Monday, Oct 14, 2019
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WASHINGTON, EE.UU.

(Vía Telemundo) El Departamento de Seguridad Nacional ha anunciado este jueves la extensión del Estatus de Protección Temporal para los inmigrantes de El Salvador y Nicaragua hasta el 2 de enero de 2020.

Esta prórroga temporal se debe a la decisión de una corte federal de California, que ha prohibido al Gobierno de Donald Trump eliminar, como había decidido, este estatus de protección para salvadoreños y nicaragüenses.

Si la decisión de la corte se conoce antes del 2 de enero de 2020, y falla a favor del Gobierno, la protección del TPS se extinguiría en las fechas previstas antes de la demanda judicial (el 2 de abril de 2019 para Nicaragua y el 9 de septiembre de 2019 para El Salvador). Si la decisión se conociera después de esas fechas, el TPS se extinguiría 120 días después de darse a conocer el fallo judicial.

El TPS beneficia a 2.500 nicaragüenses y 257.000 salvadoreños. También protege a 86.000 hondureños, que no se han visto afectados sin embargo por este proceso judicial; en su caso, el TPS expira también en enero de 2020.

(Por Eva Golinger*) «Venezuela es el país donde deberíamos hacer la guerra. Ellos tienen todo ese petróleo y están en nuestra puerta trasera».

Son las palabras del presidente Donald Trump en julio del 2017, durante una reunión privada con oficiales de inteligencia. Según el entonces encargado del Buró Federal de Investigaciones (FBI), Andrew McCabe, un oficial del FBI le informó, justo después de ese encuentro, que todos se sorprendieron cuando el mandatario desvió el tema central de la reunión, que era sobre Rusia, y comenzó a hablar sobre Venezuela.

McCabe relató que el mandatario estadounidense insistía en el asunto, diciendo: «No entiendo por qué no estamos considerando a Venezuela. ¿Por qué no estamos en guerra con Venezuela?».

No fue la única vez que Trump habló sobre una posible «guerra» con el país sudamericano. En agosto de ese año, preguntó a sus asesores principales, varias veces, sobre una opción militar para sacar al presidente Nicolás Maduro. Incluso, el 11 de agosto del 2017, un día después de conversar el tema con su entonces asesor de Seguridad Nacional, el general McMaster, el presidente estadounidense públicamente confesó a la prensa que estaba considerando una «opción militar». Sus comentarios dejaron a su entorno preocupado, y en seguida salieron a desmentir que existían planes para agredir militarmente a Venezuela.

Sin embargo, Trump ha repetido múltiples veces, desde entonces, que «todas las opciones están sobre la mesa» cuando se trata de Venezuela y que el objetivo de Washington es sacar a Maduro.

Según sus asesores, el presidente estadounidense considera que el país latinoamericano es diferente a los países de Oriente Medio donde Estados Unidos ha intervenido, como Afganistán, Irak o Siria. Para él, Venezuela es un país ‘occidental’, que debería ser ‘rico y desarrollado’. Y por supuesto está el tema petrolero. Trump dijo muchas veces durante su campaña presidencial que si hubiese estado en el poder, habría tomado el control de las reservas petroleras en Irak. «Al victorioso van las riquezas», dijo en septiembre del 2016, en un evento de campaña. «Uno de los beneficios que hubiésemos tenido si hubiéramos tomado el petróleo, es que el Estado Islámico no habría podido tomar el petróleo y utilizarlo para ellos mismos», comentó el mandatario el 7 de septiembre del 2016.

Incluso en el 2013, mucho antes de iniciar su campaña presidencial, Trump tuiteó: «No puedo creer que saliésemos de Irak sin el petróleo».

El presidente estadounidense no es el único de su equipo que tiene en la mira el petróleo venezolano (que, por cierto, son las reservas más grandes del planeta Tierra). Su actual asesor de Seguridad Nacional, el halcón de guerra John Bolton, quien fue arquitecto de la guerra en Irak, declaró en la cadena de televisión FOX Business: «Estamos en conversaciones con las principales corporaciones estadounidenses. Estamos buscando el mismo resultado… Habría una gran diferencia para la economía de Estados Unidos si las empresas petroleras estadounidenses pudieran realmente invertir y producir el petróleo en Venezuela».

Desde el 23 de enero del 2019, cuando el diputado y presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, se auto-proclamó ‘presidente interino’ de Venezuela, Trump ha sido el mandatario más persistente en su apoyo a la salida de Maduro y al reconocimiento de Guaidó como la figura escogida para liderar ‘un cambio de régimen’ en Venezuela.

Fue en febrero del 2017 cuando el lobby de la oposición venezolana y su principal ‘cheerleader’ en Estados Unidos, el senador republicano Marco Rubio, lograron cautivar el oído de Trump. Durante una reunión que Rubio había solicitado con el vicepresidente Mike Pence sobre el país sudamericano, en la cual estuvo acompañado por la esposa del líder opositor venezolano Leopoldo López, Lilian Tintori, Pence los llevó a la Oficina Oval para una breve introducción a Trump. Según cuentan fuentes con conocimiento directo del tema, fue un momento crucial que influyó sobre la postura del presidente estadounidense hacia Venezuela. La conversación con Tintori no había sido prevista, y el Departamento de Estado ni siquiera sabía de su presencia en la Casa Blanca. Todo había sido un plan de Marco Rubio y Pence, que ya tenían a Venezuela en la mira desde hace tiempo.

Aunque el mandatario estadounidense no sabía nada de Tintori o su esposo, Leopoldo López, a él le encantan las rubias, y sobre todo las que son de familias con dinero. Tintori es ambas cosas (su esposo Leopoldo se ha auto-descrito como miembro del ‘uno por ciento’ más rico de Venezuela). Después de una breve conversación, el flamante mandatario agarró su teléfono y pidió a uno de sus asistentes que tomara una foto para Twitter. Luego, Trump se la pasó a Marco Rubio para revisarla bien antes de publicarla.

El resultado fue la primera vez, desde la famosa foto entre la opositora venezolana María Corina Machado y George W. Bush en el 2004 (cuando intentaban sacar al presidente Hugo Chávez a través de un referendum revocatorio, que fracasó), en que un venezolano de la oposición lograba una foto –y un apoyo público– con el presidente de los Estados Unidos. El famoso tuit de Trump junto a Tintori, Pence y Rubio, el 15 de febrero de 2017, causó un revuelo en Venezuela: aplausos de la oposición, rechazos del gobierno y sus seguidores. Mientras el presidente Nicolás Maduro había solicitado múltiples reuniones oficiales con su homólogo estadounidense, sin respuesta, allí estaba una de las más públicas representantes de la oposición abrazada por Trump en la Casa Blanca.

No fue muy difícil para el líder republicano acomodarse con la oposición venezolana. Como él mismo ha afirmado, hay muchos venezolanos con dinero que son miembros de sus clubes de golf en el estado de Florida. En septiembre del 2018, Trump dijo durante una conferencia de prensa: «Tenemos a muchos venezolanos que viven en los Estados Unidos. Muchos viven en el área de Doral, en Miami. He podido conocerlos bien. Son buenas, buenas personas. Vamos a cuidar a esas personas».

Así, se afirma que en el fondo del apoyo del presidente estadounidense a la oposición venezolana hay una combinación de beneficio económico propio (dinero para sus negocios en Florida) y beneficio económico para el país, a través del petróleo venezolano.

Todo indica que Rubio, Pence y Bolton convencieron a Trump de que el cambio de régimen en Venezuela iba a ser una operación fácil y rápida. Cuando no pasó nada durante los días después de la ‘auto-proclamación’ de Guaidó y del reconocimiento por parte de Estados Unidos, el Gobierno de Trump aplicó más sanciones económicas a Venezuela, con la explícita y anunciada intención de dificultar la economía de la nación sudamericana. De esa manera, estaban seguros de que el sufrimiento del pueblo venezolano lo llevaría a rebelarse contra Maduro.

Cuando eso no funcionó, prepararon la próxima etapa de su plan. La entrada forzada de ‘asistencia humanitaria’ por las fronteras venezolanas con Colombia, Brasil y el Caribe. La ‘troika intervencionista’ (Rubio, Pence y Bolton, asesorados por el criminal de guerra Elliott Abrams) le aseguraron que esa vez sí iban a lograr su objetivo. Seguro que, al ver los camiones de la USAID con alimentos y productos higiénicos, y los barcos estadounidenses cargados de quién sabe qué, acercándose al territorio marítimo de su país, los militares venezolanos iban a rendirse del miedo y subordinarse a Guaidó y sus patrones estadounidenses.

No lograron el baño de sangre necesario para justificar una intervención militar, y los gobiernos de Colombia y Brasil se vacilaron en dar el permiso para utilizar sus territorios para lanzar alguna invasión a Venezuela. Un centenar de militares de bajos rangos desertaron y cruzaron la frontera hacia Brasil o Colombia, pero no fue nada como los miles que necesitaban para montar la insurrección contra Maduro.

Ni las Naciones Unidas ni la Organización de Estados Americanos (OEA) –y con la excepción de su flamante y obsesionado secretario general Luis Almagro– han apoyado acciones intervencionistas contra Venezuela. Por cierto, todos han abogado por una resolución pacífica a la crisis política y económica que vive el país sudamericano, a través del diálogo y las negociaciones con mediadores neutrales.

El mismo Grupo de Lima, que ha liderado las presiones y agresiones contra el gobierno de Nicolás Maduro durante los últimos años, no ha dado su apoyo a una intervención militar en Venezuela. Incluso, se declaró en contra de una acción militar o cualquier otra intervención forzosa.

Para el gobierno de EE.UU., eso es inaceptable. Después de una reunión del Grupo de Lima en Bogotá, con la presencia del vicepresidente Mike Pence, un funcionario estadounidense comentó que Estados Unidos no es parte del Grupo, y entonces, cualquier acción militar por parte de Washington no depende de ellos, depende de Trump.

Todos sabemos que al presidente estadounidense no le gusta perder. Sin embargo, ha puesto toda su ‘esperanza’ en una oposición venezolana con una historia de arrogancia y sobre-confianza, que acumula fracaso tras fracaso. La estrategia de Trump y su troika parece estar en una calle sin retorno. Y si Guaidó nunca logra imponerse como ‘presidente’ de Venezuela, con control sobre las instituciones del país y respaldo de las fuerzas armadas, ¿Trump reconocerá a Nicolás Maduro como presidente y levantará las sanciones? ¿O recurriría a una intervención militar en Venezuela para sacar a Maduro y su entorno, que probablemente resultaría en otra guerra sangrienta de Estados Unidos, causando la destrucción del país, caos y desestabilización en la región y un prolongado conflicto armado con innumerables muertos?

O aceptas el fracaso, o vas a la guerra. El prepotente de Trump no lo tiene fácil.

Como aconseja un dicho en inglés: ‘No pongas todos los huevos en una sola cesta’. Cuando caiga la cesta, te quedas si ningún huevo’.

*Periodista y analista estadounidense y venezolana.

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Las candidaturas prematuras no abonan en nada a la democracia de Honduras, alertó hoy el expresidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Augusto Aguilar.

Y es que con el lanzamiento de precandidaturas, entre ellas, del parlamentario de Libre, Jorge Cálix, se ha desatado una suerte de fiebre en la clase política, a pesar que el actual Ejecutivo apenas lleva un año (del sgundo mandato) al frente de la conducción del Estado.

Al respecto agregó que la legislación electoral ya establece parámetros respecto a las candidaturas a la presidencia, por lo que estos lanzamientos no están dentro de la norma.

Esta clase de acciones, acotó, sólo fomenta el divisionismo, sectarismo y conflictos de intereses dentro de los partidos constituidos, por lo que reafirmó que son contraproducentes.

Además, evidencia la indisciplina que hay dentro de las organizaciones políticas y refleja el «irrespeto» a las leyes de Honduras.

Hasta el momento, Cálix ha mostrado su intención de ir por la nominación oficial de Libre; el vicepresidente Ricardo Álvarez postergó hasta noviembre su intención de buscar la candidatura presidencial.

De hecho, ha provocado reacciones de reconocidos miembros de Libre como Juan Barahona, quien rechazó la iniciativa y reafirmó su respaldo a Manuel Zelaya y Xiomara Castro.