Wednesday, Sep 18, 2019
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(Por: Filiberto Guevara Juárez) Precisa y misteriosamente, el 20 de julio, día en que se conmemora nuestra identidad nacional; en la madrugada de ese día del presente año, el corazón de Carlos Gómez, quizá el más grande folclorista que ha tenido Honduras; dejó de latir. Es entonces, que su espíritu cual ave que remonta el vuelo, se eleva sobre las agrestes y verdes montañas que tanto amó, para reencontrarse en lo ignoto con su ex maestro y también gran folclorista hondureño, Don Rafael Manzanares. Fue Don Rafael Manzanares (QDDG), el que puso su visión visionaria en aquel joven delgado y de espigada estatura, de apenas 13 años de edad, que se llamó: Carlos Gómez Genizzotti.

No se debe dudar que, desde esa temprana edad, nació en Carlos Gómez, ese sentimiento intenso y prolongado por las danzas folclóricas de nuestro país. Dicho sentimiento intenso y prolongado se convirtió en pasión, y hasta en un apostolado, tal como lo demuestra, sus 54 años dedicados a conformar 75 grupos de danzas folclóricas, que organizó y dirigió.

Según informes, “su valioso aporte a nuestra identidad nacional, lo demostró a lo largo de más de cinco décadas; en las que impartió más de 500 seminarios y cursos de danzas, llevando las danzas folclóricas de Honduras a los rincones más humildes del país y a los más importantes escenarios de Latinoamérica y EEUU”.

“Danzó en unas 400 ciudades a nivel nacional y aproximadamente 90 a nivel internacional, lo que le permitió extender su carrera como gestor cultural a la literatura sobre danzas, con la elaboración de trabajos y folletos”. La dedicación de toda una vida de apostolado por el arte y la cultura autóctona de nuestro país, lo hizo merecidamente acreedor en el año 2015, del Premio nacional de Artes “Pablo Zelaya Sierra”, otorgado por el gobierno de la república.

El 28 de junio de 2018, día de su cumpleaños 69, la ciudad de San Pedro Sula, en el marco de su feria juniana, le abrió sus puertas, para que en el Centro Cultural Sampedrano, recibiera su último homenaje en vida. Con su liderazgo, logró reunir a un grupo de sus ex alumnos de distintas décadas, e hizo su última presentación en esa noche del 28 de junio. Todo lo preparó concienzudamente, mediante ensayos previos, dónde él a pesar de sentirse delicado de salud, se esforzó al máximo para dar lo mejor de sí mismo. Así era el maestro Carlos Gómez, exigente consigo mismo y con los demás. Siempre buscaba la perfección en su manifestación artística. Les repetía a sus alumnos: “las cosas se hacen bien, y si no, mejor no hacerlas”. Fue un perfeccionista del arte del baile de danza folclórica y luchó por mantener la autenticidad de nuestras danzas folclóricas; hasta su última presentación del 28 de junio.

En su discurso de despedida dio gracias a Dios por haber recibido todos los honores en vida y como si presintiera su cercana muerte expresó: “ya puedo morir en paz”. Recordó a su ex maestro Rafael Manzanares y a su ex alumno y amigo, el profesor Mario Morazán (QDDG). Previamente decidió que su pareja de baile en esa noche fuera su ex alumna, la profesora Emma Lizeth Mejía. Cuya baja estatura, hizo un contraste perfecto con la alta estatura de Carlos Gómez, al bailar varias danzas, y en especial “el sueñito”, que lo caracterizó siempre. Ese grupo selecto de ex alumnos y amigos, lo llevó ese fin de semana a las bellas playas de la ciudad puerto, Tela, para que el mar azul fuente de vida, también sin aún saberlo sus amigos, le diera su despedida.

El maestro Carlos Gómez, ícono del folclore nacional, al partir de este mundo el 20 de julio, día de nuestra identidad nacional que tanto promovió en vida, no muere en la víspera; muere en el día en que Dios ya le tenía destinado; dejándonos todo un legado cultural y de amor patrio. En vida marcó a todos sus alumnos con la identidad nacional; pero con su muerte física lo selló para siempre.
El fallecimiento de Carlos Gómez en el día de nuestra identidad nacional, debe movernos a reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia personal, social y autorrealización.

Debe entenderse que toda autorrealización nace de la vinculación cada vez mayor con nuestro entorno social en la nación en que Dios nos permitió nacer. Primero están nuestros vínculos familiares, después nuestra vinculación social con amigos y compañeros y por último nuestra vinculación nacional, y en casos excepcionales, a nivel internacional. Así pues, no debe caber la menor duda, que Carlos Gómez, al convertirse en ícono de nuestra identidad nacional, se autorrealizó plenamente. Es por eso, que todo homenaje en vida y póstumo que se le dio adquiere un profundo significado.

Es quizá por eso, que en las más de 24 horas después de su deceso ex alumnos suyos y amigos que le apreciaron muchísimo, hicieron un alto en sus labores diarias, para ir a despedir al maestro, al amigo y a un excelente ciudadano de nuestra patria, Honduras.
Nuestra nación hondureña, necesita de más hijos como Carlos Gómez. Si cada uno de nosotros, hace lo que le corresponde, Honduras saldrá adelante como país, como Estado, como nación. Si el campesino, el obrero, el político, los profesionales…etc. Hacen bien lo que les corresponde hacer, sin lugar a dudas, esto hará que la nación hondureña adquiera identidad propia como nación y se desarrolle. Es por eso, que hondureños como Carlos Gómez, con su noble afán de identidad nacional y de hacer bien lo que nos corresponde; nos señala el sendero luminoso que debemos seguir como nación.

En paz descanse, el ícono del folclor nacional, Carlos Gómez Genizzotti.

(Por Edmundo Orellana) El diálogo político que está por comenzar nos plantea interrogantes en relación con la gravedad de la crisis, sus alcances y la necesidad, inexcusable, de atenderla.

Es momento de preguntarse, entonces, cuáles son los temas prioritarios que deben ser abordados en el diálogo. Esta pregunta es fundamental. Si no priorizamos los temas y no cronometramos el proceso para acometerlos, perderemos, una vez más, la oportunidad de atacar eficazmente los factores que alimentan la crisis.

Si usted distinguido lector, está seguro de que los procesos por los cuales fueron seleccionados los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y los titulares del MP, estaban amañados, y, también, desconfía del funcionamiento de esos organismos, desde su perspectiva, en nuestro país no hay independencia judicial ni “seguridad jurídica”; y, si, además, estima que la Sala de lo Constitucional, en lugar de defender la Constitución, la ataca sistemáticamente, exponiendo nuestros derechos fundamentales al abusivo ejercicio del poder público, entonces, está persuadido de que nos encontramos en una situación de indefensión permanente.

Si tiene la percepción de que el Congreso Nacional no legisla para beneficio del país, sino para proteger a los corruptos investigados y procesados por el binomio UFECIC- MACCIH y para evitar que siga avanzando en su lucha contra la corrupción, para usted el Congreso Nacional es la principal fuente de corrupción en el país. Y si, además, está seguro de que algunos de los diputados pagaron a los miembros de las mesas electorales receptoras para alterar la votación a su favor, siente, entonces, que no está debidamente representado en el Congreso Nacional.

Si considera que el actual gobernante no tenía título legítimo para postularse como candidato presidencial, para usted quien ocupa la Presidencia de la República no es un “Presidente legítimo”. Y, si además, está convencido de que llegó gracias a un fraude electoral, desde su punto de vista, quien dice ser el Presidente de la República no es más que un “usurpador”.

Si ha llegado a la conclusión de que el gobernante ha venido acumulando funciones en perjuicio de la independencia de los demás poderes del Estado, sometiéndolos a un riguroso sistema jerárquico, dentro del cual todos deben comportarse según sus instrucciones, entonces, usted reconoce que el poder público lo posee una sola persona y lo ejerce de modo autoritario.

Si está convencido de que el gobernante ejerce el poder arbitrariamente, manipulando a los tribunales y a los uniformados, militares y policías, para fortalecerse, reprimiendo a sangre y fuego, cualquier manifestación opositora, en su mente quien nos gobierna tiene todas las credenciales de un dictador.

Si sospecha que los resultados electorales son dudosos y vulnerable el proceso electoral -desde las mesas electorales receptoras hasta el TSE-, además de injusto, porque permite la pervivencia con financiamiento público de partidos que no superan los 5 mil votos, cuya conducta histórica ha sido servir al partido gobernante, apoyándolo en sus iniciativas en el Congreso Nacional, e, igualmente, considera que los demás partidos han abandonado la oposición militante, interesados más en sus problemas internos que en los del país, para usted el sistema electoral y el régimen de partidos es deplorable.

Si, finalmente, está seguro de que la ley que permite el canje de impuestos por publicidad amenaza con poner la prensa al servicio del gobierno, usted es de los convencidos de que este, con ese programa, pretende hacer desaparecer la libertad de prensa y, con ella, la libertad de expresión, vulnerando el derecho de la población a estar informada a través de una prensa que enfoque los temas desde una perspectiva crítica, objetiva y veraz.

Si usted, estimado lector, se encuentra entre quienes se identifican con lo dicho en los párrafos precedentes, es evidente que no cree que el nuestro sea un estado de derecho, que opera bajo un régimen democrático, representativo y republicano, y, además, está convencido de que el sistema de justicia ha sido sustituido por un eficiente sistema de impunidad, alimentado por los mismos organismos llamados a combatirla.

Si esta es su posición, usted es de los que sostiene que la prioridad número uno en ese diálogo debe ser la reconstrucción de la institucionalidad, lo que solo es posible mediante un proceso de modernización, amplio y profundo, del sistema constitucional hondureño, cuya finalidad fundamental sea garantizar el respeto de la voluntad popular y de los derechos fundamentales, así como la aplicación imparcial, ilustrada y efectiva de la justicia, para evitar que el Estado siga operando como instrumento del crimen organizado, especialmente de las redes de corrupción y del narcotráfico.

(Por Óscar Marroquín) “La maldad es el término a partir del cual designamos la inclinación espontánea que alguien ostenta a la hora de provocarle el mal a otros individuos o seres vivos” (tomado de Definición ABC).

Aprovechando que la “santa” inquisición ya no existe, he escrito algunas líneas que me parecen oportunas, para desnudar las actitudes maléficas en contra del pueblo hondureño que tiene el mal llamado Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga, quien creo sin lugar a equivocarme, es un ser humano sin ningún sentimiento de solidaridad con respecto a los mas necesitados o gente que sufre penurias, penurias que naturalmente no son caídas del cielo, sino fabricadas justamente desde la sociedad y el Estado.

La maldad justamente comienza no con las acciones de un ser humano, comienza en sus ideas que luego se convierten en palabras y, este malvado deja salir de su boca absolutamente todo el odio que siente hacia los mas desposeídos, dejando claro que siente afinidad por aquellos que igualmente gozan de la maldad: la corrupción, el asesinato, la narcoactividad, los golpes de Estado y fraudes electorales.

Desde el púlpito, que en esencia representa la no maldad, Oscar Rodríguez Maradiaga, hace una conversión hacia la maldad, abrazando las acciones criminales de una oligarquía que por demás esta decirlo, esta llevando a mas de la mitad de la sociedad hondureña hacia la miseria; pero también, da su incondicional respaldo a quienes haciendo uso del poder que les confiere el Estado, matan, torturan, encarcelan y desaparecen a quienes se atreven a denunciar la corrupción y otro tipo de delitos.

La maldad es por igual inaceptable sea quien sea quien la cometa, pero no se debe pasar por alto que si la maldad es cometida por un hombre que dice ser seguidor de la fe cristiana, entonces, las cosas se complican, pues se hace imposible entender como un hombre que sigue a Cristo es a la vez malvado con su prójimo; Rodríguez Maradiaga sin duda alguna, ha superado a Judas dado que no solamente vende a Cristo, sino también a los que lo acompañan; menuda tarea tiene entonces la Policía Militar, para capturar y asesinar a buena parte del pueblo hondureño.

Cuando vemos al Cardenal y a Juan Orlando Hernández en franca y sincera amistad, no queda mas que pensar que la maldad se ha personificado en toda su dimensión en Honduras.

Que se puede pensar de un hombre que aferrado al poder no ha dudado en asesinar a quien sea necesario y, además, tampoco ha dudado en arrebatarle al pueblo hondureño el derecho al bienestar, haciendo de los impuestos su botín personal por medio de la corrupción.

La guardia pretoriana de Juan Orlando Hernández es la más fiel representación de la maldad, pues anuqué son estos los que buscan por las noches a sus presas para tortúralos y luego asesinarlos, la orden de matar sala justamente desde casa presidencial y son los coroneles y generales quienes la reproducen, para que la Policía Militar mate sin piedad alguna.

Para quienes hayan leído estas líneas, creo que quedara la tarea de desentrañar la interrogante de ¿Quién de estos dos es mucho más malvado?
Mientras tanto, la maldad sigue su curso aceleradamente, ambos personajes continúan gozando de forma patológica con el sufrimiento de todo un pueblo, creyendo estos ser intocables e invencibles pues ambos son, respaldados por dos imperios, que, aunque en decadencia, aun sacrifican por todo el mundo a la humanidad de manera antojadiza.