Wednesday, Jul 24, 2019

Desprestigio

(Por Edmundo Orellana) Es a lo que recurre el gobierno cuando le conviene destruir el prestigio de personas, movimientos e instituciones.

A los líderes de la oposición los ataca despiadadamente, pero sin mancharse las manos. El ataque, aunque orquestado por el gobierno, aparece como noticia, como tema de debate para los programas de TV o como denuncia. Iniciaron su campaña de desprestigio con Mel, utilizando medios de comunicación para atacarlo sistemáticamente y sin piedad, siguieron con Salvador Nasralla, de quien dicen todo lo que se les antoja, para luego continuar con Luis Zelaya, con quien se han ensañado cruelmente.

El turno ahora es de la MACCIH. Lo sospechoso es que los ataques contra la MACCIH ya no solo vienen del gobierno, sino también de la oposición, con la diferencia de que las arremetidas del gobierno resultan más inteligentes que las de la oposición.

El gobierno tiene el poder y lo utiliza muy bien, disponiendo de los medios de comunicación bajo su control para desprestigiar o suprimiendo, inutilizando o desactivando cualquier cosa que le incomode. La MACCIH le incomoda, por eso la tiene bajo ataque desde que nació, algunas veces la agrede sin contemplaciones, como cuando logró que se fuera Jiménez Mayor, otras sofisticadamente como cuando dicta leyes u ordena sentencias en su contra, y desde que inició es víctima de las embestidas de la prensa acogida al programa de canje de impuesto por publicidad.

La oposición se ha sumado a la estrategia del gobierno, acusando a la MACCIH de no investigar los casos que esa oposición quiere que investigue, con lo que evidencian su ignorancia del convenio constitutivo de ese mecanismo anticorrupción. En ninguna de sus estipulaciones se establece que es responsabilidad de la MACCIH investigar directamente los casos, porque esta competencia es, por disposición constitucional, del MP. De ahí, que no tenga fundamento alguno esa acusación.

Una vez más, el gobierno logra lo que quiere. Se aproxima la fecha de renovación del convenio de la MACCIH y necesita con urgencia desprestigiarla para no renovarlo. En este empeño requiere de todos los esfuerzos y acompañamientos. Como no puede invitarlos directamente, crea las condiciones para que los opositores caigan en la trampa, sumándose a la campaña de desprestigio.

La desesperación de la población por ver caer a todos los “peces gordos”, es aprovechada por el gobierno con ese fin. Hace creer a la población que la MACCIH es lenta y que no está haciendo lo suficiente, incluida la oposición. Por eso, la ruidosa entrega de documentos que, supuestamente, involucran al gobernante y a su entorno en actos de corrupción, en lugar de servir al fin que pretendía el que lo promovió, fue aprovechada para desprestigiar a la MACCIH, porque a nadie se le ocurrió que esos documentos se presentaran en la UFECIC, unidad del MP, al que, constitucionalmente, compete la investigación.

A esa campaña se sumaron también, ingenuamente, manifestantes que coreaban consignas anti MACCIH, frente a sus oficinas, como si esta fuera la responsable de lo que el gobierno provoca. Como ellos, también caen candorosamente, todos los, que creyendo que hacen lo correcto, reclaman a la MACCIH investigaciones que competen al MP.

Esas manifestaciones generan la percepción de que la MACCIH es negligente. A lo que contribuyen algunos medios de comunicación aprovechando esos eventos en los que participan opositores, para insistir en desprestigiar a ese mecanismo anticorrupción, así como esas cuentas falsas en Facebook y Twitter, manejadas por el gobierno, que atacan constantemente a la MACCIH, en lo que, curiosamente, coinciden algunos opositores en sus respectivas cuentas de Facebook y Twitter.

Esos manifestantes y los líderes opositores que suben a la red sus cometarios en contra de la MACCIH, olvidan de que si algún avance ha habido, y lo hay, indiscutiblemente, en la lucha contra la corrupción, se debe a la MACCIH y que de irse esta, todo lo que se construyó bajo sus auspicios desaparecerá y, con ello, la lucha contra la corrupción; sueño acariciado por el gobierno desde siempre.

Los que han caído en la trampa ingenuamente, recapaciten. El enemigo del pueblo no es la MACCIH; lo son, quienes quieren que no haya lucha contra la corrupción, entre estos, y particularmente ellos, los que quieren que se vaya la MACCIH.

Y usted, distinguido lector, ¿de qué lado está?

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