Editorial: David, la corrupción y la hora de las hienas

En Honduras, las horas bajas del periodismo y libertad de expresión han sido eternas. Todos, los que ejercemos este oficio, tenemos claro que llamar las cosas por su nombre tiene consecuencias. David las vive en carne propia. Comprendemos que revelar la pútrida corrupción e impunidad dará quizá algo de fama en la gente, pero jamás será la visa para ir por premios pomposos o carentes de cualquier sentido. Eso queda para otros. El mejor premio es saber que se aporta con un grano de arena a construir institucionalidad que está destruida.

El mejor premio es saber que se puede ir a la cama con la seguridad de que, al menos, una persona, tomó conciencia de que la corrupción mata, empobrece y envilece a una sociedad como la hondureña, que a 500 años de estar siendo saqueada por los sátrapas de turno, tiene muchas riquezas.

A esta hora, las hienas celebran -según ellos- que un amoral y corrupto Poder Judicial propinó un artero golpe a quien los evidenció. Festejan en sus fastuosas viviendas, inmersos en el océano de la mediocridad creyendo que David estará por mucho tiempo sin atacarlos, ignorando que la suerte de ellos ya está echada desde hace demasiados días.

No saben los ilusos que ese golpe artero no ha movido siquiera un milímetro las convicciones, tanto de este experimentado comunicador como de quienes lo acompañan en el proceso de forjar una auténtica y sólida institucinalidad que, por ahora, la detentan los facciosos cuan botín de guerra; tampoco entienden que estos valladares nos ponen a prueba y que las resistimos con estoicismo espartano porque tenemos claro que son pasajeras, pero dolorosas, breves, pero que dejan lecciones para la vida.

Ni en las más cruentas tiranías del cono sur de los sesentas y setentas y las modernas democraduras (híbrido de dictadura y democracia) de Asia Central como Uzbekistán o Turkmenistán o en la islámica Irán se han visto semejantes atrocidades contra la prensa como la condena a 10 años contra el director de Radio GloboConfidencialHN por poner en evidencia cómo funcionó un todopoderoso bufete y sus redes de influencias corruptas dentro del Ministerio Público que le valieron una absurda e insulsa querella, siendo aprovechada por el orlandismo para neutralizarlo y ponerlo en las garras de la parca. El mensaje es claro para todos, ¡sin excepción!: o te alineás con nosotros o te destruimos.

Tal consecuencia nos está mandando a la era de los trogloditas, bueno, desde 2009 involucionamos a un ritmo sorprendente. Desde que la institucionalidad fue bombardeada por tiranos y sus adláteres, tenemos más de 70 perdiodistas asesinados y ninguno de sus verdugos está en la cárcel; hay colegas judicializados, otros perseguidos como David, quien siempre entendió las consecuencias de enfrentar un poder corrupto y mafioso, que está empleando cuanto recurso tiene a mano para no verse vulnerable ni perseguido en el futuro cercano.

De eso, siempre ha sido consciente David y decidió irse de frente. A los mediocres, traidores, corruptos y mafiosos les ofende la luz y la verdad que consagra el periodismo libre y sin condiciones.

En estas horas bajas, donde la envidia, cuan carcoma, salta por los aires de una pobrísima y efímera perversidad y la podredumbre espiritual y la codicia porque los corruptos creen que silenció al mensajero, pero ellos deberían saber que la bola de nieve comenzó a correr y no se detendrá. No es venganza, ni retaliación, es la justicia que, a fin de cuentas, dará a cada quien lo que se merece. La historia se encargará de ello. Hay que dejar claro que estas líneas apretadas las debería escribir nuestro director, quien por ahora no podrá hacerlo por la cacería del orlandismo, pero queremos mandar un mensaje fuerte: ¡Acá nadie se rinde!

¡Todos somos David!

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