Monday, Aug 26, 2019
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¿Se agotó el diálogo?

(Por Edmundo Orellana) Así parece, luego del fracaso del diálogo bajo los auspicios de la ONU y de la instalación de la plataforma denominada Acción Ciudadana Contra la Dictadura (ACCD), conformada por militantes activos de todas las organizaciones políticas y sociales, cuyo propósito es luchar frontal y denodadamente para lograr una salida a la crisis política, motivando al pueblo hondureño a movilizarse con esa finalidad.

Libre, por su parte, anuncia la movilización de sus comandos insurreccionales y comienzan a salir de su cómoda posición de observadores complacientes los trabajadores y empresarios, manifestando su inconformidad con el gobierno y demandando decisiones y acciones que faciliten la salida de la crisis.

El Partido Liberal, cuya división interna se reflejaba en los desencuentros entre el CCEPL y la bancada, comienza el año anunciando que esos desencuentros han sido superados. El CCEPL y la bancada liberal, por primera vez en muchos años, se presentan unidos y se aprestan a enfrentar su primera prueba de fuego, las reformas electorales; condicionando su aprobación a la aceptación de la segunda vuelta electoral, sin la cual las demás reformas son simples retoques de maquillaje de un sistema electoral poroso y decadente, presa fácil de quien decide manipularlo, como ha sido costumbre, según lo admitido impúdicamente por los dirigentes políticos.

En este tema del Partido Liberal, es destacable la perseverancia del presidente del CCEPL en unir la autoridad y la bancada del Partido Liberal, sorteando las inevitables intrigas y conspiraciones internas, pero, especialmente, imponiéndose a la campaña mediática, impulsada desde el gobierno, para descalificar sus dichos y acciones, censurar sus participaciones públicas y, finalmente, vetando su participación en los medios de comunicación.

Ha resultado más hábil que los demás dirigentes, porque, contrario a lo que ocurre tradicionalmente, aplicó una táctica inusual en el político tradicional, enfrentar, frontalmente y sin darles cuartel, a sus adversarios internos, hasta lograr lo que hoy observamos. Es la misma táctica que, según dice Green (el de las 48 leyes del poder), aplicaba Roosevelt (el de la II Guerra), cuidando de disminuir la intensidad del ataque en el momento oportuno para lograr lo que se proponía.

Todo indica que los próximos días serán de agitación política a nivel nacional, con una oposición más fuerte y más próxima, aunque no siempre estará del mismo lado, según se deduce de las posiciones actuales.

Hay consenso en el cambio de timonel y también en la movilización popular. No la hay en las reformas electorales. Mientras el Partido Liberal y la sociedad exigen la modernización del sistema electoral, Libre se conforma con un representante en el Tribunal Supremo Electoral, oponiéndose a la profesionalización de este y dejando para después la segunda vuelta electoral. En este tema, Libre hace causa común con el Partido Nacional.

En la movilización popular coinciden, insisto, todas las fuerzas políticas de la oposición y la mayoría de los sectores sociales. La invitación a protestar sostenidamente en las calles, sin dar respiro a la dictadura, es unánime. Sin embargo, la movilización será conducida desde dos frentes, separadamente, sin perjuicio de que, en algún momento, haya una sola movilización, según se desprende de la invitación que formula la Acción Ciudadana contra la Dictadura, (ACCD), al señalar en su comunicado oficial lo siguiente: “Ante la necesidad de vivir en un estado de derecho, salir de la inconstitucionalidad y la profunda crisis instalada en el país, proponemos un pacto político consensuado entre los diversos sectores populares, sociales políticos y económicos para recuperar la patria”.

Se le ha complicado, sin duda, la situación al gobernante. La percepción general es que su situación es insostenible. Son tantos los factores que conspiran en su contra que la pregunta formulada en todos los ambientes es la misma: ¿cómo se sostiene? ¡Y aún no cumple un año de gobierno!

Lo que se avecina nadie puede vaticinarlo. Habrá mucha agitación cuya dirección nadie puede prever. Sin embargo, que se oriente hacia una salida conveniente para todos, depende del gobernante. Su salida incondicional es, según la oposición organizada, la única solución, para dar paso a la conformación de un gobierno de transición que inicie la restauración de la República y la instauración del estado de derecho.

El diálogo, entonces, sigue abierto.

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