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Al estilo de “Sodoma” y “Gomorra” veraneantes se vuelcan a playas y balnearios

Por: Juan Alfaro Posadas

La Semana Santa inició este Domingo de Ramos, 28 de marzo, que marca la entrada triunfal de Nuestro Señor Jesucristo a Jerusalén, Israel, montado en un burro, en señal de paz, amor y humildad, según relatan los cuatro evangelios canónicos.
Esa entrada triunfal de Jesús a la ciudad de Jerusalén, con procedencia del Monte de los Olivos, se materializa en los días previos a la última cena, iniciando con ello, su pasión y muerte.
Con lo anterior, queremos rememorar los tiempos en que Nuestro Señor Jesús luchó por los pobres y murió por ellos, en contraste con lo que se registra en esta temporada, donde la población se vuelca a las playas, balnearios y demás centros de recreación, olvidándose de las tradiciones cristianas.
En ese sentido, vemos que en plena pandemia del coronavirus, dichos centros de ocio, turismo y diversión han sido convertidos en lugares de desenfreno y todo tipo de placeres, al estilo de lo que ocurrió hace muchos siglos en
Sodoma y Gomorra, según la Biblia, fueron dos ciudades destruidas por Dios con fuego y azufre caídos del cielo, por sus pecados.
La expresión “Sodoma y Gomorra” se aplica, por extensión, a las cinco ciudades-Estado del valle de Sidim, en el mar Muerto (también llamado mar Salado): Sodoma, Gomorra, Admá, Zebolim y Bella (llamada asimismo Zoar).
Sin ninguna reflexión – acerca de las consecuencias que podría dejarnos el COVID-19 -, la mayoría de los veraneantes sueltan todas sus emociones y pasiones desenfrenadas en los centros turísticos.
Ya nos imaginamos la gran cantidad de personas que regresarán a sus casas contagiados del coronavirus, y enseguida transmitirán la enfermedad a sus familiares, por no guardar el distanciamiento social y las medidas de bioseguridad.
Aparte de ello, llegarán a dar de narices a los hospitales porque encontrarán abarrotadas las salas de COViD-19 y las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).
Y como si eso fuese poco, contaminarán a médicos, enfermeras, laboratoristas, camilleros, aseadoras, guardias y demás personal de salud, empujándolos hacia la muerte.
En realidad que es una irresponsabilidad la actitud de ese tipo de veraneantes, así como la del gobierno de la República que aún no ha adquirido las vacunas para inocular a toda la población, en tanto en el resto de Centroamérica, ya van con la segunda dosis.
La secretaria de Salud, Alba Consuelo Flores, había anunciado que para marzo de este año ya se contaría con las vacunas. Sin embargo, el jueves iniciamos abril, y no hay esperanza de la llegada de esos recursos inmunizantes.
A este régimen corrupto y vinculado al narcotráfico de Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA) ya no se le puede creer absolutamente nada. No es confiable, porque nos ha mentido un sinnúmero de veces, y como es frío, es capaz de seguirnos engañando.
Esta administración cachureca es una vergüenza, tanto a nivel nacional como en el resto del mundo. En consecuencia, lo único que nos queda, a los que somos responsables, es seguirnos cuidando con el uso permanente de la mascarilla, el gel de manos a base de alcohol al 70 por ciento, guardando el distanciamiento social de más de metro y medio, y evitar permanentemente las aglomeraciones.

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