Carlos Gómez, ícono de nuestra identidad nacional

(Por: Filiberto Guevara Juárez) Precisa y misteriosamente, el 20 de julio, día en que se conmemora nuestra identidad nacional; en la madrugada de ese día del presente año, el corazón de Carlos Gómez, quizá el más grande folclorista que ha tenido Honduras; dejó de latir. Es entonces, que su espíritu cual ave que remonta el vuelo, se eleva sobre las agrestes y verdes montañas que tanto amó, para reencontrarse en lo ignoto con su ex maestro y también gran folclorista hondureño, Don Rafael Manzanares. Fue Don Rafael Manzanares (QDDG), el que puso su visión visionaria en aquel joven delgado y de espigada estatura, de apenas 13 años de edad, que se llamó: Carlos Gómez Genizzotti.

No se debe dudar que, desde esa temprana edad, nació en Carlos Gómez, ese sentimiento intenso y prolongado por las danzas folclóricas de nuestro país. Dicho sentimiento intenso y prolongado se convirtió en pasión, y hasta en un apostolado, tal como lo demuestra, sus 54 años dedicados a conformar 75 grupos de danzas folclóricas, que organizó y dirigió.

Según informes, “su valioso aporte a nuestra identidad nacional, lo demostró a lo largo de más de cinco décadas; en las que impartió más de 500 seminarios y cursos de danzas, llevando las danzas folclóricas de Honduras a los rincones más humildes del país y a los más importantes escenarios de Latinoamérica y EEUU”.

“Danzó en unas 400 ciudades a nivel nacional y aproximadamente 90 a nivel internacional, lo que le permitió extender su carrera como gestor cultural a la literatura sobre danzas, con la elaboración de trabajos y folletos”. La dedicación de toda una vida de apostolado por el arte y la cultura autóctona de nuestro país, lo hizo merecidamente acreedor en el año 2015, del Premio nacional de Artes “Pablo Zelaya Sierra”, otorgado por el gobierno de la república.

El 28 de junio de 2018, día de su cumpleaños 69, la ciudad de San Pedro Sula, en el marco de su feria juniana, le abrió sus puertas, para que en el Centro Cultural Sampedrano, recibiera su último homenaje en vida. Con su liderazgo, logró reunir a un grupo de sus ex alumnos de distintas décadas, e hizo su última presentación en esa noche del 28 de junio. Todo lo preparó concienzudamente, mediante ensayos previos, dónde él a pesar de sentirse delicado de salud, se esforzó al máximo para dar lo mejor de sí mismo. Así era el maestro Carlos Gómez, exigente consigo mismo y con los demás. Siempre buscaba la perfección en su manifestación artística. Les repetía a sus alumnos: “las cosas se hacen bien, y si no, mejor no hacerlas”. Fue un perfeccionista del arte del baile de danza folclórica y luchó por mantener la autenticidad de nuestras danzas folclóricas; hasta su última presentación del 28 de junio.

En su discurso de despedida dio gracias a Dios por haber recibido todos los honores en vida y como si presintiera su cercana muerte expresó: “ya puedo morir en paz”. Recordó a su ex maestro Rafael Manzanares y a su ex alumno y amigo, el profesor Mario Morazán (QDDG). Previamente decidió que su pareja de baile en esa noche fuera su ex alumna, la profesora Emma Lizeth Mejía. Cuya baja estatura, hizo un contraste perfecto con la alta estatura de Carlos Gómez, al bailar varias danzas, y en especial “el sueñito”, que lo caracterizó siempre. Ese grupo selecto de ex alumnos y amigos, lo llevó ese fin de semana a las bellas playas de la ciudad puerto, Tela, para que el mar azul fuente de vida, también sin aún saberlo sus amigos, le diera su despedida.

El maestro Carlos Gómez, ícono del folclore nacional, al partir de este mundo el 20 de julio, día de nuestra identidad nacional que tanto promovió en vida, no muere en la víspera; muere en el día en que Dios ya le tenía destinado; dejándonos todo un legado cultural y de amor patrio. En vida marcó a todos sus alumnos con la identidad nacional; pero con su muerte física lo selló para siempre.
El fallecimiento de Carlos Gómez en el día de nuestra identidad nacional, debe movernos a reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia personal, social y autorrealización.

Debe entenderse que toda autorrealización nace de la vinculación cada vez mayor con nuestro entorno social en la nación en que Dios nos permitió nacer. Primero están nuestros vínculos familiares, después nuestra vinculación social con amigos y compañeros y por último nuestra vinculación nacional, y en casos excepcionales, a nivel internacional. Así pues, no debe caber la menor duda, que Carlos Gómez, al convertirse en ícono de nuestra identidad nacional, se autorrealizó plenamente. Es por eso, que todo homenaje en vida y póstumo que se le dio adquiere un profundo significado.

Es quizá por eso, que en las más de 24 horas después de su deceso ex alumnos suyos y amigos que le apreciaron muchísimo, hicieron un alto en sus labores diarias, para ir a despedir al maestro, al amigo y a un excelente ciudadano de nuestra patria, Honduras.
Nuestra nación hondureña, necesita de más hijos como Carlos Gómez. Si cada uno de nosotros, hace lo que le corresponde, Honduras saldrá adelante como país, como Estado, como nación. Si el campesino, el obrero, el político, los profesionales…etc. Hacen bien lo que les corresponde hacer, sin lugar a dudas, esto hará que la nación hondureña adquiera identidad propia como nación y se desarrolle. Es por eso, que hondureños como Carlos Gómez, con su noble afán de identidad nacional y de hacer bien lo que nos corresponde; nos señala el sendero luminoso que debemos seguir como nación.

En paz descanse, el ícono del folclor nacional, Carlos Gómez Genizzotti.

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