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Así se pide empleo en Honduras: trabajador besa el anillo al alcalde de El Progreso

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El alcalde de El Progreso, Alexander López Orellana, sí sabe qué es el poder y lo ejerce sin ser cuestionado. Ay de aquel que lo contradiga, cuestione o se atreva a desafiarlo. El despido será su condena perpetua…a menos que le pida perdón de rodillas cuan novio le pide matrimonio a su prometida.

Imágenes a las que tuvo acceso este periódico muestran el momento en el que un hombre, de mediana edad, se vio en la necesidad de arrodillarse al todopoderoso jefe de gobierno progreseño para pedirle que fuera recontratado como trabajador municipal.

En esta secuencia de fotografías, el individuo comienza agacharse mientras espera que López salga de su cómodo despacho, para sentirse halagado con la actitud plañidera que asume el desesperado padre de familia a fin de ser recontratado.

El sufrido caballero tiene que tragarse cualquier atisbo de orgullo o dignidad y opta por colocarse de rodillas, extender las manos para pedir a su Dios Orellana que no lo desampare y le dé la bendición de tener su plaza, volver a la burocracia local y ganar algo para satisfacer sus necesidades.

En su enésima toma de posesión, el funcionario aseguró y juró que se despojaría de colores políticos, se convertiría en un servidor público, y  que trabajaría en equipo con los regidores para el desarrollo del destruido municipio.

Comentarios de pasillo precisaron que el ofendido es hermano de un exalcalde y comentarista deportivo. Sólo él sabrá qué penurias está viviendo; nadie más que él sabrá si en su casa hace falta arroz y frijoles o si su esposa está enferma o si sus hijos no pueden acudir a la escuela o colegio.

Las visitas presenciaron el humillante espectáculo; vieron con asombro cómo el alcalde liberal hace una mueca de satisfacción al ver aquel hombre le clama por volver a su puesto a fin de tener un sueldo, ya sea mínimo o paupérrimo, y llevar comida a su casa.

El desempleo en el país es una realidad  de la  cual  más de un millón 200 mil personas no pueden escapar, y los que ya  ocupan un puesto de trabajo lo cuidan hasta el punto de hacer cualquier cosa  por mantenerlo y no sumarse a la crítica cifra.

 

 

 

 

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