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El honor de trabajar con el «Padre Melo»

(Por: Sandra Marybel Sánchez) Nada más hermoso e inspirador que trabajar en lo que se ama. El trabajo deja de ser un peso que hay que soportar o una obligación que hay que cumplir, y abre avenidas de realización personal y colectiva. ¡Nada tan maravilloso como llevar el pan a la mesa construyendo el bienestar común!

Así nos sentimos quienes trabajamos junto al Padre Ismael Moreno en Radio Progreso y el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC), esas dos obras de la Compañía de Jesús, que tienen como eje central el servicio a la humanidad de esta nuestra Honduras. Ser parte de ese equipo es motivo de orgullo del bueno, pero también de un gran compromiso.

Melo, como le decimos cariñosamente, es una persona con una inmensidad y profundidad de conocimiento que ya quisiéramos muchos tener, pero sobre todo, un ser humano extremadamente humilde y sensible, que siempre se coloca del lado de las víctimas de un sistema que progresivamente nos va despojando de todo, incluso del derecho a vivir.

En Radio Progreso y el ERIC las decisiones más relevantes de la vida institucional, son colectivas. Todas y todos los que allí trabajamos, podemos y tenemos algo que decir. Y quien está al frente de ambos equipos no es un gerente que ve a sus compañeros de trabajo por encima del hombro, es un líder al que queremos y respetamos, porque siempre está al frente, sin importar los riesgos. ¡Enseña con su ejemplo!

Lo conocí hace cerca de dos décadas. Antes solo sabía de oídas de la existencia de un tal Padre Melo allá en la zona norte del país, un sacerdote jesuita al que la gente quería mucho, especialmente los campesinos de la zona del Bajo Aguán, que encontraron en él, no sólo a un pastor que entendía y compartía sus dolores y les animaba a no darse por vencidos, sino también a un amigo y gran defensor de sus derechos.

Lo mismo me pasó a mí. Por ese tiempo enfrentaba en los tribunales la demanda de un reconocido e influyente político, por supuestos delitos cometidos al denunciar sus actos de corrupción. Sin conocerme, más que por mi trabajo en la radio en la que trabajaba, Melo envió a una persona de su confianza desde allá, a manifestarme que podía contar incondicionalmente con su solidaridad, a pedirme que no desfalleciera, que había hecho lo correcto, que era una tarea ineludible exhibir a los corruptos que le roban las esperanzas a nuestro pueblo.

“El triunfo del verdadero hombre, surge de las cenizas de su error”: Pablo Neruda.

Desde entonces está allí, como ese referente ético que todos necesitamos para no perder el piso, para no olvidar que las oportunidades que hemos tenido son un privilegio, mientras la enorme mayoría de nuestro empobrecido y sufrido pueblo, sobrevive en condiciones calamitosas, en el país más desigual de América Latina.

Melo es un hombre de paz. Me conmueve infinitamente su ecuanimidad cuando enfrenta situaciones que a muchos nos harían explotar, y que aún en esas circunstancias siga siendo tan generoso. Eso sólo se logra cuando se está en paz consigo mismo, cuando hay coherencia entre el decir y el hacer, y cuando lo que se hace, no es para beneficio personal, sino para el bienestar colectivo de un pueblo al que poco a poco se le van cerrando todas las puertas.

Por eso, ¡ni lanzando toneladas de cieno, podrán destruir la imagen de quien se ha forjado el respeto con base en el ejemplo, con derroche de humanidad, y más humanidad, y más humanidad!

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