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Cierre de triajes, centros de salud y suspensión de brigadas médicas

Por : Juan Alfaro Posadas

En las últimas semanas hemos observado con preocupación que el gobierno nacionalista de Juan Orlando Hernández Alvarado (JOHA) ha cerrado muchos centros de triaje en San Lorenzo, Valle; Jocón, Yoro; Tela, Atlántida y en otras ciudades del país, por carencia de presupuesto.

Paralelamente a ello, se han cerrado muchos centros de salud y suspendido brigadas que servían de contención a la expansión acelerada de la Covid-19, que diezma a la población hondureña desde marzo de 2020.

Es inconcebible que en plena pandemia, un gobierno no tenga ni los mínimos recursos para pagar los salarios del personal que atiende los triajes, centros de salud y las brigadas sanitarias, cuando en otros países vecinos, eso es prioridad número uno.

Sumado a ello, tenemos el caso de las vacunas anti Covid-19, cuyas compras o donaciones van a paso de tortuga, lo cual contribuye a que diariamente fallezcan por el virus más de cien personas, según las estadísticas.

Mientras en El Salvador todos los días se vacuna a más de 50 mil personas, aquí se vanaglorian porque inocularon a mil quinientas o dos mil compatriotas.

En el vecino país se inmuniza a la población desde muy temprano, hasta después de las 8:00 de la noche, a lo largo de toda la semana, y en Honduras se descansa el domingo, como si el virus no trabajase todos los días del año.   

La pandemia ha desnudado de cuerpo entero al régimen cachureco, poniéndolo como incapaz, indolente, negligente, insensible, corrupto y violador del derecho a la vida.

El gobernante constantemente monta shows en los medios de comunicación, afirmando que ya adquirimos más de 14 millones de vacunas, para inmunizar a unos 7 millones de habitantes. Sin embargo, en la práctica todo es mentira, demagogia, porque la población quiere ser inoculada, pero los antídotos no los tenemos en el país, e ignoramos cuándo llegarán.

Desgraciadamente, en Honduras todo lo hacemos al revés: se protege a las minorías y descuidamos a las grandes mayorías; derrochamos miles de millones de lempiras en la compra de armamento, municiones y en militares que en nada le sirven al pueblo y al país.

Aparte de ello, se pierden en corrupción 65 mil millones de lempiras anualmente, de acuerdo a las estadísticas que maneja el Consejo Nacional Anti corrupción (CNA).

Debemos luchar, a brazo partido, en todos los espacios de la vida diaria para revertir esa situación incómoda, que nos ubica ante el concierto internacional de naciones, como salvajes, individualistas y enemigos del ser humano.

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