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Celebración del “Día Mundial de la Tierra”

Por: Juan Alfaro Posadas 

Este jueves 22 de abril se celebró el Día Mundial de La Tierra, que es el planeta donde nacemos, vivimos, nos reproducimos y morimos.
La Tierra es nuestra madre y casa mayor, por cuya razón debemos cuidarla, protegerla, cultivarla y habitarla, preservando todas sus riquezas minerales, especies animales y la flora, con lo cual también aseguramos nuestras vidas.
Este día se dedica a La Tierra con el objetivo de crear una conciencia global sobre los problemas de superpoblación, contaminación, destrucción de la biodiversidad y otras adversidades medioambientales.

El Día Mundial de La Tierra se celebra desde 1970, cuando el senador estadounidense Gaylord Nelson, instauró esta fecha, preocupado por la creciente degradación del ambiente en todo el mundo, por la carencia de políticas de los gobiernos, y de los seres humanos que se han constituido en los principales depredadores.

Esta es una fecha de encuentro para reflexionar sobre el impacto del ser humano en el planeta. La misma debe marcar el momento preciso para corregir los errores que cotidianamente cometemos en contra de La Tierra.
En estos momentos la pandemia del coronavirus representa un riesgo enorme para la salud pública y la economía mundial, pero también para la diversidad biológica.

Los pueblos indígenas andinos también llaman “Pachamama” a La Tierra, en honor a una diosa que veneran. Los descendientes del pueblo Inca de Perú también reconocen a la Pachamama como la diosa de la fertilidad, de las plantaciones, cosechas, la que constituye las montañas y causa los terremotos.

El luchador pacifista de la India, Mahatma Gandhi, dijo que “hay suficiente en el mundo para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer su avaricia”.
La Madre Tierra es mucho más que el suelo sobre el cual caminamos. Es el viento, el fuego, el agua, el elemento que se respira y que sostiene la vida y permite su prosperidad.
Desafortunadamente, no hacemos mucho por protegerla. La Pachamama es la principal víctima de nuestra sociedad y sus efectos sobre el medio ambiente. El cambio climático, los eventos extremos relacionados al mismo, y los residuos, se acumulan y le causan mucho daño.
La contaminación en las ciudades, en nuestras fuentes de agua y la destrucción de los ecosistemas le causan daños profundos, muchas veces irreparables. Esas son acciones ilógicas e irresponsables, a las cuales hacen caso omiso nuestras autoridades.
Desde hace muchos años vemos con suma preocupación la contaminación del Río Motagua que nace en las montañas de Zacapa, Guatemala, y que llena de desechos tóxicos las playas de Omoa y de Puerto Cortés.
Sin embargo, los gobiernos de Honduras y del vecino país no hacen nada por erradicar ese problema que ahuyenta el turismo nacional y provoca muchas enfermedades.

Asimismo, en Honduras se ha vuelto imparable la tala inmisericorde del bosque, la destrucción de la fauna, la contaminación de los ríos, quebradas y riachuelos con la explotación de minas a cielo abierto, sin que las autoridades respectivas hagan algo por frenar esa situación.

Particularmente en Tegucigalpa – la principal ciudad en importancia de Honduras -, encontramos basura por doquier, la mayoría de sus industrias arrojan sus desechos tóxicos al Río Choluteca y a otros afluentes, y la Fiscalía General del Estado, que debe velar por la sociedad en general, guarda un silencio sepulcral.
Los ciudadanos conscientes y deseosos porque se castigue a quienes contaminan el ambiente nos sentimos impotentes, al ver la indiferencia de las autoridades.

Lejos de enjuiciar a los depredadores del ambiente, se criminaliza a los jóvenes que luchan porque se mantengan limpias las aguas de los ríos, quebradas y demás fuentes.
Precisamente, eso ocurrió recientemente con quienes protestaban por los desperdicios que algunas empresas avícolas lanzan al Río Choluteca, en la zona de las aldeas Loarque, Germania, Lomas de Germania, Nueva Germania y Yaguacire, en la salida al sur del país.

Aparte de lo anterior, los cárteles de la droga talan los bosques en las áreas montañosas de Olancho, Yoro, Atlántida, Gracias a Dios y Colón para construir narco pistas, sin que la Fiscalía del Estado mueva un dedo en contra de esos señores.
Y como si eso fuese poco – vemos con tristeza e indignación en todas las estaciones secas – los grandes incendios forestales, causados por propietarios de potreros que buscan matar la garrapata, y por pirómanos, pero tampoco se pone un alto a esos crímenes ambientales.

Si no tomamos conciencia de esa situación, dentro de pocos años tendremos un país con altas temperaturas, carente de agua, super contaminado, con otras enfermedades de tipo respiratorio, sin animales silvestres, con acentuación de la pobreza y con un inmenso desierto. El momento para rectificar es ahora, mañana puede ser demasiado tarde..!

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