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De telenovela: Finge embarazo a pareja, simula muerte del bebé y le descubren la farsa

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

Los efectos secundarios de las telenovelas mexicanas y venezolanas en las personas con baja formación cultural suelen ser que terminan en trágicas, chuscas y hasta absurdas crueldades.

Ese es el caso de una dama del oriental departamento de El Paraíso quien, en un afán por tener a cualquier costo a su pareja, le hizo creer que estaba embarazada y hasta «abortó»…todo resultó ser una colosal farsa. Como diría la actriz mexicana Silvia Pinal: «Acompáñenme a ver esta triste historia».

La dama jamás estuvo en gravidez y para simularlo, se colocaba un artefacto en su abdomen y vientre con el propósito de aparentar ante su ilusionado compañero que esperaba un hermoso bebé, a quien vería crecer, amarlo, mimarlo, consolarlo y darle todo el amor y rigor que un padre responsable debe dar.

No fue así. La perversa dama, cuya identidad permanece en el total anonimato fingió que la criatura había muerto y montó una parafernalia para simular que la criatura -que salió de sus entrañas con un brutal dolor- había partido a lo ignoto…hubo duelo, dolor, tristeza y amargura porque aquel que llenaría de orgullo a la pareja se había marchado para no volver más.

Tampoco fue así. Recreó otro teatro y su maldad superó cualquier límite moral y ético, rompió normas y convenciones sobre la conducta humana: Se compró un muñeco de juguete, lo vistió, lo metió en un cajón, lo llevó a enterrar; el llanto no se hizo esperar y las lágrimas brotaron.

Más de alguno recordó algún trauma o una dolorosa experiencia y sollozó a más no poder a fin de que el momento desgarrara las fibras más íntimas del alma. Claro -dicen popularmente- nunca falta un pelo en la sopa y las dudas eran más fuertes.

«Piensa mal y acertarás», reza un refrán y se caló en más de alguno que no se creyó el drama. Algo no andaba bien, la historia no encuadraba con lo que pudieron observar, los chismes crecieron con la espuma y ¡zas!, los pensamientos ‘perversos’ echaron andar teorías de conspiración y leyendas urbanas. Hasta ahí no llega este cuento.

Una noche de estas, un grupo de hombres desafiaron los mitos pueblerinos de que saldrá el diablo si uno profana la tumba y que vendrán las peores maldiciones…las sospechas se confirmaron y la ira se desató…no la de una entidad divina, sino de la tomadura de pelo que sufrieron por la perversa mujer.

Algunos cuentan que la fémina estaba chantajeando al desconsolado hombre; otros creen que lo quería tener a su lado a cualquier costo y hasta llegaron a rumorar que lo tenía «amarrado» con algún conjuro…estuvo a punto de cumplirlo pero la ágil mente de los «mal pensados» desbarató cualquier dolorosa historia…del amor al odio, de la compasión al repudio y de la solidaridad a la comidilla de los pobladores hizo que la gran farsa se desmontara.

Acá no importó el reclamo airado de un fiscal del Ministerio Público porque los iracundos parientes del caballero fueron al cementerio a sacar el cajón sin una orden judicial. El dolor y la indignación hacen que un hombre -como animal racional- pierda cualquier noción e imponga su voluntad. Lo importante es que el teatro se cayó. La mujer quedó mal y ya es tarde, perdió por partida doble.

Ahora le toca a la justicia hacer su parte.

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