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(Por Víctor Meza) La tentación es muy grande y no somos pocos los emborronadores de cuartillas que sucumbimos ante ella. Es la tendencia a hacer pronósticos, cálculos y profecías cada vez que termina un año y comienza el otro. Nos sentimos, generalmente sin darnos cuenta, profetas, zahoríes, adivinos que, con bola de cristal o sin ella, nos atrevemos a vaticinar los hechos, intuir las tendencias y señalar el nuevo rumbo. Es, si se quiere, una debilidad humana, y como tal hay que tolerarla.

Es una opinión común y mil veces repetida que los finales de año son propicios para la reflexión y el balance, el momento de hacer cuentas y valorar nuestros logros y fracasos, los planes cumplidos o a medio cumplir, las metas alcanzadas o por alcanzar. Nos convertimos en nuestros propios jueces, valorando lo que hemos hecho o dejado de hacer, emitiendo sentencias íntimas que califican o descalifican nuestro proceder. Es casi una oportunidad para reconciliarnos con nosotros mismos.

El año que viene se anuncia como uno cargado de tensión y mucho riesgo. La gente suele llamarle “año político” (como si los demás años no lo fueran), por aquello de que es año electoral. Las elecciones se convierten en el tema central, el punto de agenda en torno al cual giran y se desarrollan todos los demás acontecimientos. Pero este año, el 2017, estará inevitablemente contaminado por un tema que puede resultar muy explosivo. Me refiero al continuismo político, disfrazado de reelección presidencial.

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El gobernante, empecinado en reciclarse de huésped a propietario de Casa Presidencial, se dispone a imponer su reelección a como dé lugar, violentando el orden jurídico y burlándose de las instituciones y el Estado de derecho. No habrá de escatimar esfuerzos para lograr su ambicioso objetivo. El poder, una vez más, se revela como una droga alucinante, capaz de trastocar el buen juicio de cualquiera y obnubilar su raciocinio. Es la demencia del poderoso, que cree tener una misión mesiánica para alcanzar metas fabulosas, vocación faraónica que nubla la mente y, por lo general, conduce al condenado hacia el fracaso. Es la metamorfosis del poder.

Pero el fracaso no es individual ni puramente personal. Antes, el obnubilado arrastra consigo a los demás, a los que le rodean y a los que le adversan. Conduce al país, con ceguera insólita, hacia el borde mismo del precipicio. No le importa, su mente está poseída por la idea del poder infinito, por el afán interminable del mando y la hegemonía. En su retorcido razonamiento, la continuidad de su mandato es casi una premisa divina, una derivación incontrolable de poderes tan superiores como incuestionables. Es casi la locura y la alucinación que se desprenden del ejercicio autoritario y arbitrario del poder público.

A su lado, en sumisión devota, un coro de incondicionales entona los cantos áulicos. Son los lambiscones palaciegos, que nunca faltan. Entre ellos, sobresalen los sabios municipales, los que se encargan de retorcer las leyes para dar sustento formal a sus argucias de leguleyos cagatintas. Más allá, en fila de espera, se alinean los legisladores, esos que se apodan entre sí “honorables” y aseguran ser los representantes de todos nosotros, inofensivos o indiferentes mortales que no somos capaces de impedir el sainete.

Así, en caravana siniestra, el país marcha hacia el encuentro con el nuevo año.

En el camino habrá de enfrentar obstáculos y encrucijadas, abismos y hondonadas, riesgos y peligros. Ojalá que logre sortearlos y pueda salir indemne de esta inútil y alocada travesía a la que nos empuja la demencia del poder y la ambición desmedida de unos cuantos.

Los ciudadanos no debemos permanecer indiferentes, a riesgo de quedar convertidos en obedientes y sumisos súbditos. Es la hora de la unidad para salirle al paso a la demencia e impedir el derrumbe final de las ya tambaleantes instituciones republicanas. La oposición ciudadana, más que puramente partidaria, debe ser lo que nunca debió dejar de ser: debe ser opción permanente, alternativa creadora, propuesta novedosa, si es que en verdad quiere ser instrumento de la transformación social y de la democracia política. En la Honduras actual, la oposición es opción o no es. Es unión o no es. Es decisión firme e irrenunciable o no es. Así de simple.

Ya lo ven, estimados lectores, al final de año uno siempre termina sucumbiendo ante la tentación del zahorí.

MOSCÚ, RUSIA

(Spútnik Mundo) El presidente de Rusia, Vladímir Putin, afirmó que Moscú no responderá de forma simétrica a Washington, que en la víspera anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos.

«Nos reservamos el derecho a tomar contramedidas, pero no bajaremos al nivel de diplomacia primitiva, irresponsable, y estudiaremos los pasos siguientes para restablecer las relaciones ruso-estadounidenses en función de la política que aplique la administración del presidente Donald Trump», señaló el mandatario ruso en una declaración difundida por el Kremlin.

Putin afirmó que «no vamos a crear problemas para diplomáticos estadounidenses».

«No expulsaremos a nadie», añadió. ¡Felicito al presidente electo Donald Trump y a todo el pueblo estadounidense! ¡Les deseo a todos bienestar y prosperidad!», dice la declaración presidencial.

Al comentar la decisión de Washington de expulsar a 35 diplomáticos rusos, Putin destacó que Moscú, a su vez, no va a prohibir a las familias y niños de los diplomáticos estadounidenses en Rusia visitar lugares de ocio durante las fiestas navideñas.

«Invito a todos los niños de los diplomáticos estadounidenses acreditados en Rusia a la fiesta infantil de Año Nuevo y Navidad en el Kremlin», dice el comunicado. El Departamento de Estado de EEUU anunció la expulsión de 35 diplomáticos rusos por su supuesta implicación en los ciberataques.

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El gobierno de Honduras no pudo controlar ni reducir la alta tasa de asesinatos cometidos en 2016, lamentó la especialista en balística y seguridad, Arabeska Sánchez.

Consideró la experta que hubo un considerable aumento en las extorsiones, femicidios, violencia sexual y otros, calificándolos como “un aumento en la tendencia de la violencia” que deja 2016.

Sánchez pidió que se evalúen cuáles son las falencias que se han presentado para prevenir la escalada criminal; si bien se ha reducido la tasa de homicidios hasta unos siete puntos anuales, pero la violencia provocada por el narcotráfico y delincuencia organizada no se ha podido controlar.

Las tendencias criminales como ocurrió en la década de 1980 y 1990, apuntó, se diversificaron, pues las organizaciones criminales incursionan en otros “rubros” y cuentan con mucha logística y recursos para proseguir con sus acciones mafiosas.

Mientras se realiza en Honduras el operativo denominado “Navidad segura”, añadió, “el crimen ejerce violencia selectiva, como vemos las ultimas masacres”.

En la actualidad, Honduras sigue siendo considerada una de las naciones más violentas del mundo, según organismos internaciones que han calificado como “epidemia” las tasas de muertos que suelen reportarse.

Confidencial HN