Abusos

(Por: Edmundo Orellana) La retención y detención de la exfiscal Aldana al ingresar al país y su posterior expulsión hacia El Salvador, es una manifestación clara del autoritarismo que caracteriza a este gobierno y el comunicado oficial de la Secretaría de Seguridad una demostración incuestionable de que a la autoridad no le importa mentir descaradamente ni le preocupa la imagen que estos actos bochornosos proyectan hacia el exterior.

Con esta acción se demuestra, además, que las redes de corrupción ya no son exclusivamente nacionales. Se extienden a gran parte de Centroamérica y, vaya usted a saber, si más allá. La exfiscal es, sin duda, perseguida política de los corruptos de la región, empeñados en hacerle la vida imposible allí donde vaya, estrategia que se estrella en el temple de la señora, que, valientemente, se enfrenta, con una impresionante dignidad, a sus perseguidores, infundiéndoles temor y hasta provocándolos con la amenaza de una candidatura presidencial cuyo programa político es combatir sin piedad a los corruptos. Eso explica la conspiración en su contra.

Explica también la reacción de los uniformados que ejecutaron la retención y detención, quienes, según la exfiscal, estaban visiblemente nerviosos, pese a que exhibían sus armas; cobardía suprema, porque era una dama la detenida. Se descontrolaron y entraron en pánico en presencia de la exfiscal guatemalteca y terminaron, después de varias horas de interrogatorios y de retenerle sus documentos, disculpándose y rogándole que declarara por escrito que regresaba voluntariamente a El Salvador. Para justificar este cobarde atropello –que quedará en la impunidad–, un funcionario de migración declaró en TV que el mismo interrogatorio se aplicaba a todo visitante. No tienen vergüenza, ciertamente.

Con esta acción, el gobierno renuncia a las formas más elementales de la conducta oficial, porque solamente quien es consciente de que está por sobre la ley es capaz de ser tan arbitrario. Si se atrevieron a tanto con una extranjera de la relevancia de la exfiscal Aldana, ¿qué no harán con una persona común y corriente? Debemos estar advertidos de su inalterable disposición de ir contra quien sea y como sea. Que no nos extrañe, entonces, que recurran a las prácticas de los represores de la década de los 80, de quienes, la Policía, que resultó de la depuración, ha heredado su arbitrariedad y cobardía, porque aquellos capturaban y torturaban con el rostro cubierto y estos, según dijo la exfiscal, ocultaron su identificación oficial y se negaron a dar sus nombres; de esto, a los escuadrones de la muerte, torturadores y demás, solo es cuestión de tiempo.

Los corruptos están decididos a sabotear la candidatura de la exfiscal; de ahí, la orden de captura en su contra. Temen que forme equipo con Bukele, quien, desde su campaña, manifestó su rechazo a los gobiernos autoritarios y corruptos, y, en esa línea, ha declarado que, por esa razón, no invita a su toma de posesión a los gobernantes de Honduras y Nicaragua. Nadie se explica por qué no incluyó también al guatemalteco.

Que la orden de captura es parte de la persecución política en su contra, lo demuestra el hecho de que Interpol no libra las alertas respectivas, circunstancia que frustró, por no tener asidero legal, su captura por parte de la autoridad hondureña en Toncontín, que ya la daba por hecha. Persecución de la que también es víctima el jefe de la CICIG, cuya entrada está prohibida en Guatemala.

Y esto ocurre en el conocido como Triángulo Norte de Centroamérica, de donde, supuestamente, proviene la masiva migración de indocumentados hacia USA, entre cuyas causas, según el sanguíneo Trump, se destacan la corrupción de los gobiernos de los países de ese triángulo y su complacencia con el narcotráfico; sin embargo, fuera de esas acusaciones nada hace para fortalecer la lucha anticorrupción y evitar los ataques contra la CICIG y contra la exfiscal, pese a ser probados actores estelares en la lucha contra la corrupción. Lo mismo ocurre en Honduras, en donde la embajada gringa, haciendo caso omiso de las declaraciones trumpianas, elogia al gobierno, atribuyéndole grandes logros en la lucha contra el narcotráfico y la corrupción, mientras se muestra indiferente ante los feroces ataques contra la MACCIH, cuyo convenio constitutivo pronto expirará.

En conclusión, la lucha contra la corrupción pasa por su peor momento, perseguidos sus actores y amenazados los mecanismos anticorrupción de la ONU y de la OEA, sin que se atisbe desde el norte un gesto de decidido apoyo a su favor.

Mientras esto ocurre, la población catracha comienza a movilizarse al grito de ¡fuera JOH! La oposición, por su parte, no tiene oídos más que para el canto de sirena de sus candidaturas prematuras, preparándose para contender con el gobernante, que anda en campaña abierta para su tercer período, logrando, así, legitimar la usurpación.

En este contexto, habrá que preguntarse: ¿Qué futuro tiene la MACCIH?

Y usted distinguido lector, ¿qué opina?

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