Thursday, Nov 21, 2019
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(Por Edmundo Orellana) El gobernante lanzó una tesis en la Asamblea de Naciones Unidas por la que pretende cambiar el concepto y los alcances de los Derechos Humanos, (DDHH), y, por consiguiente, las reglas que los regulan.

Desde su perspectiva, el Estado no es el único obligado a respetar los DDHH también están obligadas las maras, cárteles de la droga y toda organización criminal.

En el escenario que se planteó, así como en la academia, es inobjetable que el obligado a respetar los DD HH es el Estado, porque la Constitución y los tratados internacionales le imponen el compromiso de garantizarlos y promoverlos. Esa es su razón de ser.

Nuestra Constitución, respondiendo a esa concepción, claramente dispone que “la persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado. Todos tienen la obligación de respetarla y protegerla. La dignidad humana es inviolable”. Asimismo, que el Estado está constituido para “asegurar a sus habitantes el goce de la justicia, la cultura y el bienestar económico y social”. Y para rematar, nos ofrece una lista, explícita e implícita, de derechos que el Estado debe garantizar, proteger y respetar.

El Estado es una estructura para ejercer el poder, es cierto. Pero su única justificación es ejercer el poder para servir a la persona humana y a la sociedad. Entre estos servicios se destaca la seguridad personal, la pública y la jurídica.

La seguridad jurídica garantiza que todos seamos tratados como iguales, que la autoridad se apegue a la ley en cualquier circunstancia, que se expongan prolijamente los antecedentes, hechos y fundamentos que motivan las decisiones y, en el caso de que sea necesario separarse de los precedentes, se explique las razones. Si la autoridad detiene sin orden judicial, si recluye al detenido en centros no autorizados para ello, si lo somete a condiciones que ofendan la dignidad personal, se violan los DD HH; igualmente, si juzga sin seguir el debido proceso o si decide sin motivar la decisión.

Pero también viola los DDHH cuando renuncia a su deber de proteger a la población de las organizaciones criminales. Ese fue el caso –y por décadas– de las secciones territoriales que el Estado cedió a los capos de la droga, desde el occidente hasta el departamento de Gracias a Dios. Durante mucho tiempo, las personas que habitaban en sus áreas de influencia, estuvieron sometidas al régimen impuesto por esos criminales.

También los viola cuando las familias son desplazadas violentamente de sus hogares por las maras, porque estos desplazamientos forzados ocurren por la incapacidad estatal de proteger las familias. La extorsión de que son víctimas los comerciantes por esas organizaciones criminales es igualmente imputable a la ausencia de seguridad.

Viola el derecho de los niños a un futuro de calidad, cuando no prioriza en sus programas sociales atenciones especiales en educación, salud, etc., hacia las familias en situación de vulnerabilidad y, especialmente, a los niños, quienes, por esa falta de atención estatal, se convierten en la principal fuente de recursos humanos para las maras. Los mareros son producto de la negligencia estatal en promover el desarrollo económico y social del país.

Los cárteles de la droga y demás organizaciones criminales crecen al amparo de la autoridad. Si no hubiese quien, desde el poder, facilitase las actividades criminales de esas organizaciones, no se desarrollarían o se mantendrían a niveles muy bajos.

Cuando “Los Cachiros” declaran en las cortes federales de los gringos que los altos mandos de la Policía estaban a su servicio para actuar como sicarios y para facilitarles el trasiego de la droga, están señalando al verdadero responsable. Al Estado.

El crimen organizado y esas organizaciones criminales existen para delinquir. No se les puede reconocer, entonces, el estatus de “garantes de los Derechos Humanos”, porque el único que ostenta tal carácter –según el sistema nacional, interamericano e internacional– es el Estado y, por ello, es el único que, eventualmente, los puede violar y al que se puede requerir por esa violación. Los criminales son eso, criminales, nada más.

Habría que cambiar de raíz, entonces, el sistema de Derechos Humanos, de aceptarse la tesis del gobernante, quien seguramente prevé en su diseño que la CIDH conozca de las violaciones a los DDHH perpetradas por esos criminales.

La inseguridad que vive el país y la violencia que provocan las maras, cárteles de la droga y demás organizaciones criminales, constituye, sin duda, violación a los DDHH, pero imputable al Estado, por su incapacidad de imponer el orden y la seguridad en el país.

(Por Alfredo Jalife-Rahme) Existe un asombroso parecido entre los militares Bolsonaro y Pinochet debido a su común denominador neoliberal monetarista que encarna Paulo Guedes, un ‘Chicago boy’ pupilo de Milton Friedman y candidato a secretario de Economía con el puntero a la presidencia de Brasil.

Un problema grave: Guedes tiene ya su primer escándalo de corrupción a cuestas.

No todo está dicho y falta mucho a tres semanas de la segunda vuelta de las elecciones. La revista ‘Veja realizó la primera encuesta en la que Bolsonaro, de 63 años, aventaja con 54% a Haddad que ostenta 46%. No es mucho.

A como estuvieron los apabullantes resultados en la primera vuelta, ocho puntos no son tan determinantes y se pueden operar vuelcos espectaculares.

Han empezado los realineamientos y el PSDB, uno de los partidos más tradicionales que gobernó entre 1995 y 2002 con el polémico Fernando Henrique Cardoso, anunció que no apoyará a Bolsonaro: «Ninguno de los dos es de mi agrado, pero Bolsonaro está excluido».

No se elimina la probabilidad de que Cardoso negocie tras bambalinas con Haddad. Ciro Gomes, quien obtuvo un nada despreciable 12,5%, se pronunció por Haddad.

Encuestas van y vienen y es evidente que cada una exhibirá sus intereses corporativos, pero, a como apuntan las cosas, la diferencia entre Bolsonaro y Haddad se estrechará mucho más de lo que fue la primera vuelta cuando la diferencia fue de un aplastante 18%, mientras que ahora un 8% de amplitud no es nada desdeñable y aquí operarán las maquinarias electorales a todo lo que dan, en donde tampoco hay que subestimar la experiencia del PT frente al exiguo Partido Social Liberal de Bolsonaro que apenas tenía 9 asientos en el Parlamento.

El militar de reserva Bolsonaro es un fenómeno real del momento inédito y catastrófico por el que atraviesa Brasil, mientras que Haddad, un académico marxista de 55 años, es el clásico ‘apparatchik’ de un partido desprestigiado por el Gólgota de la carga del poder.

Haddad se ha desviado al centro y su secreto radicará en alejarse lo más posible de la anticarismática Dilma Rousseff —que no solamente perdió el escaño senatorial en Minas Gerais, sino que fue humillada en un cuarto lugar— y acercarse cada vez más a su mentor Lula, quien sigue siendo el político más popular de Brasil, aún detrás de las rejas.

En una entrevista a Jornal Nacional, Haddad prometió en forma demagógica disminuir los impuestos «para que quien sustente el Estado no sean los pobres», mientras favorece la creación de nuevos bancos para disminuir los intereses estrafalarios de la plutocrática y usurera banca brasileña».

Muchos medios en forma poco rigorista se han precipitado en comparar el fenómeno Bolsonaro con un ‘Trump tropical’.

Otros más imaginativos, como el ‘think tank’ estadunidense Foreign Policy lo comparan con Goebbels más que con Berlusconi (quien es más mafioso que militar): «El líder brasileño de extrema derecha no es otro populista conservador. Su campaña de propaganda ha tomado una página directamente del manual nazi».

Guste o disguste, existe un gran sector en el electorado brasileño que acepta la idea de Bolsonaro de aniquilar a los criminales en forma sumaria sin tener que ser enjuiciados.

Bolsonaro ha llegado a proponer la militarización de la pobreza y tilda a los refugiados de Haití, África y Oriente Medio como la ‘escoria (sic) de la humanidad’, mientras califica a los indígenas brasileños de ‘parásitos’.

Foreign Policy comenta que Bolsonaro bendice implícitamente la posibilidad de un golpe de Estado: «Apoya el legado de las dictaduras de Latinoamérica y sus guerras sucias, y es un admirador del general chileno Augusto Pinochet».

Para Bolsonaro, la izquierda en general y, en particular, el Partido del Trabajo, inmerso en escándalos sulfurosos, representan la ‘venezolanización’ de la política.
En forma impactante, Foreign Policy informa que Bolsonaro es aconsejado nada menos que por Steve Bannon, el legendario ideólogo del Trumpismo.

El anuncio de que Bannon apoya a Bolsonaro fue hecho por su hijo y congresista Eduardo.

En estos momentos, Bannon promueve el surgimiento de los movimientos de extrema derecha en Europa y Ha definido a Italia como el centro de su renacimiento.

Bolsonaro es un connotado sinófobo, lo cual fascina a Bannon, quien es el halcón de la ‘guerra comercial’ con China.

Sea lo que fuere, los debates entre Bolsonaro y Haddad serán electrificantes.

Hasta ahora Bolsonaro ha evitado, en forma hábil, el debate con su contrincante con el pretexto, justificado, de haber sufrido un atentado, que curiosamente lo victimizó y lo catapultó a la estratósfera encontrándose a un paso de arrancar la presidencia salvo que se de el milagro de una sinergia de Haddad con Lula.

A todas luces, en términos políticos racionales —por los que justamente no pasa para nada Brasil—, el programa de Haddad y el PT son más coherentes y congruentes.
El problema del académico marxista Haddad es que no ha alcanzado los niveles de carisma volcánico a los que llegó en la primera vuelta el militar Bolsonaro.

En efecto, en un estricto análisis, el programa electoral de Bolsonaro es doblemente fascista y neoliberal monetarista en el más depurado estilo de Pinochet cuando no se pueden soslayar sus dos principales apoyos: por un lado, su exsuperior, el general retirado Hamilton Murao, quien no oculta su nostalgia por la dictadura generacional de 1964 a 1985 y que, con la mano en la cintura, aboga tanto por un insólito ‘autogolpe’ de Estado desde el mismo Gobierno como por dejar gran parte del Gobierno en manos de militares, mientras que su política económica es un vulgar neoliberalismo caduco que practica el superministro de economía de Bolsonaro: Paulo Guedes, de 69 años y ‘Chicago boy’ quien fuera pupilo de Milton Friedman.

Según Financial Times (10.10.18), los fiscales brasileños investigan a Paulo Guedes por sus malos manejos en los fondos de pensiones estatales de 266 millones de dólares invertidos hace una década, lo cual puede ser muy costoso para las aspiraciones del casi presidente Bolsonaro, lo cual puede dar un vuelco dramático a la elección.

Los fondos de pensiones dislocados provienen de Petrobras, Banco do Brasil, del Banco estatal Caixa y del Servicio de Correos Postales: ¡una bomba nuclear fiscal!

Se pudiera tratar del rugido electoral de un ratón o, en caso de crecer, de una bola de nieve imparable.

Se puede tratar simplemente de un golpe bajo clásico del periodo electoral.

El problema de las definiciones con Bolsonaro es que todas tienden a ser esquizofrénicas. Ante todo no es un ‘Trump tropical’ pese a que Steve Bannon lo apuntala —ya que su programa económico es todo lo contrario del ‘nacionalismo económico’ de Trump— cuando favorece las privatizaciones de las joyas estratégicas de Brasil: EletroBras y Petrobras.

¿Por qué se parece Bolsonaro más al general Pinochet y a su neoliberalismo militarista? Las comparaciones en este caso son fulgurantes. Ante todo porque Bolsonaro y Pinochet provienen de las fuerzas armadas aunque hay que reconocer que Bolsonaro es probable que sea ungido como presidente por la vía democrática, cosa que no sucedió con el golpista Pinochet quien derrocó a Salvador Allende.

Pero las coincidencias son notables cuando cotejamos que Pinochet y su grupo de los ‘Chicago boys’ son los que iniciaron el nefario neoliberalismo financierista/monetarista en 1973 y que sin tapujos ostenta y pregona Paulo Guedes, el gurú financierista de Bolsonaro que hoy se encuentra en el ojo del huracán debido a sus escándalos con los desvíos de los fondos de pensiones estatales.

Quizá el próximo presidente de Brasil sea el menos corrupto de los dos. O el menos expuesto en sus corrupciones.

*Analista geopolítico mexicano

(Por Edmundo Orellana )

“Declaro: Que mi amor a Centroamérica muere conmigo. Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra”.

Las generaciones postmorazánicas tienen una deuda con el héroe. Sigue la anarquía, promovida desde el poder y sentada a horcajadas sobre la sociedad, que la soporta resignada. En Nicaragua y Guatemala, sin embargo, los jóvenes han copado las primeras líneas de la defensa cívica.

El prolongado y cargado silencio que siguió a la exhortación del héroe, sigue vigente en nuestro país. Perturbarlo es un deber. Para ello, apelamos hoy a la elocuencia del maestro José Ingenieros. Escuchémoslo.

“Jóvenes son los que no tienen complicidad con el pasado”, sentencia, para luego decir: “Solo sus ojos pueden mirar hacia el amanecer, sin remordimiento”. Y sigue así:

“Cada vez que una generación envejece y reemplaza su ideario por bastardeados apetitos, la vida pública se abisma en la inmoralidad y en la violencia. En esa hora deben los jóvenes empuñar la antorcha y pronunciar el verbo: es su misión renovar el mundo moral y en ellos ponen sus esperanzas los pueblos que anhelan ensanchar los cimientos de la justicia. Libres de dogmatismos, pensando en una humanidad mejor, pueden aumentar la parte de felicidad común y disminuir el lote de comunes sufrimientos. Es ventura sin par la de ser jóvenes en momentos que serán memorables en la historia. Las grandes crisis ofrecen oportunidades múltiples a la generación incontaminada, pues inician en la humanidad una fervorosa reforma ética, ideológica e institucional”.

“Los jóvenes cuyos ideales expresan inteligentemente el devenir constituyen una nueva generación, que es tal por su espíritu, no por sus años. Basta una sola, pensadora y actuante, para dar a su pueblo personalidad en el mundo”. “El siglo está cansado de inválidos y de sombras, de enfermos y de viejos”. “Todo lo espera de una juventud entusiasta y viril”.

“La juventud es levadura moral de los pueblos. Cada generación anuncia una aurora nueva, la arranca de la sombra la enciende en su anhelar inquieto. Si mira alto y lejos, es fuerza creadora. Aunque no alcance a cosechar los frutos de su siembra, tiene segura recompensa en la sanción de la posteridad. La antorcha lucífera no se apaga nunca, cambia de manos. Cada generación abre las alas donde las ha cerrado la anterior, para volar más, lejos, siempre más. Cuando una generación las cierra en el presente, no es juventud: sufre de senilidad precoz. Cuando vuela hacia el pasado, está agonizando; peor, ha nacido muerta.

Los hombres que no han tenido juventud piensan en el pasado y viven en el presente, persiguiendo las satisfacciones inmediatas que son el premio de la domesticidad. Débiles por pereza o miedosos por ignorancia, medran con paciencia pero sin alegría. Tristes, resignados, escépticos, acatan como una fatalidad el mal que los rodea, aprovechándolo si pueden. De seres sin ideales ninguna grandeza esperan los pueblos”.

“La juventud aduna el entusiasmo por el estudio y la energía para la acción, que se funden en el gozo de vivir. El joven que piensa y trabaja es optimista; acera su corazón a la vez que eleva su entendimiento”. “La juventud es prometeana cuando asocia el ingenio y la voluntad, el saber y la potencia, la inspiración de Apolo y el heroísmo de Hércules. Un brazo vale cien brazos cuando lo mueve un cerebro ilustrado; un cerebro vale cien cerebros cuando lo sostiene un brazo firme”.

“Los jóvenes tocan a rebato en toda generación. No necesitan programas que marquen un término, sino ideales que señalen el camino. La meta importa menos que el mundo. Quien pone bien la proa no necesita saber hasta dónde va, sino hacia dónde. Los pueblos, como los hombres, navegan sin llegar nunca; cuando cierran el velamen, es la quietud, la muerte. Los senderos de perfección no tienen fin. Belleza, verdad, justicia, quien sienta avidez de perseguirlos no se detenga ante fórmulas reputadas intangibles. En todo arte, en toda doctrina, en todo código, existen gérmenes que son evidentes anticipaciones, posibilidades de infinitos perfeccionamientos. Frente a los viejos que recitan credos retrospectivos, entonan los jóvenes himnos constructivos. Es de pueblos exhaustos contemplar el ayer en vez de preparar el mañana”.

El maestro habla, mientras Morazán espera, optimista.