HomeNacionalDe Ripley: Delincuente ‘muere’ a manos de furiosos pobladores y revive cuando iba a la morgue

De Ripley: Delincuente ‘muere’ a manos de furiosos pobladores y revive cuando iba a la morgue

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

No todos los días se regresa de la muerte. Quienes lo hacen, comprenden que tienen otra oportunidad para cumplir sus sueños o para rectificar sus conductas retorcidas durante su primera existencia. En el peor de los casos, vuelven a morir.

En Honduras hay un individuo que anduvo delinquiendo y fue sorprendido por enardecidos pobladores del barrio Llano del Conejo, en Santa Bárbara, quienes lo tuvieron atado de pies, manos y cuello durante 24 horas frente a una cancha de fútbol mientras unos jóvenes jugaban sin importar que el sujeto en cuestión iba perdiendo la vida sutil y lentamente.

De pronto, dejó de existir. Llegaron los miembros de Medicina Forense a efectuar el levantamiento cadavérico junto a efectivos de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), lo colocaron dentro de una bolsa plástica y lo introdujeron en un vehículo más conocido como la morguera siendo trasladado al hospital local. Era otro día más para los curtidos recogedores de muertos, quienes se volvieron insensibles al rostro de la muerte y hasta comen con ella donde los agarre el mediodía y el vaho nauseabundo que emanan aquellos cuerpos abandonados a su suerte ya no los ofende. Saben que la parca apesta.

Lo que nadie supo es que mientras el automotor se desplazaba por las polvorientas calles del populoso barrio, un poco alejado del casco histórico santabarbarense, la bolsa donde iba el cadáver comenzaba a moverse misteriosamente, no eran movimientos posmortem sino que el hombre comenzó a respirar, volvió en sí, la vida le dio la oportunidad de reivindicarse.

En consecuencia, el acta de levantamiento tuvo que ser desechada. Los morgueros corrieron hasta el hospital que opera en la localidad -quizá un poco asustados- para que atendieran al resucitado hombre que vivió las peores 24 horas de su vida.

De inmediato, le colocaron sondas, le introdujeron un tubo en la cavidad torácica para brindarle ventilación mecánica; lo rodearon de electrodos para medirle sus signos vitales. Un oxímetro se le colocó en el dedo índice para verificar si el oxígeno estaba circulando libremente y le pincharon los brazos y piernas para hallarle arterias a fin de suministrarle brebajes para mantener otras funciones vitales.

No conformes con eso y limitados por la poca tecnología con la que cuentan los hospitales locales (pues el dinero se va en mantener militares) fue llevado al centro asistencial sampedrano Mario Catarino Rivas y allá le colocaron más electrodos en el pecho para medir los latidos del corazón…y le inyectaron un arsenal de fármacos para que permanezca estable mientras se restablecen otras funciones.

¿Será que se hizo el muerto para que no siguiera siendo linchado por las hordas vecinales, cansadas de sus actos de pillaje y raterismo? ¿Será que ni la misma muerte lo quiso y hasta se olvidó de su cruenta existencia? En la ciencia médica abundan los casos; algunos viven un par de horas y luego se mueren de verdad y otros aprovechan al máximo una segunda oportunidad para hacer lo que no hicieron en la primera vida.

Quizá, el resucitado haya aprendido la lección de no volver a delinquir, ya sabe de primera mano que la muerte no amaga y de él dependerá si vive o vuelve a morir.

Si Robert Ripley, el creador de la serie Aunque usted no lo crea estuviera con vida y supiera de esta historia que colinda con lo paranormal, viajaría a Honduras y contaría la historia que cautivaría hasta el más incrédulo de los humanos.

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