HomeEconomíaBanco Asiatico de Inversiones se abre paso por América mientras Honduras sigue con recetas del Banco Mundial y FMI

Banco Asiatico de Inversiones se abre paso por América mientras Honduras sigue con recetas del Banco Mundial y FMI

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El surgimiento del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), creado en 2014 a iniciativa de China, vendrá a ser un contrapeso con relación a los tradicionales organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional cuyos intereses están alineados con las políticas de Washington con relación a los países en vías de desarrollo como Honduras.

La idea del nuevo organismo financiero internacional, cuya sede está en Pekín, es contrarrestar la influencia de estos entes al otorgar créditos a muy bajas tasas de interés, por lo que se convierte en una alternativa para los Estados que pretendan desmarcarse de las decisiones que tome la Casa Blanca sobre el acceso a fuentes de dinero para inversión en infraestructura.

Si bien Honduras podría acceder como miembro pleno no regional del BAII, junto a Bolivia, Chile, Perú y Venezuela, pero el Ejecutivo nacionalista -fuertemente proestadounidense- ha optado por seguir con las prácticas de chantaje que suelen aplicar tanto el FMI como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por lo que se traducen en aceptación a rajatabla de las recetas neoliberales que implican mayor empobrecimiento de la población.

¿Cuáles serían los beneficios de acceder al BAAI? En las vísperas de una fuerte crisis financiera mundial, el nuevo banco podría ser como una válvula de alivio a una alicaída economía nacional -cuya inversión extranjera cayó en el último semestre hasta 39 por ciento, según estimaciones del Banco Central de Honduras- ya que podría usarlos para infraestructura que permita dinamizar la producción local.

Sin embargo, la administración nacionalista no ve a China y su banco como socios estratégicos, ya que los compromisos con Washington son tan fuertes que prefieren seguir con las medidas tradicionales como recorte del gasto público e inversión social y la cesión de los bienes y recursos estatales a la iniciativa privada a sabiendas de que se estimula la concentración de capital en pocas manos y el fomento de la corrupción.

Según expertos, la incursión del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura vendrá a ayudar a América Latina y el Caribe en la ejecución de obras para el desarrollo.

«El BAII es una organización financiera multilateral cuyo objetivo fundamental es financiar proyectos de infraestructura para mejorar la conectividad y el desarrollo económico», dijeron los analistas Andrés De Nichilo, Martín Dukart, Cecilia Peralta y Nadia Radulovich, citados por la agencia china de noticias Xinhua. 

Los expertos explicaron que «el déficit de infraestructura en los países de Latinoamérica y el Caribe es evidente: los costos logísticos en América Latina y el Caribe oscilan entre el 18% y el 35% del valor final de los productos, comparado con el 8 por ciento en países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico)».

«La región debe modernizar su infraestructura y logística y reducir sus costos de transporte, o puede correr el riesgo de obstruir una mayor productividad y desarrollo», aseguraron.

«El BAII podría ser un actor de gran relevancia para la región en dos aspectos fundamentales: por un lado proporcionando el financiamiento de modo que la infraestructura local permita el desarrollo económico», explicaron los expertos a Xinhua.

La idea principal de Pekín de instalar el Banco Asiático es -según el economista cubano Ruvislei González- es hacer a un lado el papel que posee en el FMI y de afianzar su posición como proveedora de recursos financieros. «Es de destacar que el país promueve el otorgamiento de préstamos en su moneda doméstica con el objetivo de impulsar el comercio con las naciones favorecidas y promover el uso del yuan fuera de las fronteras, no solo con vistas a su internacionalización, sino como una vía para reducir el uso del dólar», explica el especialista.

Y es que el BAII se desmarca de las tradicionales recetas de los organismos financieros internacionales, como las medidas de carácter regresivo (aumento de la recaudación fiscal o paquetazos y masivas privatizaciones) «de suerte que sus créditos se volvieron mucho más atractivos en el Sudeste Asiático. Los proyectos de infraestructura, que serán financiados por el banco, estarán estrechamente vinculados con la economía china, con lo cual las ganancias económicas serán considerables para los países asiáticos».

Por su parte, el economista argentino Ulises Noyola, citado por Spútnik, apunta que la entidad financiera «el banco tiene la oportunidad de afianzar su presencia en los países del Sudeste Asiático, que sufrieron los programas del Fondo Monetario Internacional después de la crisis financiera asiática en la década de 1990. Cabe recordar que dichos programas implicaron la venta de numerosas empresas estatales, la privatización de servicios públicos y el empeoramiento de las condiciones de vida de los asiáticos, factores que ensombrecieron el esplendor de las economías asiáticas».

Estos créditos, en comparación a los del BM, FMI, BID y otros, facilitarán, al crearse una amplia red de producción, el pago de los préstamos por parte de los países receptores en un corto período, distribuyendo así una enorme riqueza entre los habitantes de Asia (y las regiones donde China tenga una enorme influencia)».

«Ante el creciente protagonismo de la moneda china, el poderío del dólar se vería debilitado como resultado del creciente número de instituciones financieras del primer mundo, que opten realizar sus transacciones financieras en yuanes. Todas estas transacciones denominadas en la moneda china crearía una fuerte conexión entre los centros financieros más importantes del mundo (Londres, Fráncfort, París, entre otros) y Hong Kong, que sería imposible de romper incluso para Estados Unidos», afirma Noyola.

Se pretende que este banco, que busca alcanzar una influencia global,  construya «una sólida confianza entre la comunidad financiera internacional, al cumplir con sus primeros pagos con sus acreedores internacionales, para que pueda financiarse después por medio de yuanes».

Si bien este análisis busca dar luces sobre cómo el Estado hondueño, en un futuro cercano y con un gobierno con una política exterior independiente a los intereses de la Casa Blanca, podría acceder al nuevo banco para conseguir préstamos baratos y condiciones preferenciales de pago, ya sea en dólares o yuanes, por lo que se abriría una ventana al desarrollo y dejaría en segundo plano las amargas recetas de los organismos internacionales que apenas han favorecido a una élite y ha servido para los intereses norteamericanos de dominación.

Desde luego, ese paso implicaría divorciarse de las infértiles relaciones que se mantienen con Taiwán y acercarse a Pekín como lo están logrando muchos países latinoamericanos que decidieron estrechar la mano del gigante asiático, ya sea bajo una visión geopolítica o por lazos de amistad que se traducirán en el mediano y largo plazo en obras que les ayudarán a beneficiar su economía en favor de la sociedad.

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