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América Latina, ausente en las campañas por la Presidencia de EE.UU.

CIUDAD DE MÉXICO, MÉXICO  

(Spútnik) América Latina y el Caribe han estado ausentes en las campañas de Hillary Clinton y Donald Trump por la Casa Blanca, aparte de México y Cuba, y trazan enormes interrogantes sobre la futura política exterior de EEUU, dijo a Sputnik, el latinoamericanista Rodrigo Páez Montalbán.

Independientemente del resultado de los próximos comicios del 8 de noviembre, en el proceso electoral que llega a su fin «América Latina no ha existido en esta campaña, aparte de los temas de México y Cuba, que son en cierto modo asuntos domésticos para EEUU, el proceso ha sido centrado como nunca en las intimidades de los candidatos, temas de corrupción y escándalos que interesan al electorado», dijo el especialista  en estudios latinoamericanos y caribeños de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

«Con el predominio del morbo y de la política del espectáculo, como suelen ser las campañas en EEUU, la democracia estadounidense no ha mostrado su mejor cara», considera Páez Montalbán.

Subraya que «las excepciones de México y Cuba en gran parte se deben a que, históricamente, son parte de los problemas domésticos de EEUU y son tratados como temas especiales, aparte de la agenda de la política exterior hacia América Latina y el Caribe».

La agenda bilateral mexicana con EEUU tiene tres ejes: migración, seguridad fronteriza y narcotráfico, y fueron opacados por las amenazas de Trump de expulsar migrantes, construir el muro fronterizo y revertir los tratados de libre comercio: «La visita de Trump a México invitado por el presidente mexicano en forma precipitada, manejada en forma torpe, levantó por unas semanas su campaña política y el gobierno de México no quedó bien ni con Dios ni con el diablo», de manera que están por verse las consecuencias  del descontento expreso del oficialismo demócrata por ese episodio.

En cuanto a Cuba, «por razones geopolíticas, desde que el 17 de diciembre de 2014 se restablecieron las relaciones bilaterales, Trump se concentró en la promesa de abolir los acuerdos con La Habana — un tema del electorado republicano de La Florida; mientras que Obama hizo todo lo posible por dejar bien amarrado el proceso de normalización de la relación bilateral», tras medio siglo de conflicto, dice  el autor del libro «La paz posible; democracia y negociación en Centroamérica».

Sin embargo, aparte de esos dos países con una vinculación muy particular con EEUU, a lo largo de la campaña ni Clinton ni Trump se preocuparon por los graves acontecimientos en Centro y Sudamérica: «Ni sobre la denuncia de golpe institucional contra Dilma Rousseff en Brasil, ni la situación compleja en Venezuela, ni el proceso de paz para el fin de la guerra en Colombia, ni sobre la crisis humanitaria en Haití, que plantea un serio problema migratorio en ciernes».

En suma, lo que dejan las dos campañas de Clinton y Trump son «grandes interrogantes sobre los que realmente será la política de EEUU para América Latina».

«No sé hasta qué punto predomine la opinión de que los demócratas son mejores y más beneficiosos que los republicanos, como ocurre en la clase política mexicana, en la academia y en los movimientos sociales de todo tipo contra Trump», dice Páez Montalbán con escepticismo.

Apunta que «desgraciadamente en la campaña todo se ha centrado en la figura controvertida de Trump, que por muchos conceptos machistas, racistas y xenófobos son impresentables en toda América Latina». Tres interrogantes: migración, comercio y relaciones hemisféricas

Empero, no se conocen las posiciones de los aspirantes ante ninguno de los tres grandes problemas de América Latina: migraciones, comercio, y relaciones hemisféricas.

En primer lugar, sobre las migraciones, con o sin muro migratorio, es un problema muy grave, no solo con relación a México, sino con respecto a otros planes, como hacia el Triángulo del Norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador) ejecutado por el Gobierno de Barack Obama —a través del vicepresidente Joe Biden-, «pidiéndoles una serie de reformas políticas, económicas y financieras que sabemos que son muy difíciles de llevar a cabo», dice el investigador.

Esas reformas son la exigencia para repartir unos 2.000 millones de dólares que EEUU le ha prometido a esos países centroamericanos a raíz de la crisis humanitaria de los miles de niños migrantes solos, arrestados en la zona fronteriza sin adultos acompañantes.

Otra incógnita de republicanos y demócratas es su política hacia la enorme crisis humanitaria en Haití, agravada desde hace meses por un huracán, migrantes que viajan hacia Sudamérica —donde vivieron en Brasil como mano de obra para las obras del pasado Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos- y ahora suben hacia Norteamérica.

Esa ya no es la migración peligrosa que pasaba por las costas del Golfo de México y Tamaulipas, hacia Texas, sino van a la costa oeste (California): «Pero no se debe creer que con la señora Clinton habrá más benevolencia hacia los migrantes: hay que recordar que Obama, con todo y su reforma migratoria a favor de una amplia franja de inmigrantes que ya trabajan en EEUU —que el Congreso no ha aprobado por el veto republicano-, es el presidente qué más deportaciones ha ejecutado, aun sin muro». El dilema comercial

Un segundo tema que enfrentará la Casa Blanca, el mismo día del iniciar el nuevo mandato presidencial, es el del comercio con la región: «¿Qué va a pasar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con cualquiera de los dos que llegue a la casa Blanca?»

Tanto Clinton como Trump se refieren al TLCAN con discursos electorales: uno para suprimirlo como el «peor acuerdo firmado por EEUU», a fin de seducir a quienes piensan que se deben repatriar trabajos e inversiones a EEUU.

Y la otra, Clinton, se decanta «para reformularlo de cara a los electores indecisos, captados por los republicanos, sobre todo en los estados del sudoeste, que son claves para definir la elección presidencial, por su representación en el Colegio Electoral».

Además del TLCAN, está el caso del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP): «Obama tenía permiso para negociarlo por la vía libre de un ‘fast track’,  durante su presidencia; pero el Congreso lo tendría que aprobar en noviembre; y eso es casi imposible», considera el autor.

A pesar de que sobrevive poco tiempo el Congreso actual, todos los legisladores están orientados hacia las futuras composiciones y agendas de las cámaras alta y baja. «No hay tiempo político para aprobar un tratado comercial de esa magnitud», dice Páez Montalbán.

Basta mencionar, como ejemplo, el caso de Vietnam, que ya está dudando en su dilema entre EEUU y China, que ha sido excluida por Washington del pacto de esa enorme región. El misterio de la política hemisférica El tercer dilema es el que contiene más interrogantes: las relaciones hemisféricas.

Hay una crisis latente en la Organización de Estados Americanos (OEA), en sus órganos de derechos humanos (DDHH), una crisis financiera de sus instituciones, y las políticas en temas muy divisivos del secretario general, el uruguayo Luis Almagro, son más duras que las de su antecesor, el chileno José Miguel Insulza.

«Hay países de América Latina  que no están de acuerdo con la forma en que trabajan los organismos de la OEA, tales como la Comisión Interamericana de DDHH (CIDH)», dice el latinoamericanista. Finalmente, la región va a atravesar una recomposición del poder —que ya comenzó en Argentina, y Brasil- después de los procesos políticos electorales de 2017 y 2018, cuando se renueva una gran parte de los gobiernos en América Latina.

«¿Cuál será el peso de las alianzas regionales en la relación latinoamericana con EEUU, con el nuevo Mercosur, con la Unasur, con la Alianza de la Pacífico orientada al libre comercio?», se pregunta el autor. Es aquí donde surge el mayor cúmulo de interrogantes: «Ni Trump ni Clinton han dicho una idea clara sobre esos temas, el primero tiene una experiencia nula en ese terreno, y la exsecretaria de Estado no es muy paciente con los disensos».

Para ejemplificar ese punto, Páez Montalbán recuerda que en una reunión continental, cuando los países latinoamericanos aprobaron la invitación a Cuba para regresar a la OEA, Clinton se fue al día siguiente; o su postura ambigua ante el golpe de estado del Congreso contra el Manuel Zelaya en Honduras en 2009.

En suma, desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, EEUU no ha tenido una política exterior clara y sostenida hacia América Latina, y en las Cumbres de las Américas, la participación de EEUU ha sido muy limitada, como cuando Obama llegó a Panamá antes de coronar su nueva era con Cuba.

Pero ante las crisis como en Venezuela, Brasil y Argentina, no ha habido una política completa y comprensiva. Finalmente, una parte decisiva de la política hemisférica es la guerra contra el narcotráfico: «Los gobiernos latinoamericanos no entienden por qué invierten dinero y muertos en políticas antidrogas regionales, cuando en la mitad de los estados de EEUU ya se legaliza la venta de la marihuana para fines lúdicos», contrasta.

Además de la nueva composición del Congreso de EEUU, que es decisivo en estas políticas, «estos interrogantes en la relación continental pueden clarificarse solo en un lapso de año y medio o dos años, cuando dos terceras partes América Latina cuenten con nuevos gobiernos tras los próximas elecciones», puntualiza el investigador.

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