El demonio y su reino

(Por César Indiano) El demonio que en noviembre del 2017 decidió secuestrar un país mediante un fraude vil y descarado, ha ido consolidando después de aquella fecha una sólida y entrenada estructura de control para blindar, cuidar y perpetrar su tiranía.

Hoy el demonio es a parte de millonario, uno de los caudillos más siniestros y nefastos de Centroamérica. Su incalculable fortuna la cual ha distribuido y lavado de forma estratégica entre las manos de su extenso clan familiar, la ha amasado en los recientes 10 años. Su codicia desmedida combinada con una vulgar megalomanía partidaria no tiene límites y fuera de su clan (al cual somete, adiestra y domestica) ha establecido una sólida estructura militar y policial que también se ha enriquecido en nombre de un despotismo brutal que no tiene parangón en la historia reciente de Honduras.

El demonio preparó con audacia de artista, todas las calamidades que ahora sufre un país altamente empobrecido, envilecido y arruinado. Comenzó su oscura carrera política desde el lugar idóneo: el congreso. Desde ahí este genio tenebroso comenzó a estudiar la debilidad institucional de un país que jamás tensó las cuerdas de sus procedimientos electorales y administrativos.

La forma en que el demonio fue trabajando la mente de toda “la clase política” – la cual es voraz y miedosa aparte de folclórica – asusta. Pero la manera en que fue cortando cabezas dentro de su propio organismo partidario, no asusta, horroriza. Con destreza fríamente calculada, desmontó las aspiraciones presidenciales de Ricardo Álvarez Arias, de María Antonieta Guillén, de Mauricio Oliva, de Fito Irías Navas y del Rafael Leonardo Callejas al cual no sólo vendió, si no que le amputó las piernas mediante una maniobra judicial que ni los mismos gringos captaron o entendieron.

Todos los seguidores del Partido Nacional el cual dejó de ser un instituto político para transformarse en un órgano opresor agachan la cabeza ante los desmanes de este caudillo tenaz que cambió todas las reglas del juego para establecer un pequeño reinado demoníaco. Tras bambalinas, algunos correligionarios de baja escala creen que la candidatura de Tito Asfura (actual alcalde de Tegucigalpa) sería como una tabla de salvación para un órgano partidario que ahora enfrenta la disyuntiva histórica de recuperar la sensatez política o volverse una secta criminal. De todas maneras, esto de lanzar la candidatura de Tito Asfura pasa por el viejo dilema de quien le pone el cascabel al gato. Por lo visto el demonio no acepta ningún tipo de empatía popular dentro de su patio y Asfura – que no es político si no únicamente un constructor – prefiere no sacar la cabeza de un vagón que viaja hacia el abismo.

No es fácil combatir al demonio. Su innata habilidad para jugar con el pánico de los empresarios (los cuales son vulnerables pues son peces que no pueden vivir fuera de la turbia agua estatal) y su destreza para crear redes de distracción, desinformación y engaño utilizando las tarifadas y atemorizadas estructuras periodísticas de un país controlado con marmajas bajo la mesa, sorprende.

La reciente captura de David Romero Ellner quien se rebeló en caída libre y subestimó el espíritu malévolo del régimen, demuestra no únicamente la bestialidad de los órganos policiales que sirven al demonio si no, también, la fuerza desmedida que este sujeto podría activar contra todo aquel que se le oponga. ¡Ay de aquel periodista, empresario o reportero que murmure algo contra el demonio!, más le valdría no haber nacido.

Consciente de que las diplomacias y las mesas internacionales juegan un papel determinante para su escapismo, el demonio se ha metido en la bolsa a las pobres tontitas Heidi Fulton y Kirstjen Nielsen y ha conseguido lanzar toda la culpa de su tiranía al gran elefante del mal: Donald Trump. El demonio sonríe cuando es atacado por las huestes izquierdistas, pues estos, con sus idiotas razonamientos lo exhiben ante la prensa mundial como un títere o como una víctima; tiene razones de sobra para sonreír porque el papel de títere le encanta y el de víctima le fascina.

A la misma vez les ofrece el cielo y las estrellas a las huestes derechistas, quienes, al ser bobas, le compran el mensaje y le hacen los mandados. Hay que ver con qué desvergüenza el demonio condena la tiranía venezolana y se une – con bríos de tacuazín – a las brigadas humanitarias que envían raciones a los hambrientos de Venezuela.

Nadie en todo el continente americano nota como el demonio, con la astucia de un mago negro, manipula a su antojo y en su propio beneficio la mente distraída de los poderosos y el débil corazón de los desamparados. Al ritmo que va, este demonio va a invadir a Putin y a ponerlo en su sitio, lo creo capaz. Bukele – quien ya ha trazado una línea de repudio para este mal vecino – no sabe que está jugando con fuego pues el demonio va a aprovechar este chance para revivir viejas heridas y presentarse ante el mundo como “patriota ofendido”.

Y, para terminar, el demonio ha conseguido que la confraternidad evangélica en peso y que toda la grey católica en pleno, lo adoren y lo veneren. Gracias a sus audacias seductoras y a su porte de pequeño sargento refinado, los curas y los pastores lo reverencian como a un nuevo rey de reyes. Todos los religiosos degenerados de ese pobre país indefenso han cerrado filas para idolatrar al nuevo señor de señores.

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