Modelo finlandés

(Por Lenin Túpac Alfaro) Ver y escuchar a los políticos tradicionales y a sus activistas cuando intentan explicar la realidad de nuestro país o simplemente dar cuentas de sus resultados al frente de cualquier institución de gobierno, realmente da náuseas, indignación y coraje, hay que tener paciencia y autocontrol estilo monje budista para no enloquecer de la cólera y agarrar de las greñas a semejantes primates, caricaturescos personajes de la crema y nata de la partidocracia hondureña.

Año tras año, llegan funcionarios de todos los niveles habidos y por haber, pero todos o casi todos llegan con el único objetivo de servir a su “líder” y a su partido y de paso repartirse con la cuchara grande; nadie o casi nadie se preocupa por servir a su patria, aunque en sus discursos los politicastros criollos juran y perjuran que sólo los mueve el amor al pueblo.

Civiles o militares, dichos funcionarios, sólo ven en la burocracia un medio para obtener ingresos económicos. Ejércitos de profesionales de dudosa capacidad y de reconocida militancia partidaria esperan pacientemente su oportunidad, para “sacrificarse” por Honduras.

Escasa formación profesional o más grave aún, falsos títulos académicos, combinados con una moral y ética en modo off, hacen de los empleados y funcionarios de las pasadas y actual administración el último clavo en el ataud de nuestra moribunda sociedad.

Altos cargos de gobierno que se dirigen a sus subalternos y a la ciudadanía en general como si se tratase de eminencias que saben todo y no deben ser cuestionados o incomodados en manera alguna .

Funcionarios que abusan de sus cargos y emplean a toda su parentela y parejas sentimentales, se hacen escoltar por policías y militares como si llevasen consigo la fórmula secreta de la Coca Cola, se desplazan en coronelas con sirenas para apartar el tráfico que ocasionan los simples mortales, hasta las actividades más nimias como ir al supermercado o llevar a sus hijos al colegio se vuelven asuntos de seguridad nacional.

Pertenecer a esa red que tiene secuestrado al Estado, hace a los funcionarios creerse intocables y volverse ofensivos y altaneros llegando al extremo de pensar que los ciudadanos que pagamos sus salarios somos imbéciles y que debemos estar agradecidos con ellos, por el “favor” que nos hacen, al dejar botadas sus exitosas empresas, fincas, haciendas o reconocidas clínicas médicas o bufetes legales (sarcasmo).

Es así como llegamos al colmo de los colmos. El actual secretario de Educación, de quién no sabemos de sus obras y legados, ni sabemos de sus méritos profesionales, nos restriega en la cara, lo que él llama la educación del siglo XXI y el modelo finlandés, para justificar la falta de aulas y pupitres en nuestro sistema de educación pública. Llegando incluso a (con tremenda sonrisa en su rostro) recomendarnos ser más ecologistas y creativos y que fabriquemos los pupitres de nuestros hijos con botellas de plástico y masking tape.

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