Friday, Nov 15, 2019
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TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El megafraude al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) no terminó en el arresto y condena a largas temporadas de cárcel para Mario Zelaya, José Ramón Bertetti y una recua de sujetos, entre hombres y mujeres, que contribuyeron a saquear multimillonarios recursos de la entidad estatal para financiar la campaña nacionalista y «exportar» fuertes sumas de dinero a otros países para darse una vida que ni en el máximo sueño se los imaginaban.

Por el contrario, esta trama -en  la que hay mucha tela que cortar- se visibilizaron a unos corruptos, pero se ocultaron otros quienes crearon una suerte de araña (compleja red de favores y lavado de dinero) para pasar desapercibidos de cualquier ojo clínico y policiaco y no dejar huellas del monstruoso acto de corrupción; a la fecha no han sido perseguidos por las autoridades ya que están cobijados por influyentes personajes de la política y gozan de altas posiciones en la escala estatal.

Durante este relato, le diremos quiénes fueron operadores primarios y secundarios de movilizar dinero propiedad del IHSS y sus derechohabientes, los operadores secundarios y algunos políticos que contribuyeron a quebrar el sistema estatal de previsión social y que hoy por hoy son fuentes asiduas de consulta de los periodistas, pero que en el fondo de la conciencia saben que por sus prácticas gansteriles influyó en la muerte de unas dos mil 888 personas, según cifras independientes.

Asimismo, sabrá que hubo desde restaurantes de carretera hasta lujosos lugares donde disfrutaron de un exquisito corte de carne de exportación y vino para simular que era una reunión informal de amigos, pero que se transaban transferencias monetarias, hasta amenazas de muerte que al cierre de este relato no se han concretado pero podría ocurrir si ese pacto tácito se rompe y uno de los miembros de la cadena decide narrar cómo dilapidaron el dinero.

También hubo bufetes, cuyos abogados actuaron como consigliere (consejeros de mafiosos) y tenían funciones de mover mucho, pero mucho dinero para que no dejaran huellas en el camino y se crearon en toda esta trama una serie de intrigas, persecución, advertencias y muchas que este periódico y Radio Globo ha venido evidenciando desde 2015.

EL PADRINO DE LA CORRUPCIÓN. La trama del megafraude del IHSS es una copia casi al calco de El Padrino, al menos, eso lo sabe Óscar Guerra Ocampo, uno de los principales testigos, pues aseguró que el actual diputado nacionalista Reinaldo Ekónomo, le prometió protección a cambio de que no testificara de cómo se fragmentaron contratos de infraestructura y se trasladaba el dinero que era obligatoriamente aportado por los prestadores de servicios, ya que «tenía poder» para que no ocurriera nada.

Pero ese «poder» del que se jactaba Ekónomo incluso llevó a Guerra a buscar otro tipo de protección porque sentía que su vida corría peligro. Esa protección que le prometió el actual congresista a cambio de silencio nunca llegó y optó por colaborar con la ley porque entendía que cada palabra, comentario y revelación podría prolongar su vida. Las amenazas son más fuertes y pesadas y, en cierta medida, la justicia lo blindaría.

El congresista, muy afín al vicepresidente Ricardo Álvarez, fue la fuente de raudales de dinero -y desgracias- para el informante, porque a través de él conoció a Zelaya y el exgerente administrativo Ramón Bertetti y otro grupo de personas que fueron suboperadores del fraude, pudo tener acceso a contratos que terminó revelando cómo la red utilizaba muchas formas de mover recursos que, muy probablemente, no fueron ingresados al sistema financiero.

En cierta oportunidad, cuando el personaje principal de este relato venía de Puerto Cortés de realizar algunas gestiones, fue llamado por el mismo Ekónomo, exdirector del hospital regional del IHSS en San Pedro Sula, para que atendiera unos problemas que se estaban presentando en el establecimiento, por lo que acudió a la cita, a sabiendas de que el contrato y las coimas eran seguras….»en el transcurso de esa tarde seguimos haciendo y presupuestando el valor de la obra, en eso el señor Ekónomo se acercó y frotándose las manos me dijo ingeniero aquí nos vamos a defender. Al final del día siguiente, en la tarde, presenté una oferta por la reparación por un valor de siete millones 500 mil lempiras la cual fue recibida».

Al igual que el líder político sampedrano, el ex subsecretario de Salud Javier Pastor también quería su tajada (parte del soborno); aunque el contratista pidió algunas regulaciones luego de que se le indicara que podían darle seis millones, Ekónomo y Pastor llegaron a pedirle sin ambages una cuota entre 230 y 250 mil lempiras a cada uno porque le ayudaron a conseguir el favor. «Javier me manifestó: Mirá que yo te apoyé en ese proyecto para que te lo dieran. Ekónomo me dijo: Mire ingeniero yo fui el autor intelectual para que se realizara esta obra y tiene que recompensarme económicamente«

En efecto, los dos benefactores del empresario tuvieron su «merecido»: al legislador se le dio entre 230 y 239 mil lempiras, mientras que a Pastor se le transfirió 230 mil. Pero este exfuncionario de Salud en condición de «aliado estratégico» terminó recibiendo un poco más de 900 mil lempiras, la mayoría en efectivo, aunque eso tuvo varios problemas, entre ellos, que uno de sus colaboradores fue asaltado cuando transportaba el dinero paga pagarle a Pastor quien, en un acto de «humanidad» le dio varios días para que Guerra le terminara de honrar el compromiso.

Días después, llegó Zelaya a pedirle que cumpliera con su parte -que era de un diez por ciento- y tenía que pagarle a José Zelaya porque era quien autorizaba la orden de compra y a Bertetti porque autorizaba los pagos y si no accedía a los caprichos, el contrato no se ejecutaba. Así operaba la red corrupta jefeada por el mismo Mario Zelaya en sus tiempos de gloria como director del IHSS.

MEMBRESÍAS MAFIOSAS. También contó con lujo de detalles que todos los involucrados en el colosal saqueo pedían una coima a cambio de firmar documentos para la ejecución de obras y prestación de bienes y servicios; para ello, narró, el primer requisito para ser proveedor del IHSS era ser un miembro «obligatorio» del Partido Nacional. Los contratos «eran fraccionados en proyectos mayores que en ese momento se estableció en la Ley de contratación del Estado…mediante un hecho falso se le hizo ver a la directiva que había una condición de emergencia…cada proyecto que se me diera tenía que dar un diez por ciento de comisión a Mario Zelaya y dijimos que esta es la costumbre y hay que darlo…en una reunión donde se me presentó a Mario Zelaya y Ramón Bertetti quienes me invitaron a un refresco y (un personaje de nombre Luis Joya, un testaferro del exdirector del IHSS) me manifestó que para darme proyectos tenía que dar una coima que acepté y posteriormente el señor Joya, ya sin estar los dos presentes, me dijo lo que él quería como parte de esto».

Comentó que tuvo que pagar junto a otras empresas que prestaron alguna función alrededor del 21 por ciento a los exfuncionarios del IHSS, los cuales algunas veces se realizó en un restaurante propiedad del diputado azul Alberto Chedrani -quien desconocía qué tratos se hacían en su local- y otras fue dentro de un lujoso vehículo que utilizaba el exdirector Zelaya, donde apenas habían un par de saludos, entregas de sobres con el dinero prometido por merusas pactadas en los contratos y despedidas caballerosas.

El papel de Joya en este entramado de relaciones era de recibir el dinero que se le debía entregar al médico, según el relato «Zelaya me había dicho que el ingeniero Joya era de confianza ya que eran primos hermanos y que no había duda en cuanto al manejo de sus fondos». Este colaborador íntimo recibió en total 357 mil lempiras, mientras que su jefe se le dio unos 400 mil lempiras, de los que 200 mil se pagaron mediante cheques a nombre de Jorge Faraj Frech, otro testaferro; luego le dio a este sujeto alrededor de 49 mil en el restaurante de Chedrani mientras degustaban de los más finos cortes de carne que elaboraban los cocineros.

Nadie se imaginaría que el restaurante Granja Delia, el lugar ideal situado en Siguatepeque donde paran quienes van a San Pedro Sula o Tegucigalpa, también se convirtió en otro centro de operaciones de los mafiosos del IHSS. A ese lugar llegaba el exadministrador Ramón Bertetti en un modesto carro para pasar desapercibido y en otra oportunidad dejó sorprendidos a propios y extraños al llegar en un potente vehículo, se sentó a la mesa con su interlocutor, intercambiaron saludos y sobre y desaparecían en cuestión de minutos.

«En la primera ocasión recuerdo que llegó el señor Bertetti en un carro modesto plateado. Él bajó del carro, fue al mío, nos saludamos y le entregué el efectivo correspondiente, lo mismo para el segundo pago en el mismo lugar, pero ya en esta ocasión Bertetti llegó en un vehículo más impresionante creo que era una RAM o algo así», explicó el testigo.

En el caso del prófugo exjefe de compras José Zelaya, se vieron en un par de ocasiones en el hotel Princess de San Pedro Sula. Programaban las citas para transferir el dinero en ambientes refinados, al calor de las copas de vino y un par de saludos para hacerse ver ante la concurrencia que eran buenos amigos. Desde luego, era el pago de los sobornos referentes a los contratos 003 y 005 sobre obras de infraestructura.

CORRUPTOS EXPUESTOS Y OCULTOS. En ese ínterin, los contratos y el dinero iban creciendo como la espuma…en la medida que se iban adjudicando los contratos 006, 007, 008, 009…y muchos más, era proporcional la cantidad de coimas que se debían pasar a Zelaya, Bertetti, el otro Zelaya, Pastor y Joya. La riquísima información que obra en manos de este periódico explica de forma clara que:

1. Mario Zelaya se quedó con 12 millones.

2. Ramón Bertetti se embolsó tres millones.

3. José Zelaya obtuvo por comisiones alrededor de 2.8 millones.

4.  Reinaldo Ekónomo se agenció entre 1.7 y 1.8 millones

5. Javier Pastor recibió por sobornos un poco más de 1.4 millones.

Resulta interesante que Ekónomo -sindicado por el testigo en la trama corrupta- no ha sido citado a rendir declaración para que confirme o desmienta las confesiones hechas por Guerra durante el juicio contra varias empresas constructoras que se vieron «obligadas» a sobornar a diestra y siniestra en obras que resultaron un fiasco y una monumental estafa al bolsillo de los derechohabientes.

Para que los acusados tuvieran una suerte de vida de capo las empresas tuvieron que realizar sobrevaloraciones a los costos de las obras, a sabiendas que la Ley de contratación del Estado y los ejemplos sobran. En el contrato 003 hubo una sobrevaloración de hasta 21 por ciento; en un convenio para la creación de sistemas contraincendios se inflaron los costos hasta un 27 por ciento.

En el contrato 038 se generó una alteración en el valor de la obra en 34 por ciento. En promedio, se registraron sobrevaloraciones (léase beneficios para los exdirectivos) de un 26 por ciento. Se generó un 14 por ciento en contratos bajo la categoría de tercerización de servicios y 39 por ciento en los contratos directos. En consecuencia, Ekónomo fue un gran ganador.

PITUFEO. En el megafraude también se generó un pitufeo a gran escala porque se entregaron cheques a empleados de las empresas relacionadas con construcción de obras y éstos los cambiaban en el sistema financiero y posteriormente eran dirigidos a la alta dirección del IHSS. Joya fue el principal receptos del dinero que era enviado para Zelaya, también se elaboraban órdenes de pago vía cheque a Carlos Núñez Baide, Bayron Menjívar, Gustavo Adolfo Linares, Jesús Cerna.

Y es que resulta que la movilización de capitales a través de estas personas no era producto de la improvisación, la cúpula del Instituto enviaba una lista detallada de nombres, direcciones, cantidades de dinero y en qué condiciones debían ser entregadas, por lo que el trasiego de recursos fue muy disimulado. En total, se giraron alrededor de 225 cheques para un total superior a los 35 millones de lempiras, cuyas conciliaciones bancarias fueron aportadas como evidencia sólida e irrefutable para que Zelaya y sus compinches permanezcan por largo periodo en el presidio. «Sólo en una ocasión entregué 36 cheques a nombre de personas señaladas por Mario Zelaya», relató el testigo. Desde luego, el costo de las sobrevaloraciones se tradujo en obras deficientes y cuyas secuelas se irán revelando en la medidas que las mismas comiencen a destruirse por sí solas.

Por ello, las constructoras tiraron al coste cada proyecto porque tenían claro de que debían entregar el dinero a sus benefactores. Cuando los contadores preguntaban a los socios sobre la anomalía, estos decían que era para mantener «contentos» a los funcionarios corruptos y de no ser así, las obras no se realizaban.

ATACAR AL HIJO DE PUTAClaro está que las confesiones, relatos, evidencias, testimonios, dichos, rumores en torno a cómo fue saqueado el Instituto también ha conllevado amenazas. Al menos, el testigo lo sabe de primera mano. Por eso se vio obligado buscar un mecanismo de protección porque sabía mucho de cómo Zelaya y sus secuaces recibieron dinero a manos llenas a costa del dinero público.

Uno de estos días, uno de los acusados utilizó el nombre de un vecino de la colonia donde vive el informante, ingresó aprovechando la poca inteligencia de los guardias asignados al portón de acceso y encontró a su «rival» para increparlo… «me abordó de una manera confrontativa y me dijo que la gente esperaba que me mantuviera callado y que no dijera nada de los hechos».

Pero también hubo otros acercamientos, algo pacíficos, para buscar salidas trucadas a fin de evadir los procesos legales que inició desde 2014 el Ministerio Público y la Unidad Nacional de Apoyo Fiscal (UNAF). Uno de ellos fue con un allegado de un empresario constructor, quien pidió al testigo que los ayudara a «ver de qué manera se podía ocultarlos». En esa ocasión, Joya fue un «colaborador eficaz» para salir del embrollo.  En otra ocasión, Ekónomo llegó junto a otra persona a un lujoso hotel donde, casualmente estaba descansando Guerra, cuando fue advertido sobre semejante presencia y se las ingenió para salir.

Este hombre llegó a enterarse incluso de que Mario Zelaya lo estaba tratando de hijo de puta le estaba volando verga pero Joya le pidió que «no se preocupara» porque ese tipo de comentarios provenían de un hombre que estaba siendo señalado por la justicia por haberse apropiado de fuertes sumas de dinero y por ello «está jodido».

Ekónomo, quien le había bajado el sol, la luna y las estrellas, le prometió que no le pasaría nada porque «tiene poder»…tal poder jamás llegó y ahora ambos están distanciados. El diputado anda para arriba y abajo buscando cómo lograr la unidad del nacionalismo y el empresario se las ve a palos porque en sus 40 años de ser un respetado profesional de la ingeniería, hoy da intensas explicaciones de cómo fue que se drenó el dinero del IHSS.

Desde luego, el megafraude del Instituto tiene tantas aristas y cabezas que se le podría decir que es el Leviatán de la corrupción en Honduras.

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

El actual depurador de la Policía Nacional de Honduras y dirigente de la sociedad civil, Omar Rivera, tuvo que restituir más de diez mil lempiras para quedar exonerado de cargos de responsabilidad civil por no haber liquidado fondos que recibió para viajar a un evento realizado en marzo de 2016 a Colombia y a una gira efectuada a Yoro.

Este periódico interceptó varios oficios girados por el Tribunal Superior de Cuentas (TSC), con fecha 30 de junio de 2017, en la cual se constata que Rivera, exempleado del Fondo Hondureño de Inversión Social (FHIS) tenía un «saldo pendiente» de 10 mil 252 lempiras exactos, que fueron descubiertos en una investigación especial que realizó el ente contralor entre el 1 de enero de 2011 al 31 de diciembre de 2015, por lo que se efectuaron los reparos que ya ordena la ley.

En el oficio 17-2017-DASII-DACD girado al tesorero del TSC Raúl Emilio Alfaro Martínez, establece que el dirigente oenegeísta «está anuente a efectuar el pago previo a la emisión del informe, razón por la cual solicito recibir el valor antes mencionado por el señor Omar Edgardo Rivera, quien deberá remitir al sector de infraestructura e inversiones la fotocopia del recibo extendida por la tesorería del TSC».

De hecho, el exempleado del FHIS restituyó el 30 de junio de ese año el monto por el que fue sujeto de reparo civil y por el que recibió una constancia de solvencia de compromisos con el organismo estatal, siendo liberado de cualquier responsabilidad que emitieran los auditores.

Aunque Rivera honró la suma a favor del organismo, jamás fue requerido por la justicia ni deslizó sus zapatos por los juzgados especiales anticorrupción, mucho menos, se publicó el reparo, cosa contraria que vivieron los exmiembros del desaparecido Consejo de la Judicatura quienes fueron enviados a prisión por supuesto manejo irregular de fondos.

Los exconcejales Jorge Rivera Avilés, Celino Aguilera, Julio Barahona, Lilian Maldonado, Francisco Quiroz y Teodoro Bonilla fueron procesados y encarcelados en una unidad militar por órdenes de la jueza Vera Barahona.

Los acusados dijeron que el proceso debió ser administrativo y no penal, ya que el TSC tuvo que emitirles los pliegos de responsabilidad por no haber efectuado la liquidación de víaticos y otros gastos que incurrieron mientras permanecieron en sus puestos.

El presidente del Tribunal, Jose Juan Pineda, aclaró que el proceso contra los exconcejales y cualquier funcionario tuvo que apegarse al debido proceso, es decir, que el TSC debió culminar la auditoría y hacer la petición que a los implicados se les debería perseguir penalmente.

En caso de indicios racionales, detalló, “la ley manda que en los actos administrativos donde interviene un funcionario se tiene que agotar la vía correspondiente y se esclarece el desempeño que tuvo la persona mientras estuvo en el cargo”.

Apuntó que si los ex altos servidores incurrieron en responsabilidad civil, los expedientes son referidos a la Procuraduría General de la República (PGR) y en caso de delitos, la documentación es enviada a la fiscalía para que procedan a entablar la acusación por enriquecimiento ilícito o irregularidad que haya afectado al Estado hondureño.

(Por David Ellner Romero) En Villa Iris, ubicada en la zona nororiente de la capital y lugar de residencia de su eminencia, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez y varios  miembros de la cúpula de la iglesia católica, se desarrollan cabildeos, pláticas, conversaciones y conspiraciones que se ocultan en los pasillos y paredes, así como los espejos que adornan sus habitaciones, guardan secretos hasta hoy no revelados, y que posesiona a la iglesia que dio origen al cristianismo, como una verdadera logia que se capaz de matar antes de redimirse frente a sus propios pecados.

ConfidencialHN, ha tenido acceso a documentos, testimonios y declaraciones de personas que les ha tocado vivir el calvario medieval que se practica en la iglesia católica en su elevada manifestación, desde la chismografía de patio, orgías, prácticas homosexuales, conspiraciones, desplazamientos de liderazgos y amenazas de muerte.

Son muchos los intentos que se han hecho por poner al descubierto los «pecados de la iglesia» pero el atrevimiento a una acción de esta naturaleza es poner en riesgo, no solo la continuidad del ejercicio eclesiástico, sino que hasta sus vidas. Ejemplarizantes son las acciones que en contra de varios sacerdotes tomó la cúpula de la iglesia por haberse atrevido a denunciar internamente actos que incomodan a la feligresía.

Sin embargo como dice el dicho, entre mar y cielo no hay nada oculto los 30 millones de lempiras que se le entregó al arzobispado de Tegucigalpa y manejados exclusivamente por el obispo Juan José Pineda, fue algo así como el detonante para que muchos de los secretos hasta hoy guardados en Villa Iris comiencen a revelarse.

Este periódico accedió a un testimonio que tuvo conocimiento de cómo se manejó el dinero del tasón entregados al obispo Pineda. Este relato, obra en el extenso informe que elaboró el Vaticano y que trata sobre el comportamiento «pecaminoso» del líder católico y que en parte le costó su suspensión de la conducción de la diócesis de Tegucigalpa.

Los sacerdotes Carlo Magno Nuñez (izq.), Tony Salinas, (der.) y el cardenal Óscar Rodríguez (centro) habrían tenido problemas con Pineda, según relatos del confidente; tanto Núñez como Salinas están marcados en un espejo que tiene el exobispo en Villa Iris.

LA TRAMA. «Me di cuenta de los 30 millones de lempiras hasta después de que los dieron en el banco», reza una parte del testigo del Vaticano que fue interrogado el año anterior para conocer sobre el comportamiento del obispo auxiliar de Tegucigalpa, Juan Jose Pineda, para poder justificar la petición al Estado de la cantidad multimillonaria de dinero, el líder religioso dedicó tiempo de andar en varias iglesias rurales solicitando a los párrocos que le entregaran supuestos proyectos a ejecutar, los cuales que nunca se llevaron a  cabo.

Muchos sacerdotes humildes cayeron, otros no, pero la mayoría entregó presupuesto «para proyectos que nunca se ejecutaron», señala el testigo protegido. «Mire -dice- presencié varios documentos, uno de ellos de Cáritas en donde supuestamente se le soltó dinero de los 30 millones pero nada de eso fue cierto, todos los papeles eran falsos».

Soledad de Ramírez, es una señora de la tercera edad, en su momento lideresa del Partido Nacional de Honduras, impuesta bajo maniobras por el gobierno de Porfirio Lobo en la conducción del Foro de Convergencia nacional (Fonac), una instancia paragubernamental que ha servido para blanquear acciones de los gobiernos de turno.

La dama utilizó el Fonac, como instrumento mediador para solicitar al Consejo Nacional de Defensa Seguridad más de 60 millones de lempiras que serían utilizados por la iglesia católica en obras de beneficencia, cuyos alcances, según el contrato, sería a mas de siete de los nueve millones de hondureños.

Del monto total, el Estado sólo desembolso 30.8 millones de lempiras, «ella se encargaba de que todos los documentos estuvieran listos, si faltaba uno ella lo conseguía», señala el testigo.

OTRO PERSONAJE. Ademas de Soledad de Ramírez, aparece en el escenario otro personaje muy conocido en los pasillos de la iglesia católica, Erick Cravioto Fajardo, un laico de origen mexicano que lo trajo a Honduras el propio Juan José Pineda y que lo hizo pasar como cura, pero la realidad es que detrás de la sotana que portaba se escondía un hombre, que según los testimonios de varios cercanos a la curia, era el marido del obispo Fasquelle, quien por cierto le compró un vehículo de agencia de la conocida marca Toyota Yaris.

Según el testimonio, fue Cravioto quien elaboró el documento «bien redactado», tan bien escrito estaba que envolvieron al propio cardenal Rodríguez que estampó su firma desconociendo los verdaderos propósitos de su ayudante de la diócesis y de la organización criminal creada para saquear estos fondos del Estado.

De acuerdo a la versión, la iglesia nunca practicó una auditoria de estos fondos. El dinero y los testimomios lo manejó personalmente el obispo Pineda; el cardenal no tuvo nada que ver mas que en la firma del documento. «A él (cardenal) le jugaron chueco, lo embaucaron y firmó», dice el testigo, quien agregó que se puede practicar auditorías a todas las parroquias donde supuestamente se hicieron proyectos y no hay nada hasta el momento, tampoco en Cáritas ni en las hermanas scalibrinianas. «Este dinero, afirma, no fue para proyectos de ninguna comunidad y por eso no se pueden auditar», dijo.

DÓNDE ESTÁ EL DINERO. Lejos están las autoridades del Tribunal Superior de Cuentas o del Consejo Nacional de Seguridad de dar con el paradero de los más de 30 millones de lempiras y los intereses que estos generaron en el fideicomiso de BAC, tales fondos, procedentes del público, fue utilizado por el obispo Pineda Fasquelle, para pagar favores sexuales, mantener una red de amantes, a quienes les compró varios bienes raíces, carros, motos viajes al extranjero con amante pagado, entre otros.

Por ejemplo, a un policía de la fuerza antidisturbios Cobras, de nombre Ronny Cáceres, le compró una motocicleta valorada en varios miles de lempiras. Le construyo una casa en Santa Elena, El Paraíso. Una propiedad para una finca en Las Crucitas, Jamastran, siempre en el Paraíso; a su asistente, de nombre Óscar, pero el obispo solo le decía Oscarito, le compró un Toyota Yaris de agencia, una moto y una casa en Valle de Ángeles e igual sucedió con un miembro de seguridad de civil contratado por el propio obispo, de nombre Luis Fernando Rodríguez -responsable de la parroquia de la colonia Satélite, en Tegucigalpa- a quien también le compró casa y moto en Valle de Ángeles. Lo mismo hizo con algunos de los familiares  de sus protegidos.

PRÁCTICAS HOMOSEXUALES. Al entrar a los entretelones de Villa Iris, la sede del cardenal Rodríguez, uno se va enterando de la existencia mutual y de conveniencia de algunas relaciones que nada tienen que ver con las prédicas y condenas pecaminosas que en cada homilía hacen los prelados en las iglesias, pues allí, la intriga le da pasión a los hombres de sotanas que rodeados de algunos misterios y secretos logran acostarse en una misma cama o un sofá y saciar su instinto carnal que en la mayoría de sus predicas condenan.

De acuerdo al testimonio ofrecido a la comisión del Vaticano por el testigo protegido, tanto el obispo auxiliar Pineda, Erick Cravioto y otros, practicaban relaciones homosexuales en forma encubierta pero que siempre dejaron ventanas abiertas a la curiosidad y la sospecha.

Para el caso, relata el testigo, Pineda acostumbraba hacer giras por distintos municipios del área de influencia de la diócesis de Tegucigalpa, áreas como Guaimaca, Vallecillos, Cantarranas, Talanga, Valle de Ángeles y otros. En cada una de las giras solicitaba dos habitaciones, aunque la misión la componían tres personas, el siempre se queda en un solo cuarto con su ayudante, o sea Oscarito.

En cierta oportunidad, comenta, «fuimos a Guaimaca, y solicitó dos cuartos pero el cura de la parroquia le dio tres generando mucho malestar en Pineda Fasquelle que al siguiente día optó por abandonar la comunidad alegando que no pudo conciliar el sueño por el escándalo de unos perros». «Nos fuimos a Valle de Ángeles, al Tabor, una casita de la Universidad Católica que la usan los curas para reposos, allí se quedó con Oscarito»,  dijo.

Al profundizar sobre el tema, el informante señala que en ese lugar del Tabor,en Valle de Ángeles, el obispo Pineda acostumbraba llevar muchachos llamados acólitos, que ayudan a oficiar la misa desde el altar, «en la casa sólo hay un cuarto con una cama y un sofá, y él (Pineda) se quedaba con dos cipotes y lo extraño que al siguiente día que íbamos a desayunar el sofá estaba arreglado, lo que se supone que el dormía con los dos en la cama», comenta.

ERICK. Este es un personaje misterioso importado por Pineda desde México, lo hizo pasar por cura, pero en verdad es un laico amante del obispo, se hizo famoso cuando el padre Alberto lo denuncia en su libro Dilema de ser un protegido de Pineda, el padre «J» como lo denomina y que pone al descubierto la relación de pareja entre estos dos hombres de la iglesia, hay que recordar que al «padre» Erick, Pineda Fasquelle le regaló un carro Yaris.

Pero como en toda relación amorosa hay decepciones y reemplazos, según el testigo, la primera decepción de Erick Cravioto,  fue cuando Oscarito, el hoy mano derecha de Pineda, lo desplazo viéndose obligado a buscar una nueva relación, en su aventura amorosa, el padre Erick como se le conoce, conoció a un joven de nombre Denis, se fueron a vivir a unos apartamentos que quedan en la colonia América, «cerca de la casa de Matta», puntualiza el informante, quien continúa con su relato diciendo que a Denis, se le consiguió una beca a tiempo completo en la universidad católica.

La relación con Denis fracasó por una fuerte discusión que llegaron a las trompadas teniendo que mediar el obispo Pineda pero jamás hubo reconciliación, el padre Erick no se quedo picadó y para apagar su decepción amorosa se busco otro hombre de nombre Darwin con quien hacen vida marital, viven en unos apartamentos en la comunidad de El Rincón, a este también se le beco a tiempo completo en la Universidad Católica.

Erick Cravioto Fajardo (foto inserta) es un personaje misterioso importado por el obispo Juan José Pineda desde México; lo hizo pasar por cura, pero en verdad es un laico amante del obispo, se hizo famoso cuando el padre Alberto lo denuncia en su libro Dilema de ser un protegido del otrora obispo auxiliar capitalino.

LAS AMENAZAS. Dicen los mitos y leyendas que los espejos guardan fantasmas que al pronunciar muchas veces su nombre salen con intenciones maléficas, todo ligado a lo esotérico y lo oculto, pero que al final dice el mito, todo no es mas que el reflejo de la propia alma.

Pineda, agobiado por todas las denuncias en su contra, especialmente la de los abusos sexuales en el seminario mayor de Nuestra Señora de Suyapa, buscó culpables de su desgracia y entre ellos encontró a varios colegas de la iglesia y laicos amigos que supuestamente conspiraron para ponerle en mal con el cardenal y el papa Francisco al  denunciarlo  por todas sus maldades que por años oculto bajo la sotana y el juramento de la cruz.

Para dejar afianzada su decisión de vengarse de quienes supuestamente lo traicionaron, Pineda buscó entre  los grandes pasillos de Villa Iris un espejo para escribir en el mismo los nombres en rojo de los curas y laicos pagarán caro su traición. «Todas eran palabras amenazantes», sostiene nuestro informante que concluyó que el obispo Pineda con esa acción denotó su estado de locura a que ha llegado.

En esos espejos era claro leer los nombres de Orlin (laico), el de los sacerdotes Juan Ángel Lopez, Carlo Magno Nuñez (párroco de la iglesia de Suyapa), Tony Salinas (asignado a una capilla en Ojojona) y otros que el confidente no puede recordar pero que cuya lista sobrepasa la media docena, confirma.

Hoy por hoy, en Villa Iris, en sus pasillos y cuartos, así como en sus espejos, el reflejo del recuerdo atrapado de la ambición, la codicia y la hipocresía que lo llevó solo queda el alma atrapada en los espejos de un clérigo que vive de los recuerdos y sus amores que juraron hacer prevalecer el bien sobre el mal, de defender la institución del matrimonio entre un hombre y una mujer…les pudo el amor carnal.