Saturday, Aug 24, 2019
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(Por Ofraneh*)En el año de 1920 se inició en honduras la exploración petrolífera, cuando la compañía Honduras Petroleum Company perforó dos pozos en las cercanías de Omoa. Entre los años 60 y 80 del siglo pasado, 16 compañías efectuaron diferentes tipos de exploraciones, entre las que se encontraban Texaco, Chevron, Shell, y Union Oil. Los últimos trabajos de exploración fueron realizados por True Cambria entre 1989 a 1993 realizando perforaciones en la Moskitia.

En el año 2007, El Instituto de Geociencia Japex (IGJ) y la Secretaría de Recursos Naturales (SERNA) firmaron un acuerdo de cooperación para las exploraciones y posteriormente efectuaron un simposio en la ciudad de Houston, Texas, con el nombre de “Sí Hay Petróleo en Honduras¨, donde expusieron los resultados de los estudios elaborados por la compañía japonesa. El propósito del simposio era atraer compañías petroleras que invirtieran en la exploración y explotación.

Posteriormente, Noruegan Petroleum Geo-Services (PGS), inició en el 2009 estudios sísmicos de 2,500 kms del fondo del mar en la plataforma continental, utilizando el barco Falcon Explorer. En marzo del mismo año el ministro de Serna, Tomás vaquero informó que cuatro compañías tenían interés de explotar el petróleo en Honduras: Chevron, Pemex, Petrobras y PDVSA.

Después del golpe de estado de junio de año 2009 y la posterior elecciones espurias efectuadas en noviembre del mismo año; la licitación que se venía dando fue suspendida ante el cambio de actores políticos. Para algunos analistas, el golpe de estado fue suscitado entre otros motivos por los hidrocarburos y la pretensión de Petrobras y PDVSA en explotar los yacimientos en la plataforma marítima.

El 8 de febrero del 2011, la administración de Porfirio Lobo, vía decreto PCM-007-2011, suspendió todas las actividades de exploración de petróleo, argumentando que Honduras requiere de una nueva Ley de Hidrocarburos. Un año después apareció el otrora asesor presidencial Roberto Cáceres y actual Comisionado de los Derechos Humanos, en un programa de televisión anunciando el posible acuerdo con la Empresa Británica para la exploración y futura explotación de hidrocarburos en 35,000 km2 de la zona económica exclusiva frente a la Mosquitia.

La Secretaría de Recursos Naturales (Serna) envió una nota a nuestra organización de fecha 5 de agosto del 2013, con el propósito de iniciar la supuesta socialización a la cual denominaron consulta. Previamente el 27 de mayo del mismo año, Serna hizo público el contrato con BG, el que fue aprobado por el Congreso Nacional a matacaballo el 15 de agosto.

La compañía Shell adquirió a BG en febrero de 2016 por us $53 billones y para el pasado 15 de agosto, Shell anunció el inicio de las perforaciones en la plataforma continental, asumiendo el trabajo de exploración iniciado por BG.

La empresa angloholandesa Shell tiene una terrible reputación en materia de derechos humanos tras haber destruido el delta del río Niger, en Nigeria. Shell fue señalada como coopartícipe en elasesinato del poeta y lider Ogoni, Ken Saro Wiia, el que fue ejecutado por la dictadura de Sani Abacha en 1995, con ocho compañeros Ogoni a instancias de la Shell. Además la compañía ha sido señalada por contribuir económicamente a grupos armados que se han dedicado al exterminio de opositores a la explotación petrolera.

El delta del Níger se ha convertido en un desastre ecológico sin igual, donde los derrames de petróleo crudo y la quema del gas natural en los pozos, han convertido un paraíso en un infierno. Hasta la fecha la Shell y otras empresas que explotan los hidrocarburos en Nigeria persisten en utilizar técnicas obsoletas. A pesar de ser ilegal la quema de gas, en el 2007 existían 117 lugares en el delta donde se continuaba con la destructiva técnica.

En el delta habitan más de 31 millón de personas, que no han recibido ningún beneficio de la explotación petrolera, más allá de la destrucción de su hábitat. Desde 1958 Shell ha venido explotando 50 campos de petróleo los que cuentan una red de 5,000 km de oleoductos. Como reacción a las atrocidades, los Ogoni respondieron creando un frente guerrillero denominado MEND, el que después de llegar a un pacto desmovilizó 15,000 combatientes en el año 2011.

La compañía que ahora veremos en Honduras dedicarse a la exploración en alta mar y en un futuro no muy lejano en tierra firme, ha dejado un legado de asesinatos, violaciones a los derechos humanos y destrucción ambiental en África. Teniendo en cuenta el actual régimen que “gobierna” a Honduras es de esperar que clonen en Centroamérica el desastre del Níger.

El poeta Ken Saro Wiwa antes de ser fusilado señaló: “La guerra ecológica que la Compañía ha librado en el delta será cuestionada tarde que temprano y crímenes de guerra que será debidamente sancionados”. Para el pueblo Garifuna, los cuales habitamos una de las trincheras del cambio climático, el arribo de Shell, se convierte en otra amenaza más de muerte para nuestro pueblo y nuestra cultura.

*Organización Fraternal Negra Hondureña, (Ofraneh).

(Por Patricia Lee Wynne*) En la cumbre del G20 en China, el 4 y 5 de septiembre, los líderes mundiales hablarán de la salud de la economía mundial. Analizarán si el crecimiento será mayor o menor en 2017, si aumentarán los tipos de interés en EEUU, si China crecerá un punto más o menos. ¿Serán conscientes de la declinación irreversible del sistema mundial que representan?

Importantes teóricos han predicho en los últimos años que nos acercamos al fin del capitalismo como sistema mundial. El más conocido es el sociólogo Immanuel Wallerstein, quien afirma, en su último libro, ‘¿Tiene futuro el capitalismo?’, que se ha llegado a un punto en el cual el sistema mundial se ha movido muy lejos del equilibrio, se ha vuelto caótico y ya no puede sobrevivir.

Para Wallerstein, en las próximas dos o tres décadas, la cuestión ya no es de qué manera los gobiernos pueden reformar el sistema capitalista. «No hay ninguna posibilidad de hacerlo. La pregunta es qué va a reemplazar a este sistema», afirma.

El hecho fundamental es la declinación definitiva de la hegemonía de los Estados Unido, afirmación confirmada por los datos empíricos. El medidor clave para analizar el futuro de una economía es el crecimiento de la productividad, y en Estados Unidos, donde todo sucede primero, la caída de la productividad es la más grave de los últimos 30 años: en 2015 solo creció un 0,3%, y este año solo aumentaría 0,2%. Desde la posguerra hasta los años 70, la productividad creció a un ritmo del 3% anual, entre los 70 y los 90, cayó a la mitad, y ahora se licuó.

Para el especialista argentino Jorge Castro, la razón del «virtual derrumbe de la eficacia productiva norteamericana» es la caída estructural de su capacidad innovadora: menos empresas nuevas, reducción de la fuerza de trabajo y crecimiento de la pobreza, que alcanza al 15% de la población, lo cual dificulta la asimilación de los inventos y el progreso educativo, según escribe en su columna dominical del diario Clarín de Buenos Aires.

El otro aspecto es la reducción cada vez mayor de la clase trabajadora industrial estadounidense, la base de la generación de la riqueza. Esta caída es producto no solo de las innovaciones tecnológicas y la destrucción de puestos de trabajo, sino del aumento de la mortalidad, debido al suicidio, las drogas y el alcohol: mientras que la mortalidad en general cayó un 2% en los últimos 20 años del siglo pasado, la de la clase trabajadora industrial blanca de entre 45 y 54 años, aumentó el 0,5% anual.

La fuerza industrial cayó de 17 millones a 11 millones de trabajadores en los últimos 15 años, lo que explicaría el éxito de Donald Trump en los sectores más maltratados de la clase trabajadora blanca, pues propone una economía más proteccionista, contra los inmigrantes y los tratados de libre comercio. Un fenómeno similar al triunfo del Brexit, gracias al voto de los trabajadores ingleses más afectados por la crisis.

El desplazamiento de la fuerza de trabajo por la técnica y los robots no solo afecta a la clase obrera industrial: ahora el avance de la computación y la tecnología de la información va por la clase media y los sectores de servicios.

Según el investigador Randall Collins, la tecnología de la información ha iniciado la segunda gran era de contracción de la fuerza de trabajo, pero, mientras que llevó dos siglos desplazar a la clase obrera, la sustitución de la clase media por la tecnología lleva dos décadas y avanza a pasos agigantados.

Cuando las computadoras reemplacen a los vendedores en los supermercados, a los empleados bancarios y hasta a los gerentes, los estados se verán obligados a aumentar el empleo público y los subsidios al desempleo, haciendo sucumbir los presupuestos estatales. Este proceso, llevado a su extremo —Collins habla de tasas del 50 al 70% de desocupación en 2050—, es lo que llevaría a la crisis terminal del capitalismo.

La otra cara del mismo fenómeno es el enorme salto de la desigualdad social. En Estados Unidos, los ingresos del 1% más alto aumentaron el 3,4% anual desde 1973, mientras que, para el resto, crecieron 10 veces menos. Según datos de la Universidad de Harvard, la concentración de la riqueza ha reducido un 20% el crecimiento de EEUU en las últimas cuatro décadas.

Muchos han creído ver en China, el anfitrión del G20, la tabla salvadora del capitalismo mundial. Pero el gigante asiático se aproxima a su inevitable desinfle. Si bien su crecimiento es envidiable en relación con el resto del mundo —6,4% en 2015—, este es menos de la mitad del de 2007 y el más bajo en 25 años.

Pero lo más grave es que se ha creado una burbuja de crédito público y privado, que representa el 280% del PBI y que crece dos veces más rápido que la economía, mientras que los préstamos incobrables son el 20%, equivalente a más de la mitad del PBI.

Con enormes inversiones en infraestructura y construcción, en la actualidad muchos caminos, trenes, vías y edificaciones se encuentran sin uso. Los desequilibrios de la China —que representa el 17% de la economía mundial— enviarán marejadas de inestabilidad a todo el mundo, especialmente a nuestros países, que viven de vender materias primas al gigante asiático.

De esta manera, la hipótesis de que China suplante a Estados Unidos como potencia económica mundial que permita superar las trabas congénitas del capitalismo, no parece sustentable.

Si es cierto que hemos llegado a un punto de crisis estructural y sin salida, ¿cuándo será el final? ¿En 2030? ¿En 2050? ¿En 2100? La ciencia no puede predecirlo, porque no es un resultado ineluctable, sino que depende de las acciones de los hombres.

No sabemos si iremos hacia un mundo más justo o hacia la jungla de la destrucción. Pero el pronóstico es el mismo. En la cumbre del G20, ¿se harán estas preguntas los líderes de las grandes potencias capitalistas, Barack Obama, Angela Merkel, Francois Hollande y Theresa May?

*Analista internacional y jefa de Redacción de la agencia Spútnik Mundo.

(Por Edgar Soriano Ortiz) La llamada “democracia” liberal-nacional como organización estatal de los denominados Estado nación “modernos” de la era post revolución francesa (1789) ha llevado a la humanidad por los senderos de la desigualdad y la instauración de verdaderas dictaduras de mercado, pese a que siempre se ha hablado de sus “beneficios”, aun en los primeros 70 años del siglo XX en que se comentaba en los distintos círculos políticos e intelectuales europeos y norteamericanos sobre los pasos para fortalecer una institucionalidad garante de igualdades.

En el caso de América latina y el Caribe, como de otras regiones del planeta, la desigualdad seguía siendo una historia pétrea, la que el historiador Eric Hobsbwam conoció a partir de la década de 1970 y que le permitió profundizar en sus estudios vitales para comprender las naciones contemporáneas; así como su “corta historia del siglo XX” (1994).

Y, en tiempos neoliberales contemporáneos la desigualdad reviste de engaños mediáticos y represión institucionalizada, con la astucia del dinero y la incertidumbre de la explotación mediante formas, cadenas invisibles, de “esclavitud voluntaria” (J.P. Durand, 2011) y procesos organizados de extractivismo de recursos. La voz digna y practica luchadora de Berta Cáceres es desvirtuada en el escenario de la hipocresía embellecida por la prensa que engulle la dignidad para volverla una farsa completa, tanto aprendería Cervantes y Lope de Vega de tal gigantesco molino de historietas para crédulos e incrédulos.

Tal como lo ha planteado el polaco Zygmunt Buaman esa palabra “democracia” ha sido una perenne víctima del orden establecido, donde las mayorías poblacionales viven enajenadas por las “ficciones” mediáticas inmediatistas. La metáfora de la eterna espera de Vladimir y Estragón personajes de la obra teatral “Esperando a Godot”(1952) del dramaturgo Samuel Becket puede aplicarse a la idea de esperar la llegada de la construcción de una “democracia” que garantice los derechos inclusivos de la ciudadanía ante un verdadero déficit histórico, premiado por el autoritarismo y la desigualdad social.

La nación hondureña ha estado sujeta a relaciones socio-políticas marcadas por la violencia y el fraude en la elección de gobernantes. Las ansias de las clases medias, minoritarias por cierto, por tener un “democracia liberal” ha sido un imposible frente a su mismo acomodamiento y frente a la antañona lógica del caciquismo local. Además, que la corrupción y las componendas en el manejo de la institucionalidad convirtió las relaciones socio-políticas en formas de padrinazgo donde interactúan todos los sectores sociales.

La gran pregunta es ¿llegará la democracia liberal a Honduras? La respuesta parece estar en la metafórica espera de Becket, sin conciencia filosófica, pero con imaginarios colectivos que seguirán su curso en la construcción de cultura de vivencias al seno de los cerros de historia represiva y repartos elitistas. La carencia de significados frente a discursos políticos y el “conformismo” de las migajas a lo que se ven obligados por sus condiciones las mayorías poblacionales hondureñas –tal como los mendigos esperanzados pero agotados, Vladimir y Estragón- son la escena de una teatralidad marcada por las decadentes relaciones socio-políticas excluyentes y carentes de soberanía, donde el fanatismo acelera el miedo y las vagas esperanzas…

*Historiador hondureño