Wednesday, Sep 18, 2019
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TEGUCIGALPA, HONDURAS

La historia marca a la familia Rivera López Callejas, de la cual desciende el actual diputado del Partido Nacional, Antonio Rivera Callejas, que desde su abuelo llegó a la política, se convirtieron en auténticos urdidores: han planificado golpes de Estado y dictaduras. Para este clan, es su carta de presentación.

El líder nacionalista, más conocido como «Toño chocoyo», por sus pronunciados pómulos o «la mascota» por haber usado monigotes en su niñez en respaldo al Motagua, su equipo de los mil amores, hoy impulsa el proyecto continuista de Juan Orlando Hernández.

Toño ha sido el principal defensor de la reelección de Hernández; ambos se opusieron en 2009 a la consulta popular de Zelaya que proponía una cuarta urna para preguntar si el pueblo quería o no constituyente y hoy repite sin parar que la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se pronunció a favor de la controvertida figura.

Los dos levantaron la mano para autorizar la defenestración de Zelaya y celebraron el «triunfo de la democracia».

Rivera Callejas, constituye la tercera generación de una familia de políticos sobresalientes por su beligerancia, viveza y participación en procesos antidemocráticos, conspiraciones palaciegas y es, sin duda, uno de los «jóvenes valores» del Partido Nacional (a pesar de haber nacido en 1963). En la actualidad, es el segundo vicepresidente del Parlamento controlado fácticamente por la estrella solitaria que supo adivinar la debilidad de la oposición: la codicia por el dinero.

El abuelo, el padre y el nieto, como dicen popularmente, «forman parte del inventario» porque se matricularon en el presupuesto general del Estado, que es financiado por empobrecidos hondureños que dejan de comer para pagar tributos gracias a este trío que encontró la fórmula perfecta para enriquecerse sin arrugarse siquiera la camisa.

El legislador cachureco, es hijo del extinto abogado y diputado Mario Rivera López y nieto del también ya fallecido doctor Antonio Clavasquín Rivera o meramente «Antonio C. Rivera», quien ocupó la presidencia del Congreso entre 1935 y 1939, precisamente, durante los años de plomo del dictador Tiburcio Carías Andino. Ya había ejercido el mismo cargo entre 1929 y 1930.

Toño y sus hermanos, incluso el padre, prefirieron apellidarse Rivera, pues proviene de las familias más pudientes de la primera mitad del siglo XX y era considerado como «caché» por la élite criolla y no Clavasquín porque este proviene de los afrodescendientes o negros. Si la familia del reconocido parlamentario usara ese apellido, todos serían «Clavasquín Callejas» y Antonio sería «Antonio Clavasquín».

Cuenta el exjuez y diputado de Libre, Rasel Tomé, que la familia Rivera López Callejas, han sido de estirpe conservadora y recalcitrantes nacionalistas que «han estado lamentablemente involucrados en golpes de Estado y en actos en contra de la soberanía del pueblo y de los intereses populares».

Afirma este congresista que Toño estuvo involucrado en el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 y su padre, también fue golpista, diputado del Congreso (y presidente de la constituyente de 1965) en gobiernos autoritarios. «Y su abuelo también», fue político involucrado en régimen de facto, insiste este opositor.

«Como que es una cultura que tienen ellos (Familia Rivera, López Callejas), de estar en contra de la democracia, en contra de la participación del pueblo e involucrados en régimenes de fuerza, por que los golpes de Estado son actuaciones, casi bárbaras, ya es romper los procesos democráticos de convivencia», enfatiza Tomé.

El doctor Clavasquín Rivera, padre de Mario, y abuelo de Antonio Callejas, murió un 27 de marzo de 1939, a la temprana edad de 54 años, siendo presidente del Congreso Nacional, cuando su hijo apenas tenía cinco años.

Siguiendo la trayectoria de su padre, Mario estudió leyes e ingresó al Partido Nacional; siendo diputado suplente en la constituyente de 1957, que eligió presidente de Honduras al liberal Ramón Villeda Morales y, después de aprobar una nueva Constitución, se convirtió en Congreso unicameral, bajo la presidencia de Modesto Rodas Alvarado.

En 1958, muere el diputado nacionalista por Francisco Morazán, Humberto Díaz Banegas y para llenar la vacante dejada es seleccionado Mario Rivera López cuando apenas contaba con 24 años, iniciando así una carrera política que duraría casi medio siglo.

Siete años después, cuando ya tenía 31 años; la constituyente convocada por el tirano Oswaldo López Arellano, quien luego fue electo presidente, fue presidida por Rivera López a la postre, presidente del Parlamento, siendo el más joven de los que han ocupado la titularidad del organismo.

Mientras gobernaba con mano de hierro López Arellano, se intentó borrar las serias molestias existentes por el golpe militar en amplios segmentos poblacionales; las persecuciones y el extrañamiento de algunos líderes políticos y sindicales, algunos de ellos acusados de ser comunistas y, en aquel momento, Arellano confió en José Ángel Ulloa como jefe de la diplomacia hondureña y, dos meses más tarde, interpuso su renuncia ante la intransigencia manifiesta de grupos políticos que dentro del gobierno eran jefeados por Ricardo Zúñiga y Mario Rivera López.