liberal.

La entrega de la Junta Directiva del Congreso al Partido Nacional, pese a que Libre, con el que hacían mayoría, ofreció su apoyo para que asumiera la presidencia el Partido Liberal, se cuenta también entre las causas de esta última derrota. La bancada arguyó que ese sacrificio era para mantener la canasta básica. Con semejante disparate, la bancada, ofendiendo la inteligencia de los liberales, justificó la entrega del poder a JOH antes de que este tomara posesión, permitiendo, a su vez, que este controlara totalmente la institucionalidad del país.

Esa fue la primera de muchas entregas vergonzosas que acumulara la bancada del Partido Liberal, entre las que cabe destacar la elección del fiscal y de los magistrados de la Corte Suprema, que facilitaron, luego, el proyecto inconstitucional continuista, ya que el MP emitió el dictamen favorable a la acción de inconstitucionalidad incoada contra la prohibición constitucional de la reelección y la segunda, por medio de la Sala de lo Constitucional, ratificó, unánimemente (incluidos los magistrados liberales) la inconstitucionalidad del artículo pétreo que contenía esa prohibición, decretada por la Sala anterior. Esto explica por qué los liberales, en las elecciones primarias, votaron en contra de la mayoría de los diputados que pretendían reelegirse.

Finalmente, ocurrió lo mismo que en las elecciones pasadas, que muchos liberales, para quienes Mel es el diablo, votaron por JOH, no porque fuera el mejor, porque de lejos se miraba que era Villeda, sino porque creían que gozaba de mayor apoyo, lo que garantizaba que Mel no regresara al poder. En estas elecciones, el rechazo generalizado al continuismo orientó el voto de muchos liberales hacia SN, porque creían que era el candidato de la oposición con más apoyo popular, pese a que estaban convencidos de que Luis Zelaya era el mejor de entre todos los de la oposición.

Otras causas podrán identificarse, pero ninguna determinante, insisto, se le puede imputar a esa cumbre de moral política en la que se ha convertido Luis Zelaya, aunque digan lo contrario quienes se regodean en la derrota del Partido Liberal y que fueron incapaces de levantar su voz en contra de los abusos de este gobierno y menos en contra del inconstitucional proyecto continuista del Presidente-candidato.

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