HomeNacionalMientras aprueban leyes lesivas al pueblo, opositores viven la ‘dolce vita’ legislativa

Mientras aprueban leyes lesivas al pueblo, opositores viven la ‘dolce vita’ legislativa

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

Dejemos algo claro: Las protestas que suele hacer la oposición dentro del Congreso Nacional de Honduras obedecen a una dolosa distracción mientras el oficialismo y sus partidos satélites discuten y aprueban leyes lesivas para la sociedad.

Basta presenciar las sesiones para dejar en evidencia a qué llegan los representantes del pueblo cuando los demás «trabajan, trabajan y trabajan» para seguir con el saqueo de los recursos que le pertenecen a todos los hondureños, incluso a ellos.

Mientras el secretario de la asamblea se desgañita leyendo miles y miles de páginas de iniciativas de ley, kilométricos dictámentes y cuanto aquello que aburra -y mate al pueblo-, los honorables congresistas ven el correo, mandan mensajes a través de WhatsApp, revisan a ver si algún seguidor los saluda y los felicita por esa titánica labor y hasta transmiten por su Facebook para denunciar las «anomalías» que se cometen en ese Congreso.

Antes eran los silbatos y hoy priman las risas, pláticas de buenos amigos, extensas llamadas el teléfono, cuchicheos, vestidos de alta costura y tantas que, si nos pusiéramos a describir cada uno de ellos, hasta colapsaríamos el servidor virtual de este periódico.

Aquellos que se han declarado enemigos jurados en política platican en los pasillos alfombrados del hemiciclo mientras las cámaras de los medios no los enfocan, pues saben que allá afuera las pasiones están al rojo vivo.

Ay de aquellos que llegaran a ser sorprendidos por la lente picaresca, en sus pueblos hasta los buscarían con almuerzo porque «habrán traicionado sus ideales». Le tenemos una mala noticia: Eso jamás pasará porque los pretextos circularán por toneladas en las redes sociales; más de alguno dirá que el medio y el periodista tuercen la realidad y otros asegurarán que ellos (los honorables) tienen derecho hablar de política.

¡Cuántas cosas revelarían esos curules, alfombras, cámaras y ladrillos de las pláticas que tienen los «enemigos jurados»! ¡Cuántas conspiraciones se han fraguado en la antesala del Congreso donde se encuentran nacionalistas, liberales y libres, se fuman su cigarro y regresan a sus asientos para perpetuar la pobreza! Claro, algunos pecan por acción; otros por omisión, pero al fin y al cabo esas dos actitudes se llama complicidad.

 

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