El poder de la malicia

(Por Romeo Vásquez Velásquez) El que un hombre de la estatura intelectual y jurídica como Edmundo Orellana Mercado haya escrito un artículo tan mezquino, anti literario y perversamente tendencioso es una muestra clara de que la inteligencia también se acaba y que muchos de los valores que adornaron a este famoso personaje están en retroceso. Su artículo, si es que puede llamársele así, titulado “Pobrecitos” debería llenarlo de vergüenza porque plasmó en él mucho rencor, parte de su ira mal contenida y, sobre todo, mucha malicia, esa espina de la Maldad que solo anida en corazones mezquinos.

Decir que la “Alianza Patriótica” siente lástima por los delincuentes a los que se les decomisa el fruto de sus crímenes es una “falacia preñada de insensatez”. Nosotros también deseamos erradicar la corrupción del país, castigar a los corruptos y recuperar en beneficio del pueblo lo que al pueblo le han robado. Por lo que sentimos lástima es por don Edmundo que, siendo abogado y notario, catedrático universitario, escritor de temas jurídicos, analista epónimo y sabio entre los juristas de Honduras, pretenda ignorar que la Ley de Privación Definitiva de Dominio de Bienes de Origen Ilícito”, tal y como está redactada actualmente, viola el debido proceso y viola el estado de inocencia del procesado, derechos garantizados en la Constitución de la República que tan bien conoce don Edmundo.

No vivimos en un sistema bárbaro donde se le corta la mano al ladrón, donde se ejecuta al delincuente y donde los Derechos Humanos son simple ciencia ficción. Vivimos en un Estado de Derecho en el que hasta el criminal más detestable, temible, cruel y repudiable, tiene derecho a que se le juzgue dentro de la Ley. Y eso no lo ignora Edmundo Orellana, aunque en su artículo parece presentarse ante Honduras como un íncubo del ojo por ojo y diente por diente.

Este honorable caballero llama a la “Alianza Patriótica” partido “protector de los corruptos”, lo cual es una calumnia que parece haber salido de una letrina que piensa y anda, y pretende minimizar las cinco estrellas de General de División que he llevado dignamente al decir que “lucí tan pequeño en un programa de televisión”.

Soy patriota, amo a Honduras y defiendo y defenderé siempre su Constitución y sus leyes. Y si considero que hay algo que corregir en una ley secundaria porque viola la Constitución de la República, haré todo lo que tenga que hacer para que se enmiende el error y la ley se aplique en su justa medida, garantizando a todos y todas sus derechos constitucionales.

En este punto, deseo consultar al señor abogado y catedrático acerca de un caso que conocí de primera mano. Un alto funcionario público viajó por el mundo entero con dinero del Estado, llevando siempre consigo una asistente, a la que en las Fuerzas Armadas llaman edecán; una asistente tan bella como una de esas modelos de Victoria Secret’s. Y con ella le dio la vuelta al planeta divirtiéndose, comprando regalos, comiendo caviar y tomando vinos carísimos, lo cual pagaba el Estado, por supuesto. ¿Cómo llamaría usted a esto, don Edmundo Orellana? ¿Será esto un vil y despreciable acto de corrupción? ¿Deben decomisarse las corbatas y los bikinis que compró este flamante funcionario público con dineros del pueblo?

Además, ¿qué tipo de delito debe imputársele al hombre de este caso?

Pero mientras el abogado Edmundo me hace llegar sus respuestas, protesto una vez más ante su artículo tendencioso, calumniador y ofensivo. No pretendemos salvar a los corruptos, deseamos para ellos todo el peso de la ley, y nuestra iniciativa no es vergonzosa, sino todo lo contrario: está diseñada para que el criminal sea castigado dentro de la Ley, sin violar la Constitución y afianzando el Estado de Derecho.

¡Qué fácil ha sido para don Edmundo escribir tanta injuria! ¡Qué poder ejerce en él la malicia! ¡Qué fácil ha sido para don Edmundo bajar del Olimpo de los juristas sabios al aroma del basurero! Sea justo, don Edmundo, sea digno del prestigio que le queda y explique bien por qué hay que violar la Constitución aplicando una ley que usted bien sabe que está incompleta y que debe corregirse, no para proteger delincuentes, sino para que nuestra justicia sea enérgica, correcta y justa.

Me siento orgulloso de mi Partido, un partido de nobles patriotas cansados del sistema que ustedes mismos han creado y me siento orgulloso de los diputados de la “Alianza Patriótica”. No somos una organización sospechosa y nuestra misión es defender la Constitución y las leyes, luchar por el desarrollo y el bienestar de nuestros compatriotas y esforzarnos por darle a Honduras nuevos tiempos de paz, de justicia social y de prosperidad sostenible. ¡Qué conste!

¡Dentro de la Ley, todo; fuera de la Ley, nada!

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