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“EEUU” restringe visas a corruptos de Guatemala, Honduras y El Salvador

Por : Juan Alfaro Posadas

El Departamento de Estado de Estados Unidos, haciendo uso de su autonomía, decidió restringir visas a los corruptos de Guatemala, Honduras y El Salvador, con vistas a mejorar las condiciones políticas, económicas y de seguridad de los pueblos de esos países.

La decisión la tomó el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony J. Blinken, el pasado miércoles 4 de agosto de 2021, tras comprobarse que tales mejoras “se topan con los obstáculos que representan la corrupción y la impunidad”.

Blinken sostiene que “la falta de gobernabilidad sólida menoscaba los talentos y los recursos de las personas guatemaltecas, hondureñas y salvadoreñas, frustra su posibilidad de forjar un futuro y motiva a algunos a abandonar sus hogares y embarcarse en el peligroso camino de la migración irregular hacia la frontera de Estados Unidos”.

En su declaración, el jefe de la diplomacia estadounidense señala con propiedad que las empresas privadas mencionan la corrupción como un “impedimento para las inversiones”.

Asimismo, apunta que “la fragilidad de las instituciones democráticas, combinada con la impunidad generalizada, ha mellado la confianza de los ciudadanos en sus gobiernos y en la independencia de los sistemas judiciales”.

Aplaudimos esta decisión de la administración Biden, pero al mismo tiempo cuestionamos el hecho que se actúe con doble moral, al apoyar a regímenes como el de Juan Orlando Hernández Alvarado, que ha sido señalado por la propia Fiscalía de Nueva York, de tener vínculos con el narcotráfico y de auspiciar la deshonestidad.

Asimismo, no podemos ocultar que Estados unidos viene a poner el grito en el cielo hasta ahora, porque se ve afectado por las migraciones irregulares de compatriotas y de otras nacionalidades que atraviesan nuestro territorio para llegar a las entrañas del Tío Sam.

La corrupción tiene su raíz en las dictaduras militares, que los mismos Estados Unidos planificaron, instalaron, financiaron y sostuvieron, y que luego dieron paso a las administraciones civiles, caracterizadas como mucho más corruptas.

Particularmente, en Honduras la corrupción se ha visto acrecentada, a partir del golpe de Estado del domingo 28 de junio de 2009 contra el gobierno legítimo del Presidente liberal, José Manuel Zelaya Rosales, ahora coordinador general y fundador del Partido Libertad y Refundación (LIBRE).

Esa corrupción — la más alta en la historia de Honduras–, se ha dado en los últimos doce años, bajo el gobierno de Porfirio “Pepe” Lobo Sosa (2010-2014) y el de Hernández Alvarado (2014-2022).

Recientemente se publicó la llamada lista Engel, donde se nomina a 21 personas, consideradas “altamente corruptas”, pero falta la de los gigantes, que deberá encabezar el que usurpa los destinos del país, sus más cercanos colaboradores civiles, políticos, del poder Judicial, diputados, de las cúpulas militar, policial, religiosos y de otros sectores de la sociedad.

Así que el gobierno del norte debe ser más amplio en señalar las distintas categorías de corruptos y actuar radicalmente contra ellos, para que haya una profilaxis social y construir un nuevo país.

También, contribuir con el bienestar de las amplias mayorías postergadas, aproximarnos a la auténtica democracia, tener verdadera seguridad, justicia, empleo y paz, para que haya desarrollo y progreso para todos.

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