Tuesday, Sep 17, 2019
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(Por David Ellner Romero) En Villa Iris, ubicada en la zona nororiente de la capital y lugar de residencia de su eminencia, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez y varios  miembros de la cúpula de la iglesia católica, se desarrollan cabildeos, pláticas, conversaciones y conspiraciones que se ocultan en los pasillos y paredes, así como los espejos que adornan sus habitaciones, guardan secretos hasta hoy no revelados, y que posesiona a la iglesia que dio origen al cristianismo, como una verdadera logia que se capaz de matar antes de redimirse frente a sus propios pecados.

ConfidencialHN, ha tenido acceso a documentos, testimonios y declaraciones de personas que les ha tocado vivir el calvario medieval que se practica en la iglesia católica en su elevada manifestación, desde la chismografía de patio, orgías, prácticas homosexuales, conspiraciones, desplazamientos de liderazgos y amenazas de muerte.

Son muchos los intentos que se han hecho por poner al descubierto los «pecados de la iglesia» pero el atrevimiento a una acción de esta naturaleza es poner en riesgo, no solo la continuidad del ejercicio eclesiástico, sino que hasta sus vidas. Ejemplarizantes son las acciones que en contra de varios sacerdotes tomó la cúpula de la iglesia por haberse atrevido a denunciar internamente actos que incomodan a la feligresía.

Sin embargo como dice el dicho, entre mar y cielo no hay nada oculto los 30 millones de lempiras que se le entregó al arzobispado de Tegucigalpa y manejados exclusivamente por el obispo Juan José Pineda, fue algo así como el detonante para que muchos de los secretos hasta hoy guardados en Villa Iris comiencen a revelarse.

Este periódico accedió a un testimonio que tuvo conocimiento de cómo se manejó el dinero del tasón entregados al obispo Pineda. Este relato, obra en el extenso informe que elaboró el Vaticano y que trata sobre el comportamiento «pecaminoso» del líder católico y que en parte le costó su suspensión de la conducción de la diócesis de Tegucigalpa.

Los sacerdotes Carlo Magno Nuñez (izq.), Tony Salinas, (der.) y el cardenal Óscar Rodríguez (centro) habrían tenido problemas con Pineda, según relatos del confidente; tanto Núñez como Salinas están marcados en un espejo que tiene el exobispo en Villa Iris.

LA TRAMA. «Me di cuenta de los 30 millones de lempiras hasta después de que los dieron en el banco», reza una parte del testigo del Vaticano que fue interrogado el año anterior para conocer sobre el comportamiento del obispo auxiliar de Tegucigalpa, Juan Jose Pineda, para poder justificar la petición al Estado de la cantidad multimillonaria de dinero, el líder religioso dedicó tiempo de andar en varias iglesias rurales solicitando a los párrocos que le entregaran supuestos proyectos a ejecutar, los cuales que nunca se llevaron a  cabo.

Muchos sacerdotes humildes cayeron, otros no, pero la mayoría entregó presupuesto «para proyectos que nunca se ejecutaron», señala el testigo protegido. «Mire -dice- presencié varios documentos, uno de ellos de Cáritas en donde supuestamente se le soltó dinero de los 30 millones pero nada de eso fue cierto, todos los papeles eran falsos».

Soledad de Ramírez, es una señora de la tercera edad, en su momento lideresa del Partido Nacional de Honduras, impuesta bajo maniobras por el gobierno de Porfirio Lobo en la conducción del Foro de Convergencia nacional (Fonac), una instancia paragubernamental que ha servido para blanquear acciones de los gobiernos de turno.

La dama utilizó el Fonac, como instrumento mediador para solicitar al Consejo Nacional de Defensa Seguridad más de 60 millones de lempiras que serían utilizados por la iglesia católica en obras de beneficencia, cuyos alcances, según el contrato, sería a mas de siete de los nueve millones de hondureños.

Del monto total, el Estado sólo desembolso 30.8 millones de lempiras, «ella se encargaba de que todos los documentos estuvieran listos, si faltaba uno ella lo conseguía», señala el testigo.

OTRO PERSONAJE. Ademas de Soledad de Ramírez, aparece en el escenario otro personaje muy conocido en los pasillos de la iglesia católica, Erick Cravioto Fajardo, un laico de origen mexicano que lo trajo a Honduras el propio Juan José Pineda y que lo hizo pasar como cura, pero la realidad es que detrás de la sotana que portaba se escondía un hombre, que según los testimonios de varios cercanos a la curia, era el marido del obispo Fasquelle, quien por cierto le compró un vehículo de agencia de la conocida marca Toyota Yaris.

Según el testimonio, fue Cravioto quien elaboró el documento «bien redactado», tan bien escrito estaba que envolvieron al propio cardenal Rodríguez que estampó su firma desconociendo los verdaderos propósitos de su ayudante de la diócesis y de la organización criminal creada para saquear estos fondos del Estado.

De acuerdo a la versión, la iglesia nunca practicó una auditoria de estos fondos. El dinero y los testimomios lo manejó personalmente el obispo Pineda; el cardenal no tuvo nada que ver mas que en la firma del documento. «A él (cardenal) le jugaron chueco, lo embaucaron y firmó», dice el testigo, quien agregó que se puede practicar auditorías a todas las parroquias donde supuestamente se hicieron proyectos y no hay nada hasta el momento, tampoco en Cáritas ni en las hermanas scalibrinianas. «Este dinero, afirma, no fue para proyectos de ninguna comunidad y por eso no se pueden auditar», dijo.

DÓNDE ESTÁ EL DINERO. Lejos están las autoridades del Tribunal Superior de Cuentas o del Consejo Nacional de Seguridad de dar con el paradero de los más de 30 millones de lempiras y los intereses que estos generaron en el fideicomiso de BAC, tales fondos, procedentes del público, fue utilizado por el obispo Pineda Fasquelle, para pagar favores sexuales, mantener una red de amantes, a quienes les compró varios bienes raíces, carros, motos viajes al extranjero con amante pagado, entre otros.

Por ejemplo, a un policía de la fuerza antidisturbios Cobras, de nombre Ronny Cáceres, le compró una motocicleta valorada en varios miles de lempiras. Le construyo una casa en Santa Elena, El Paraíso. Una propiedad para una finca en Las Crucitas, Jamastran, siempre en el Paraíso; a su asistente, de nombre Óscar, pero el obispo solo le decía Oscarito, le compró un Toyota Yaris de agencia, una moto y una casa en Valle de Ángeles e igual sucedió con un miembro de seguridad de civil contratado por el propio obispo, de nombre Luis Fernando Rodríguez -responsable de la parroquia de la colonia Satélite, en Tegucigalpa- a quien también le compró casa y moto en Valle de Ángeles. Lo mismo hizo con algunos de los familiares  de sus protegidos.

PRÁCTICAS HOMOSEXUALES. Al entrar a los entretelones de Villa Iris, la sede del cardenal Rodríguez, uno se va enterando de la existencia mutual y de conveniencia de algunas relaciones que nada tienen que ver con las prédicas y condenas pecaminosas que en cada homilía hacen los prelados en las iglesias, pues allí, la intriga le da pasión a los hombres de sotanas que rodeados de algunos misterios y secretos logran acostarse en una misma cama o un sofá y saciar su instinto carnal que en la mayoría de sus predicas condenan.

De acuerdo al testimonio ofrecido a la comisión del Vaticano por el testigo protegido, tanto el obispo auxiliar Pineda, Erick Cravioto y otros, practicaban relaciones homosexuales en forma encubierta pero que siempre dejaron ventanas abiertas a la curiosidad y la sospecha.

Para el caso, relata el testigo, Pineda acostumbraba hacer giras por distintos municipios del área de influencia de la diócesis de Tegucigalpa, áreas como Guaimaca, Vallecillos, Cantarranas, Talanga, Valle de Ángeles y otros. En cada una de las giras solicitaba dos habitaciones, aunque la misión la componían tres personas, el siempre se queda en un solo cuarto con su ayudante, o sea Oscarito.

En cierta oportunidad, comenta, «fuimos a Guaimaca, y solicitó dos cuartos pero el cura de la parroquia le dio tres generando mucho malestar en Pineda Fasquelle que al siguiente día optó por abandonar la comunidad alegando que no pudo conciliar el sueño por el escándalo de unos perros». «Nos fuimos a Valle de Ángeles, al Tabor, una casita de la Universidad Católica que la usan los curas para reposos, allí se quedó con Oscarito»,  dijo.

Al profundizar sobre el tema, el informante señala que en ese lugar del Tabor,en Valle de Ángeles, el obispo Pineda acostumbraba llevar muchachos llamados acólitos, que ayudan a oficiar la misa desde el altar, «en la casa sólo hay un cuarto con una cama y un sofá, y él (Pineda) se quedaba con dos cipotes y lo extraño que al siguiente día que íbamos a desayunar el sofá estaba arreglado, lo que se supone que el dormía con los dos en la cama», comenta.

ERICK. Este es un personaje misterioso importado por Pineda desde México, lo hizo pasar por cura, pero en verdad es un laico amante del obispo, se hizo famoso cuando el padre Alberto lo denuncia en su libro Dilema de ser un protegido de Pineda, el padre «J» como lo denomina y que pone al descubierto la relación de pareja entre estos dos hombres de la iglesia, hay que recordar que al «padre» Erick, Pineda Fasquelle le regaló un carro Yaris.

Pero como en toda relación amorosa hay decepciones y reemplazos, según el testigo, la primera decepción de Erick Cravioto,  fue cuando Oscarito, el hoy mano derecha de Pineda, lo desplazo viéndose obligado a buscar una nueva relación, en su aventura amorosa, el padre Erick como se le conoce, conoció a un joven de nombre Denis, se fueron a vivir a unos apartamentos que quedan en la colonia América, «cerca de la casa de Matta», puntualiza el informante, quien continúa con su relato diciendo que a Denis, se le consiguió una beca a tiempo completo en la universidad católica.

La relación con Denis fracasó por una fuerte discusión que llegaron a las trompadas teniendo que mediar el obispo Pineda pero jamás hubo reconciliación, el padre Erick no se quedo picadó y para apagar su decepción amorosa se busco otro hombre de nombre Darwin con quien hacen vida marital, viven en unos apartamentos en la comunidad de El Rincón, a este también se le beco a tiempo completo en la Universidad Católica.

Erick Cravioto Fajardo (foto inserta) es un personaje misterioso importado por el obispo Juan José Pineda desde México; lo hizo pasar por cura, pero en verdad es un laico amante del obispo, se hizo famoso cuando el padre Alberto lo denuncia en su libro Dilema de ser un protegido del otrora obispo auxiliar capitalino.

LAS AMENAZAS. Dicen los mitos y leyendas que los espejos guardan fantasmas que al pronunciar muchas veces su nombre salen con intenciones maléficas, todo ligado a lo esotérico y lo oculto, pero que al final dice el mito, todo no es mas que el reflejo de la propia alma.

Pineda, agobiado por todas las denuncias en su contra, especialmente la de los abusos sexuales en el seminario mayor de Nuestra Señora de Suyapa, buscó culpables de su desgracia y entre ellos encontró a varios colegas de la iglesia y laicos amigos que supuestamente conspiraron para ponerle en mal con el cardenal y el papa Francisco al  denunciarlo  por todas sus maldades que por años oculto bajo la sotana y el juramento de la cruz.

Para dejar afianzada su decisión de vengarse de quienes supuestamente lo traicionaron, Pineda buscó entre  los grandes pasillos de Villa Iris un espejo para escribir en el mismo los nombres en rojo de los curas y laicos pagarán caro su traición. «Todas eran palabras amenazantes», sostiene nuestro informante que concluyó que el obispo Pineda con esa acción denotó su estado de locura a que ha llegado.

En esos espejos era claro leer los nombres de Orlin (laico), el de los sacerdotes Juan Ángel Lopez, Carlo Magno Nuñez (párroco de la iglesia de Suyapa), Tony Salinas (asignado a una capilla en Ojojona) y otros que el confidente no puede recordar pero que cuya lista sobrepasa la media docena, confirma.

Hoy por hoy, en Villa Iris, en sus pasillos y cuartos, así como en sus espejos, el reflejo del recuerdo atrapado de la ambición, la codicia y la hipocresía que lo llevó solo queda el alma atrapada en los espejos de un clérigo que vive de los recuerdos y sus amores que juraron hacer prevalecer el bien sobre el mal, de defender la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer…les pudo el amor carnal.

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

(Segunda parte) El dinero que recibió el exobispo auxiliar capitalino Juan José Pineda de la Tasa de Seguridad tuvieron un paradero que ni el gobierno, ni la cúpula religiosa han dado una explicación coherente acerca de los más de 30 millones de lempiras que recibió del tesoro público y que deberían estar asignados al renglón de protección ciudadana.

Los documentos del fideicomiso 219 administrado en 2013 por el Banco de América Central (BAC) a favor de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, detallan que los 15 millones 835 mil 190 lempiras generaron fabulosas ganancias 343 mil 368 lempiras con seis centavos, a una tasa de interés del 11 por ciento anual, por lo que Pineda tuvo acceso a los fondos transferidos por el gobierno de Porfirio Lobo.

ConfidencialHN halló en el certificado de depósito 400558991 -por un total de 8.5 millones- que del 23 de septiembre al 23 de octubre de 2013 se reportaron beneficios de 77 mil 916 lempiras; del 23 de octubre al 23 de noviembre se registró una ganancia de 78 mil 630 lempiras y del 23 de noviembre al 23 de diciembre del referido año hubo 79 mil 351 lempiras a favor del arzobispado. En estos tramos, BAC confirió a la oficina religiosa 235 mil 899 lempiras.

En tanto, en el certificado 400549911, valorado en cinco millones 835 mil 190 lempiras 190 lempiras, dejó intereses por 107 mil 468, los cuales fueron girados al beneficiario de ambos certificados; el destino del dinero depositado por el Comité Técnico del Fideicomiso del Tasón mediante un decreto ejecutivo autorizado por el Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, presidido en su momento por el expresidente Lobo.

De igual manera, se dejó en la libreta del fideicomiso un millón de lempiras para la «compra de dólares y ser transferidos a la cuenta de ahorro 914334101 a nombre de la arquidiócesis de Tegucigalpa aperturada en BAC Honduras». En el traslado de fondos y entrega de rendimientos a la sede para la cual sirvió Pineda, se detalla que el 30 de septiembre de 2013 un total de 47 mil 865 dólares.

En ese lapso, se efectuaron traslados de dinero a la cuenta de ahorro en lempiras -a nombre de la arquidiócesis- por un total de 735 mil 899 lempiras, distribuidos en dos depósitos, de acuerdo al documento que tiene en sus manos este periódico.

Pineda, conocido por ser una persona proclive al mutismo, no ha hecho una rendición efectiva de cuentas sobre los beneficios que recibió por la transferencia monetaria que le efectuó el Comité Técnico del Tasón de Seguridad durante su gestión como obispo auxiliar capitalino. Por ser un receptor de recursos públicos, el religioso -y el arzobispado- están obligados a explicar de manera pormenorizada el destino de cada lempira, según establece la Ley de transparencia y acceso a la información pública.

De hecho, por ser una institución obligada, la iglesia debió informar qué segmento poblacional sería beneficiado con el proyecto y cómo se administraron los más de 30 millones de lempiras. Una fuente anónima, conocedora del tema, explicó que el mismo debería ser analizado por un equipo interdisciplinario para que diera datos de forma confiable sobre los resultados del proyecto administrado de manera personal por Pineda y en caso de que existieran sobrantes fueran devueltos a la Secretaría de Finanzas para términos de transparencia.

Para que Pineda no fuera sujeto a persecución penal en el futuro, está obligado a entregar facturas, recibos, comprobantes de pago y otros que sean auditados. Además, el Comité Técnico tendría que exigirle las resoluciones internas sobre movimientos de capital, órdenes de compra, contratos de servicios profesionales, pago de seguro a empleados e informes de contaduría. Al cierre de esta segunda entrega, el reconocido religioso no ha hecho la liquidación.

Los resultados de ese proyecto terminan siendo cuestionables, ya que a la fecha no hay un finiquito extendido a favor de la iglesia católica que permita zanjar cualquier controversia surgida en torno a la entrega directa y mediante fideicomiso del dinero entregado, por lo que el dinero fue invisibilizado.

Un informe de carácter confidencial señala al exobispo de haber incurrido en irregularidades, por lo que podría ser requerido por la justicia por lavado de dinero, malversación de caudales, fraude y uso de documentos falsos que podrían llevarlo a prisión, de acuerdo con la legislación penal vigente.

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

(Primera parte) Los privilegios que tuvo el exobispo auxiliar capitalino Juan José Pineda le permitieron acceder a fuertes sumas de dinero del Fondo de Seguridad Poblacional, más conocido como Tasón que los destinó a supuestas obras que jamás fueron auditados y cuyos resultados nadie conoce.

De hecho, el religioso pidió en 2012 alrededor de 60 millones 645 mil 280 lempiras, que debían ser pagados en dos tramos; el Comité Técnico del Fideicomiso del Tasón le autorizó 30 millones 835 mil 190 lempiras, el cual fue depositado en una cuenta del Banco de América Central (BAC), pero fueron liquidados con excesivas reservas.

Este periódico pudo encontrar información sobre la entrega del dinero y su administración a través del fideicomiso en BAC, a través de las cuentas 9143341102 (en lempiras) y 9143341101 (en dólares), que comenzó a tener vigencia desde septiembre de 2013 cuando fueron depositados 10 millones de lempiras; el 22 de octubre de ese año fueron transferidos cinco millones 835 mil 190 lempiras a través de un certificado de depósito.

El gobierno, a través del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, ordenó al Tasón que los otros 15 millones fueran entregados directamente a la Arquidiócesis de Tegucigalpa como «unidad ejecutora», por lo que Pineda tuvo en sus manos durante ese periodo más de 30 millones que al cierre de esta primera entrega no han sido justificados.

Y es que la poderosa instancia gubernamental, de la que depende el Fondo de Seguridad, argumentó en su decreto que era para «apoyar» alrededor de 20 proyectos «con el fin de dar mantenimiento a obras de educación, salud, protección social, comunicación y dotar de materiales didácticos médicos para el beneficio de los más pobres» y cuyo alcance sería a «siete millones de personas». El decreto contempla que la suma de dinero otorgada al religioso sería en concepto de inversión, «a petición de la Secretaría de Seguridad».

La orden fue dada por el entonces presidente Porfirio Lobo, el titular del Poder Judicial, Jorge Rivera Avilés, el fiscal general Luis Rubí, el secretario de Defensa Marlon Pascua y también fue firmado por el entonces secretario ejecutivo Julián Pacheco, actual titular de Seguridad; no obstante, no fue rubricado por su antecesor Pompeyo Bonilla ni por el actual gobernante Juan Orlando Hernández, de acuerdo al decreto que tiene en sus manos ConfidencialHN. Sin embargo, en la justificación del plan, jamás se explicó cómo sería la ejecución presupuestaria, quiénes serían los beneficiarios, las zonas geográficas a atender y los indicadores de resultados que estas pudieran tener, según las normas de formulación y ejecución de proyectos.

Es más, tuvo que explicar de manera pormenorizada en qué basaba su petición de dinero, los motivos, propósitos y qué logros alcanzaría con el mismo. Una fuente muy confiable y que pidió el anonimato reveló que su compañero de sotana apenas entregó un álbum fotográfico al organismo, como suerte de justificación para evadir cualquier duda o interrogante del destino que tuvieron los fondos que se le confirieron.  Las consultas efectuadas en esta investigación concluyen que el exobispo usó sus contactos a escala gubernamental para no verse asediado por auditores que le exigieran documentación soporte de las obras que hubiese efectuado.

Conocedores del tema explicaron a este periódico que el proyecto debió tener más datos que dieran validez a la transferencia monetaria y con sus respectivos controles para evitar malos entendidos; uno de los indicadores de los proyectos que realizó el religioso es que no son visibles. Al cierre de esta edición, no hay referencias de que el dinero haya sido destinado a escuelas, colegios y universidades católicas, proyectos de movilidad humana y recepción de migrantes retornados a través de las hemanas scalibrinianas o los que suele realizar la pastoral social Cáritas.

Resulta que la iglesia católica, no tiene por costumbre realizar rendición de cuentas, como ordena la Ley de transparencia y acceso a la información pública, ya que es una «institución obligada» por lo que debería tener actualizados sus registros de recepción de dinero. Ni el arzobispado, ni ninguna otra entidad tiene un portal u oficial de información que dé explicaciones sobre el paradero de los más de 30 millones que transfirió el Comité a Pineda.

A pesar de que el actual gobierno denegó un segundo desembolso de 30 millones, el exobispo usó sus «buenos oficios» para convencer a colaboradores de Hernández para que le entregaran el dinero. No obstante, este periódico pudo conocer que hubo recelo de varios funcionarios para entregarle la otra parte, la cual terminó siendo denegada porque nunca se entregaron facturas, contratos, recibos y todos aquellos que pudieran explicar en qué se gastaron los recursos procedentes del público.

Algunos documentos constatan de que el otrora prelado no pudo detallar cómo usó cada lempira que le dio el Ejecutivo a través del Tasón y que le hizo fracasar en su segundo intento de acceder a beneficios para sus proyectos institucionales a fin de «formar valores» y otras que jamás fueron publicitadas, dado el hecho de que la iglesia católica cuenta con un poderoso aparato mediático que le realiza las coberturas sobre sus actividades rutinarias.  Esta entrega de dinero ocurrió -llanamente- porque los representantes del Comité y del Consejo de Defensa «confiaron» en la honestidad del otrora íntimo colaborador del cardenal Óscar Andrés Rodríguez y que los ámbitos a cubrir no implicarían una intensa auditoría.

Pineda actuó al margen de la Conferencia Episcopal de Honduras -máximo organismo de decisión de la iglesia-, pues ninguno de sus miembros tuvo conocimiento sobre el otorgamiento de dinero estatal, excepto Rodríguez, quien firmó el documento del fideicomiso para la administración de los 15.8 millones que el Comité trasladó a las cuentas operadas en lempiras y dólares. 

El proyecto que realizó Pineda en aquella ocasión, de acuerdo a los documentos publicados por ConfidencialHN se llama Prevención y formación – Continuación de proyectos institucionales en el que justifica “formar en valores” a la feligresía y una “comprensión de las leyes y la vida social”.

“Queremos dejar constancia, desde el inicio, que los fondos solicitados y presentados por este proyecto cubren, en la mayoría de los casos, solamente el 40 por ciento o menos del costo total de las obras que realizamos. Los proyectos presentados en este documento no suman ni siquiera el uno por ciento de los proyectos que nuestra institución lleva a cabo en el país”, explicó Pineda en su proyecto que fue presentado ante el Tasón.

El documento posee graves deficiencias, entre ellas, que no existe una referencia geográfica donde se ejecutarían las obras, sin que se determine quiénes serán los responsables o las entidades que administrarán el dinero en beneficio de los más necesitados. Tampoco hay una estructura organizacional, cada dato está difuso, sin precisar motivos ni características; no hay perfiles del personal a colaborar con la obra, los puestos y salarios a devengar durante la vigencia del proyecto.

Asimismo, no hay una definición clara de los recursos disponibles, estudios socioeconómicos por cada subproyecto, claves contables que permitan ubicar el destino de los fondos, inversiones, costes y los respectivos beneficiarios. En concreto, Pineda se limita a decir en un oficio girado a la directora del Foro Nacional de Convergencia (Fonac), Soledad de Ramírez, que «siete millones de hondureños se beneficiarán directa e indirectamente”.

De hecho, en la nota enviada a Ramírez, el religioso le comentó que la petición de fondos se basa en los proyectos que realizan y que “se trata solamente de cerca del uno por ciento de los proyectos que tenemos en todo el país. Son muchos más, más de los que muchos se pueden imaginar, los proyectos de formación, prevención, etcétera”.

Los resultados de ese proyecto terminan siendo cuestionables, ya que a la fecha no hay un finiquito extendido a favor de la iglesia católica que permita zanjar cualquier controversia surgida en torno a la entrega directa y mediante fideicomiso del dinero entregado. En últimas líneas, el dinero fue invisibilizado y a la fecha de publicación de esta investigación, las autoridades eclesiásticas, en particular, Pineda, no ha podido justificar con documentos fehacientes dónde invirtió o gastó el dinero concedido por el Tasón. 

Un informe de carácter confidencial señala al exobispo de haber incurrido en irregularidades, por lo que podría ser requerido por la justicia por lavado de dinero, malversación de caudales, fraude y uso de documentos falsos, los cuales podrían llevarlo a prisión, de acuerdo con la legislación penal vigente.

En su momento, Pineda se defendió de los señalamientos al asegurar que no sabía de qué se lo acusaba. «No sé de qué se trata. Son cosas que trata la iglesia que siempre ha trabajado con los gobiernos y las cosas están en orden».