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El dilema para EE.UU.: ¿Se queda o no con Juan Orlando Hernández?

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Son las horas más “duras” para Juan Orlando Hernández y la embajada de EE.UU.: ¿Seguirán con el maridaje o “Tony” será el eslabón débil de esa cadena que mantiene la relación carnal entre ambos? El “lanzamiento” para la reelección del titular del Ejecutivo hondureño ha sido una demostración de fuerza, no para una debilitada y contradictoria oposición, sino para EE.UU. que tiene en la mira a uno de los miembros del “clan de Lempira” ya que sigue siendo de interés por sus nexos con el narcotráfico.

Entre ambos sujetos hay fuertes recelos y desconfianzas, suspicacias y ansias por seguir manteniendo una relación amor-odio. Y es que Hernández necesita de Washington para proseguir su agenda continuista y neoliberal; el Departamento de Estado necesita en Honduras un hombre débil, pusilánime y tirano como JOH, pues sabe que la nación es el portaaviones del Comando Sur para seguir con su proyecto de restauración conservadora en América Latina y, si todos los guiones fallan, tienen aún bajo su poder la base militar de Palmerola, para “intervenir” en “defensa de la democracia”.

NO CONVENCEN. Desde todas las opiniones recabadas por este periódico hay posturas encontradas respecto a esa relación. Algunos consideran que a EE.UU. no le queda más alternativa que seguir respaldando a Hernández porque los outsiders como el liberal Luis Zelaya no convence a los intereses hegemónicos, por tanto, Hernández seguirá siendo el “más confiable”.

Gabriela Núñez, que ha sido afín a los intereses norteamericanos, no logra despertar el interés de la diplomacia yanqui para que recibir el respaldo incondicional que le permita agenciarse de la nominación presidencial en noviembre de 2017. Si eso pasara, le abriría las puertas de par en par y, por tanto, su triunfo sería indiscutible. Pero tiene un lastre heredado del golpe de Estado del 28 de junio de 2009.

No creen en Nasralla, pues lo ven “alocado”; ni en Xiomara Castro, ya que siguen teniendo recelo de Manuel Zelaya y lo tuvieron que echar de la silla presidencial hace siete años porque coqueteó con la izquierda. Quien ha seguido a pie juntillas las crudas reformas neoliberales, terapia de shock y el recrudecimiento de la pobreza y violencia ha sido Juan Orlando Hernández, el incondicional aliado que, a pesar de la corrupción por el saqueo al Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) y otros en los que se vincula a su familia, aunque tiene un serio talón de Aquiles: su hermano incómodo Tony Hernández.

Las nuevas declaraciones del exasesor presidencial y cuadro de confianza de JOH, Marvin Ponce, no son por mera casualidad, es el resultado de una serie de miedos y temores de la cúpula nacionalista y que a través de la jerigonza que suele decir Ponce a los medios es, para los dirigentes azules, como una forma de «curarse en salud» y hasta una estrategia para predisponer a los activistas nacionalistas que salgan al rescate de sus cuadros embarrados en la narcoactividad.

¿LA PIEZA DE CAMBIO? El incómodo Tony puede ser el factor decisivo para la caída del régimen neoliberal. Un análisis de la revista especializada en delincuencia y criminalidad organizada InSight Crime “el presidente Hernández ha sido hasta la fecha un aliado incondicional de Estados Unidos (…) Pero la extraordinaria serie de revelaciones públicas en los últimos días han puesto al presidente Hernández en una dificilísima posición. Además de vincular a la familia del presidente al tráfico de drogas, las acusaciones tocaron a uno de los aliados más importantes del presidente: las fuerzas armadas del país”.

¿O será que Tony puede ser la pieza de cambio que necesita Hernández para recibir la bendición de la embajada y seguir gobernando? En este extremo hay choque de opiniones de los consultados por ConfidencialHN. Para el pensador político Lenin Alfaro, la demostración que hizo el mandatario el domingo, fue para mandar un mensaje claro a la embajada de EE.UU. e intentar frenar la investigación que puede alcanzar a la familia presidencial, por supuestos nexos con cárteles de la droga, que podría arrojar peligrosas sorpresas.

“Es por eso que (el presidente del Parlamento) Mauricio Oliva mandó a decir a EE.UU. que no se entrometieran en los asuntos internos, no es porque haya una autodeterminación, es que se quieren rebelar porque saben que hay investigaciones sobre corrupción y nexos con el narcotráfico”, explica Alfaro.

MOVER EL PALO. En resumidas cuentas, dice el pensador, no habrá reelección porque Washington “moverá el palo”, pues procederá a llevarse a las cabezas visibles del régimen sindicados a la narcoactividad y significará un fortísimo golpe contra el mandatario.

“¿Cómo será el movimiento del palo? –prosiguió– que EE.UU. no está con la reelección porque no quiere lidiar con otro mandatario que repite gobierno, por eso es que muy pronto veremos cómo algunos ‘peces gordos’ serán llevados y es un mensaje claro para que Juan Orlando no se reelija”.

Al fin y al cabo, todo está dado para que el régimen prosiga, la fraudulenta institucionalidad está instalada y nada ha cambiado, quizá la forma, no así el fondo que permitirá que Hernández gane los comicios sin la mínima resistencia y EE.UU. es el factor clave que decidirá si su hombre se queda otro periodo o, sino, iniciará muy pronto y de manera inesperada una verdadera “fritanga de peces gordos” que podría beneficiar al Partido Liberal.

A la larga, la finalidad de EE.UU. es seguir preservando el orden establecido.

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