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¿Diálogo o lucha popular?

(Por Lenin Túpac Alfaro) Después de la triste y patética toma de posesión, para su segundo e ilegítimo periodo presidencial, del político más impopular, sombrío y desabrido en las últimas décadas de la partidocracia oligárquica hondureña. Es prudente y necesario plantearnos como sociedad algunas preguntas concretas, de carácter retórico al principio del día, pero de obligatoria y contundente respuesta al final del mismo.

En la mente de la mayoría de la población consciente de nuestro país, hay más preguntas que respuestas a los acontecimientos que a diario vivimos como sociedad, que están relacionadas con el rumbo que lleva el gobierno y de la moral y ética de quienes nos gobiernan. Para todos o casi todos es claro que la situación económica, política y social, Honduras está en condiciones de deterioro desde la raíz y no por «encimita» como juran y perjuran los que actualmente se benefician del status quo.

Hay confusión y caos -lo viejo no da cabida a lo nuevo- estamos en una especie de limbo como nación o más bien entramos a una especie de regresión en el espacio-tiempo y parece que estamos repitiendo en este milenio; los sucesos del siglo pasado, como ser la separación de los caudillos del liberalismo en dos bandos, la inestabilidad de los gobiernos posteriores a la división liberal e intervención directa (incluso militar) norteamericana; el inicio del caríato, otra vez democracia, después militarismo, nuevamente democracia y de vuelta a empezar.

Pero volvamos al asunto de las preguntas trascendentales que son necesarias y de vital importancia para nosotros en estos momentos difíciles y de frustración colectiva: ¿Qué hacemos? ¿Como salimos de esto? ¿Diálogo? ¿Lucha popular?

Sería difícil desde esta columna responder a preguntas tan complejas, pero podemos reflexionar un poco sobre dos escenarios posibles.

Primero: diálogo convocado por el régimen para que sea reconocido su continuismo y enfriar la lucha popular. Diálogo para instalar una constituyente derivada. Diálogo para negociar y repartir cargos en la administración pública. Diálogo para reformas electorales y el otorgamiento de un nuevo partido para el excandidato que, aunque ganó, no tiene partido.

Segundo: lucha popular para derrocar al régimen cueste lo que cueste e instaurar un nuevo sistema. Lucha popular para convocar a un diálogo obligatorio y vinculante con observación internacional. Lucha popular y diálogo al mismo tiempo para una constituyente originaria. Lucha popular sin objetivos revolucionarios, pero como medio de propaganda para los próximos comicios generales.

«El hombre solo será libre cuando el último rey sea ahorcado con las tripas del último sacerdote»: Diderot.

Al final, probablemente, sucederá lo menos conveniente para el futuro de las mayorías históricamente excluidas en nuestro país y terminarán las cúpulas de los partidos políticos poniéndose de acuerdo en la repartición del botín y volveremos a «elecciones» el último domingo de noviembre de 2021.

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