Consignas

(Por Víctor Meza) En la medida que se acercan los plazos del proceso electoral, empiezan ya a proliferar las consignas. Algunas son de vieja data, otras de reciente creación, pero todas, eso sí, estimulan – o pretenden hacerlo – el estado de ánimo de los electores.

Dicen que la tarea de diseñar consignas tiene mucho que ver con la agudeza perceptiva y el arte de la política. Y, seguramente, así es. Una consigna, después de todo, está llamada a motivar sentimientos, ya sean de aprobación o de rechazo, de simpatía o de antipatía. No son pocas las veces en que una consigna adecuada sirvió de detonante para movilizar fuerzas sociales que, de otra manera, permanecían en estado de inercia, como dormidas o en silencio indiferente. Los ejemplos abundan en la historia política de la humanidad.

Aquí, en nuestras profundas honduras, hay al menos tres consignas que han tenido el acierto, a veces temporal o momentáneo, de movilizar sentimientos y generar actitudes en el temperamento de la gente. Nos gusten o no, estemos de acuerdo con su mensaje o discrepemos de la eficacia del mismo, lo cierto es que las consignas mencionadas han tenido repercusión nacional y se han mantenido con vigencia bulliciosa en el imaginario colectivo.

La primera de ellas, y la más difundida sin duda, es la del ¡Fuera JOH!, que expresa una voluntad de rechazo total junto a una demanda de renuncia o salida del gobernante. Esa consigna, musicalizada en sus orígenes, ha tenido aceptación nacional y, a veces, también en ámbitos de carácter internacional. Es la consigna más popular, nacida de la creatividad e invención de cantautores auténticamente populares. Una vez asimilada por la gente, la consigna se volvió grito de la oposición partidaria, estribillo incómodo para el régimen y signo evidente de identificación política.

La segunda consigna a que nos referimos es la del ¡Basta ya!, generada a partir de un valiente pronunciamiento de los obispos católicos que, con ese rotundo reclamo, expresaron el sentimiento de hastío, el hartazgo de la gente honesta del país ante el descalabro de la ética y los abusos del poder. La demanda eclesiástica apela al cansancio rebelde de los ciudadanos, saturados ya de tanta falsedad y mentira, tanta corrupción y desmán. La consigna del ¡Basta ya!, aunque difundida y aceptada, no ha tenido hasta el momento la asimilación popular y nacional de la otra, la del ¡Fuera JOH!

Por último, aunque no por ello menos importante, ha surgido recientemente la consigna que exige saber “¿Dónde está el dinero?”, una enérgica exigencia que hace alusión, ya se sabe, a los millonarios recursos aprobados por el Congreso Nacional o facilitados por la cooperación internacional para que el Poder Ejecutivo pueda hacer frente con alguna posibilidad de éxito a la tremenda tragedia de la pandemia del coronavirus. Esta consigna responde más a una demanda de transparencia y conlleva en su seno un duro rechazo al sistema de hipercorrupción que prevalece en el país y que la crisis sanitaria actual ha vuelto todavía más visible y evidente.

Las tres consignas enumeradas no son las únicas; hay y habrán otras, muchas más, sobre todo a medida que se acerque el momento de acudir a las urnas y ejercer el derecho a elegir más que el derecho a votar. Y cada vez serán consignas más “politizadas”, en el mejor sentido del término, es decir que sabrán expresar los deseos políticos de los ciudadanos y los vacíos de credibilidad y legitimación que el régimen actual conlleva. Mientras el ¡Fuera JOH! Es un reclamo esencialmente político, los otros dos, el ¡Basta ya! Y el que interroga sobre el destino del dinero, sin dejar de ser expresiones políticas, responden más a la indignación general y abarcan a sectores de clase media que, al margen de sus simpatías políticas o filiación partidaria, están hastiados de la podredumbre y desintegración moral que nos rodean.

Por eso dicen que una buena consigna, responde siempre a una lectura correcta de las coyunturas políticas y sociales.

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