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El designio de Pilato

(Por Filiberto Guevara Juárez) Quizá, el relato más completo sobre la pasión muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo que, mejor se aproxima a lo sucedido al respecto, es el contenido en el evangelio atribuido a San Juan, el “discípulo amado por Jesús”, y que a la vez, es presentado en la introducción al evangelio de San Juan, en la Biblia de Jerusalén, con la garantía de un testigo Anónimo, “el discípulo que Jesús amaba”, y que tomó parte en el drama de la pasión.

Es por eso, que si se pretende conocer un poco más a profundidad sobre la participación del Gobernador (Procurador) Romano de Judea de esos tiempos: Poncio Pilato; es mejor basarse en dicho evangelio no sinóptico y, complementarlo con los otros tres evangelios sinópticos de San Mateo, San Marcos y San Lucas. Para el caso llama la atención que el evangelio de San Mateo, da a conocer que cuando Pilato estaba sentado en el tribunal, su mujer (esposa) manda a decirle: “no te metas con ese justo, por que hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”, lo que deja entrever que la mujer de Pilato estaba informada de las actuaciones del Señor Jesucristo, o bien, había formado parte de la personas que escucharon en una o varias oportunidades las eternas palabras de Jesucristo.

Dicha mujer piadosa como tal, indudablemente ejercía algún tipo de influencia sobre Pilato, porque según todos las relatos de los cuatro evangelistas, desde mucho antes que su mujer le advirtiera, Pilato siempre reconoció a Jesús como inocente, más aún , Pilato se encontraba sorprendido del silencio imponente de Jesús ante las falsas acusaciones de los sacerdotes y ancianos del pueblo Judío y, en la medida que las circunstancias del Juicio lo obligaban a interrogar a Jesús, más se daba cuenta de su inocencia y grandeza, al grado tal, que lo reconoce como Rey y específicamente: “Rey de los Judíos”. Es por eso, que cuando las autoridades judías le reclaman por qué en la causa de muerte había escrito en latín, hebreo y griego sobre la parte alta de la cruz: Jesús Nazareno Rey de los Judíos.” Entonces Pilato con convicción les dice: “lo que he escrito, he escrito”.

Ahora bien, la mayoría de los que dicen ser cristianos, lo que más recuerdan es lo que sucede al final del azaroso Juicio, que duró desde la madrugada de ese día, hasta la hora sexta (tres de la tarde), referente a que Pilato se lava las manos en público y se declara inocente de culpa, que a la vez, es aceptada por los Judíos, al extremo tal de involucrar a sus hijos. Debe recordarse además que, Jesús le había dicho a Pilato:”El que me ha entregado a ti tiene mayor pecado”. Esto es así, porque además debería cumplirse lo que Jesús había aceptado en su doloroso trance en el Huerto de Getsemaní (Monte de los Olivos) que lo hizo transpirar gotas de sangre; pero que al final Él acepta el designio divino sobre su pasión y muerte, contemplado en las sagradas escrituras Judías.

El evangelista San Juan, deja bien claro también, que Pilato mandó a azotar a Jesús, como parte de una última estrategia para liberarle después, dando por concluido todo juicio diciendo: “mirad os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él”. El evangelista relata este hecho, de la siguiente manera: “Jesús entonces salió fuera llevando la corona de espinas y el manto púrpura”. Díceles también Pilato: “aquí tenéis al hombre”. Indudablemente que Pilato vió claramente al auténtico hombre, en Jesús, al justo, al Rey, y probablemente le asaltó el temor de estar frente el Hijo de Dios. Que no se olvide además, que al morir Jesús en la cruz, fue un centurión Romano el que también exclamó: ¡realmente este era el Hijo de Dios! Después de la ignominiosa muerte de Jesús, Pilato también se muestra piadoso al entregar el cuerpo de Jesús a su discípulo Judío, el también piadoso José de Arimatea, para que recibiera digna sepultura en un sepulcro nuevo.

Pilato resulta ser también un gran referente histórico de la existencia de Jesús, al grado tal que en el Credo católico, en toda misa celebrada se ha repetido, se repite y se repetirá: …“y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato…”. En dicho sentido también al permitir Pilato, que la guardia al sepulcro de Jesús, solicitada por los judíos se hiciera efectiva, apoya al hecho histórico de la resurrección de Jesucristo, en el cual se fundamenta la fe cristiana, ya que San Pablo amonesta a los primeros cristianos de Corinto en ese sentido, de la siguiente manera: “Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo vacía es vuestra predicación, vacía también vuestra fe…”.

La personalidad y actuación de Pilato en el drama, de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, ha sido notablemente afectada negativamente, al recaer sobre él principalmente la culpa de la muerte de Jesús, marcada por el prejuicio de que Pilato actuó hipócritamente al lavarse las manos, declarándose inocente de toda culpa de la condenación a muerte en cruz de Jesús, cometiéndose por lo tanto un error de juicio histórico, ya que fue la perfidia de algunos judíos (no todos) presentes en aquel ignominioso juicio a un inocente, lo que realmente consumó tal vileza humana.

Se puede concluir entonces, que Poncio Pilato vivió un designio divino, debido a que tenía que cumplirse la escritura judía con respecto a la forma de muerte de nuestro Señor Jesucristo.

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