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(Por Óscar Marroquín) Que poco duró aquella farsa de las 16 cartas de libertad otorgadas a Rafael Leonardo Callejas por la sala de lo penal por los casos de corrupción que se le imputaban, no cabe duda que esto fue una patraña política para dejar en la impunidad a este nacionalista.

No obstante, Callejas decidió continuar en la senda delincuencial, solo que esta vez, enterró sus mugrientas uñas en la Federación Internacional de Futbol Asociado FIFA, pero para desgracia de este ampón la Corte Suprema de Justicia, la Sala de lo Penal, y su entrañable amigo Juan Orlando Hernández esta vez no podrán hacer nada para salvarlo.

Acostumbrado a la impunidad, el facineroso amigo de lo ajeno creyó tener el aval para continuar cometiendo nuevas fechorías sin que la justicia pudiera alcanzarlo, pero para su mala suerte las cosas no fueron así, internacionalmente la policía ya le seguía los pasos, solo era cuestión de tiempo y, ese momento llego aquel 3 de diciembre de 2015, después de esta fecha pasó de “honorable ex presidente” de Honduras a vulgar delincuente.
Sin mostrar vergüenza alguna, Rafael Callejas se declaró culpable ante la jueza norteamericana Pamela Chen de la Corte Federal de Brooklyn de los Estados Unidos; evidenciando con esto ser un delincuente peligroso.

Siendo las cosas así, cabe entonces pensar que el Partido Nacional cuenta en sus filas con peligrosos maleantes que delinquen nacional e internacionalmente, nuestra afirmación parte de una sola razón, si Rafael Callejas se declaró culpable entonces acepta ser un delincuente, lógico es pensar que el Partido Nacional tendría que haberlo expulsado, sin embargo, estos no han movido un solo dedo para sacar de sus filas a este facineroso.

Pero que se puede esperar de un partido transgresor de todo principio moral; si por moral entendemos que “es una palabra de origen latino, que proviene del término moris (“costumbre”). Se trata de un conjunto de creencias, costumbres, valores y normas de una persona o de un grupo social, que funciona como una guía para obrar. Es decir, la moral orienta acerca de que acciones son correctas (buenas) y cuales son incorrectas (malas)”.

¿Cuáles son las acciones que el Partido Nacional considera malas moralmente hablando como para expulsar a un militante?, quizá ninguna que comprenda la corrupción, el lavado de activos, el narcotráfico y otras tantas formas de delincuencia, es por esa razón que Rafael Callejas continua gozando de respaldo político por parte del Partido Nacional.

Por otra parte, es supremamente necesario traer a cuenta que el caso de Rafael Callejas no es algo que pueda verse como un hecho aislado; cuando apenas la notica del caso FIFAGATE comenzaba a diluirse en la opinión publica hondureña, otra cobraba fuerza en Honduras y el mundo entero, el hijo del ex presidente Porfirio Lobo Sosa curiosamente también nacionalista era capturado por la Administración Federal Antidrogas DEA de los Estados Unidos, acusado de traficar droga al interior de este país.

Al igual que Rafael Callejas, este narcotraficante, también acepto los cargos ante la jueza la jueza Lorna Schofield de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, por tanto, el axioma jurídico “a confesión de parte relevo de prueba” nos facilita señalar a este otro hondureño como un delincuente más que ha colocado a Honduras en una situación vergonzosa.

Afortunadamente, esto no es ninguna inventiva producto de la cabeza de algún político de oposición en contra del actual gobierno, es simplemente la realidad que desnuda por completo al Partido Nacional, ese mismo partido que ahora mismo pretende que su candidato Juan Orlando Hernández continúe por cuatro años más en la presidencia, esta aspiración no es una desfachatez política, es más bien la perversión política en todas sus formas.

Es imposible deslindar al Partido Nacional de estos dos casos aquí señalados, nuestra afirmación tiene como base el hecho de que Honduras ha sido en los últimos años el país por donde ha transitado el 80 por ciento de la droga con destino a EE. UU. Así lo dio a conocer el periódico digital ABC Internacional de España el día 12 de octubre de 2013; no obstante, el Departamento de Estado señaló recientemente que para el año 2016 el porcentaje de droga canalizada por Honduras no había sufrido disminución alguna.

La captura de Fabio Lobo es un elemento clave para sospechar que muchas otras integrantes del Partido Nacional podrían estar o haber estado directamente involucradas con la narco actividad, incluso altos funcionarios del mandato presidencial de Porfirio Lobo Sosa y, porque no decirlo, también del gobierno actual.

Por si todo lo anterior fuera poco para creer que Juan Orlando Hernández no tiene autoridad moral alguna para continuar en el poder, bastaría con recordar que fue precisamente él quien terminó por aceptar la gigantesca corrupción existente dentro de su gobierno, corrupción que, por supuesto ha sido impulsada por funcionarios públicos de confianza y, que obviamente son militantes activos del Partido Nacional.

En resumen, no existe duda alguna que el Partido Nacional se ha convertido en un verdadero nido de criminales que han colocado a Honduras internacionalmente en una situación deshonrosa. Además, siendo que el Partido Nacional es un nido de delincuentes, lo único que podemos esperar para las próximas elecciones, es que la delincuencia nacionalista esté preparando un nuevo fraude electoral para entronizar la corrupción, impunidad y el narcotráfico.

(Víctor Meza) Parece que ya es definitivo, el tiempo se esfuma y la voluntad sigue ausente: vamos a elecciones sin reforma electoral, es decir con las viejas reglas, los viejos procedimientos y, a lo mejor, las viejas trampas y zancadillas. En un escenario semejante, el partido de gobierno tiene muchas ventajas, casi todas las ventajas. La oposición, en cambio, ya sea a nivel de partido individual o a nivel de coalición de fuerzas políticas, tiene muchos obstáculos por delante y suficientes desventajas. Las ventajas del gobierno son las desventajas de la oposición.

En septiembre del año 2013, a punto ya de celebrar las elecciones generales que dieron el triunfo al actual gobernante, todos los partidos políticos firmaron un documento de compromiso con la delegación de observadores de la Unión Europea para realizar, inmediatamente después del proceso electoral, las reformas necesarias que dieran al sistema mayor transparencia y credibilidad pública. Se trataba de modernizar y democratizar el sistema político electoral del país. Han pasado cuatro años desde entonces y las reformas no se han llevado a cabo; los políticos firmantes incumplieron su palabra y engañaron a la comunidad cooperante internacional. Mintieron ayer, con el mismo cinismo que siguen mintiendo hoy.

La burla de los compromisos y la ausencia de ética en las cúpulas políticas que controlan el Congreso Nacional, una vez combinadas, fueron factores suficientes para impedir la reforma y conservar el mismo y ya desgastado y desprestigiado sistema electoral del país. Esas cúpulas políticas, enemigas de la modernidad y de la democracia, son y serán las responsables de lo que suceda a finales del próximo mes de noviembre. Su obstinación conservadora y su adhesión férrea al pasado y al fraude, son, entre otras, algunas de las razones inmediatas que impiden procesos electorales creíbles y aceptables.

La reforma electoral no se limita a un simple reparto de posiciones burocráticas en los organismos encargados de gestionar el proceso electoral, concretamente el Tribunal Supremo Electoral y el Registro Nacional de las Personas. No, esa reforma va y debe ir más allá, por supuesto. Debe apuntar a la democratización de todo el proceso para hacerlo más accesible y participativo, más transparente y legítimo. Entre más democrático y equitativo sea el proceso electoral, mayores y más permanentes serán sus niveles de credibilidad y aceptación pública. Y, en consecuencia, más sólidos y consistentes serán los pilares sobre los cuales se debe consolidar la democracia en Honduras.

Pero, para hacer la reforma, se necesita básicamente una firme voluntad reformista. Se necesitan líderes políticos convencidos de la necesidad de la reforma. Se requiere una nueva mentalidad, una visión de estadistas y vocación transformadora, deseos de modernidad y convicción democrática que, por lo visto, la mayoría de los actuales dirigentes políticos no tienen. Confunden su militancia política con la sabiduría política. Apelan a sus años de militancia como si fueran la mejor garantía de una supuesta convicción democrática y conocimiento profundo. No hay tales: la cultura política democrática no es algo que se adquiere así nomás, organizando fraudes y articulando trampas electorales, manipulando resultados y distorsionando la voluntad de los votantes. Esas son prácticas antidemocráticas y, por lo tanto, jamás podrán ser fuente de valores y principios democráticos. Menos para que sirvan como escuela de sabiduría y cultura política moderna.

La reforma del sistema electoral actual es una necesidad del propio sistema político predominante en Honduras, que, paradójicamente, la necesita para poder seguir siendo útil y funcional. Reformar algo para que el sistema no sucumba ni colapse. Pero los dirigentes políticos conservadores, sean del partido que sean, no parecen darse cuenta de esta simple verdad de Perogrullo. No acaban de entender que la reforma puede servir para prolongar un poco más sus gastados liderazgos, como tampoco entienden que sin reforma crean las condiciones para que los resultados electorales de noviembre carezcan de la credibilidad necesaria para ser aceptados tranquilamente por una población sumida en la duda y la desconfianza.

La reforma habría servido para bajar el nivel de crispación y debilitar la duda colectiva. Sin reforma, el escenario es otro: crece la desconfianza, aumentan las sospechas de fraude, se reafirma la voluntad triunfalista de los principales candidatos y, sobre todo, se genera un ambiente propicio para la confrontación y la crisis. Un escenario nada estimulante y cargado de amenazas y riesgos. Los políticos conservadores y mentirosos, los que incumplieron el compromiso de septiembre de 2013, son y serán los responsables si lo que hoy es apenas un conflicto legislativo, se convierte mañana en una crisis política nacional. Estamos advertidos.

MADRID, ESPAÑA  

(Spútnik) El número de personas que todavía permanecen hospitalizadas por los atentados en Cataluña es de 45, de las cuales siete se encuentran en estado crítico, según datos del Departamento de Salud del Gobierno catalán.

«En relación a las personas heridas en los atentados de Barcelona y Cambrils, en estos momentos quedan 45 personas ingresadas», comunicó este 23 de agosto el departamento gubernamental a través de un comunicado.

De acuerdo con el último balance, 40 de las personas que siguen ingresadas fueron heridas en el atropello masivo de Barcelona. De ellas, siete están en un estado crítico mientras que 10 están graves y otras 23 tienen una consideración menos grave.

En cuanto a los heridos de Cambrils, el Departamento de Salud detalló que de las cinco personas hospitalizadas por este ataque dos son consideradas graves y tres como menos graves.

En total, los ataques de Barcelona y Cambrils del pasado 17 de agosto —ambos reivindicados por Daesh (acrónimo árabe de Estado Islámico, proscrito en Rusia y otros países)— dejaron 15 muertos y 132 heridos.

Las víctimas mortales fueron ya identificadas, ofreciendo un balance de siete mujeres, seis hombres asesinados y dos niños.

En cuanto a la nacionalidad, tres de las víctimas son italianas, dos portuguesas, una belga, otra de EE UU, una de Canadá y la última de Australia con doble pasaporte británico.

En total, entre muertos y heridos, el ataque afectó a personas de 34 nacionalidades distintas.

Confidencial HN