HomeNacional“El Pozo” aspira a parecerse al “Alcatraz de las Rocosas” y el “altiplano” mexicano

“El Pozo” aspira a parecerse al “Alcatraz de las Rocosas” y el “altiplano” mexicano

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El gobierno hondureño se ha congratulado de haber mandado a construir una de las cárceles de ultra alta seguridad que existen en Centroamérica: el penal de la occidental comunidad de Ilama, Santa Bárbara.

Al ser un gobierno de corte pro estadounidense, ha edificado la cárcel –mal llamada “el Pozo” –, que aspira a parecerse al temible complejo penitenciario “ADX Supermax”, ubicado en el frio estado de Colorado, donde se encuentran los más temidos terroristas, espías y matones de guardias penitenciarios y reos que han sido confinados por la implacable justicia norteamericana, incluyendo poderosos narcotraficantes que hasta se enquistaron en los gobiernos débiles del hemisferio norte.

El complejo penitenciario, que queda a unos kilómetros de la apacible Ilama, ya es visto como algo jamás construido por gobierno alguno y hasta se podrían rodar películas como “Escape de Alcatraz” de 1962 y otras que, escritores como Steven Spielberg o Roman Polansky sacarían provecho y les dejaría cuantiosas ganancias.

“Si los mandan al Pozo, les aseguro que no se van a poder escapar de ahí”, dice una nota informativa elaborada por el equipo de prensa de Casa Presidencial en fecha reciente y que fue reproducida de manera casi fiel por todos los medios, sin quitar siquiera un punto y coma.

El oficial de alto rango a cargo de la seguridad –prosigue el escrito– retira sus lentes de sol, se escurre una que otra gota de sudor que comienza a rodar por los surcos de su frente y enfatiza: “esto es máxima seguridad, de aquí no se van”.

De pronto, les dice a los periodistas que llegaron a contemplar el traslado de los más peligrosos criminales que la unidad carcelaria tiene cuatro torreones, a 100 metros uno del otro, “desde ahí tenemos una visión del 100 por ciento, vigilancia las 24 horas; llegar hasta esta zona ya sería un suicidio”.

De paso, esta cárcel quiere parecerse al otrora seguro, pero fortificado Centro Federal de Readaptación Social 1 (Cefereso) ubicado a 80 kilómetros de Ciudad de México, de donde huyó un día de 2015 el sanguinario capo Joaquín Guzmán Loera “el Chapo”.

Ese penal, que alberga a los más feroces criminales mexicanos y tiene capacidad para 735 prisioneros, fue socavado por la poderosa mafia que aún controla Guzmán, detenido en una cárcel fronteriza con EE.UU. a la espera de ser extraditado por delincuencia organizada y dejó en evidencia cómo el narcotráfico tiene control sobre uno de los sistemas penitenciarios más eficientes de América Latina.

Quizá el “Altiplano”, como se le conoce, no tenga los más modernos sistemas de control de reos como los tiene el Pozo, pero el nuevo penal quiere tener más semejanzas con el “Alcatraz de las Rocosas”, donde una vez estuvo preso el hondureño Ramón Mata Ballesteros y guardan cadena perpetua los más crueles jefes de cárteles mexicanos, quienes lograron establecer fuertes nexos con la clase política de ese país y extendieron sus tentáculos a Centroamérica, en particular, a Honduras, un Estado con graves falencias institucionales y fuertemente permeada por el crimen.

Respecto a la cárcel mandada a construir por el régimen, es de ultra alta seguridad, con capacidad para 1,440 reos –y en un lugar con menor espacio respecto al penal del Altiplano– y la unidad de extremo aislamiento cuenta con una capacidad para 80 personas.

Cuenta con lo último en tecnología: cámaras de ultra alta definición, sistemas de reconocimiento y otros que hacen –en teoría– que los prisioneros más peligrosos puedan escabullirse.

Cada celda donde están recluidos los reos confinados, tiene apenas una cama, un retrete de aluminio reforzado, un espejo metálico muy pulido y tiene luz artificial; ya no pueden ver la luz del día y pierden la noción del tiempo quienes se encuentran recluidos.

De hecho, narran los medios, se ha escuchado los reclamos de los criminales en confinamiento solitario que tienen muchas restricciones y hasta han pedido hablar con el director de la cárcel, extremo que no ha ocurrido –ni ocurrirá– porque apenas tienen contacto con los guardias penitenciarios, quienes tienen prohibido entablar cualquier tipo de relación y deben cumplir la misión de tenerlos en absoluta soledad.

“A 72 horas de su reclusión en El Pozo, muchos han comenzado a desear no haber nacido y no haber derramado sangre inocente del pueblo hondureño”, escribió uno de los relacionistas públicos de Casa Presidencial.

“La advertencia del Gobierno había sido clara en el sentido de que solo hay dos caminos: El bueno, que es vivir en paz y trabajar honestamente, y el malo, que es delinquir, ser capturados y encarcelados”, dice con vehemencia el redactor.

En el Pozo, prosigue el artículo, los 37 reos permanecen en celdas de dos por dos metros, sin luz solar y artificial, con overoles anaranjados, pelo rapado, sin joyas ni libros, sin derecho a visitas y recibiendo únicamente sus tres tiempos de comida y una hora de luz solar al día. “Esto es un infierno, sáquennos de aquí”, decían los reos tan solo 24 horas después de su aislamiento. Esta clase de confinamiento hace que los presos pierdan la noción del tiempo.

En el Pozo los reclusos no podrán leer siquiera libros, ni ver televisión; en el caso de la cárcel norteamericana, tienen un aparato empotrado a la pared y sólo pueden ver programas religiosos o de interés general, según una descripción que realiza la cadena CNN en Español.

Cada celda tiene capacidad para dos personas; el presidente Hernández ha pedido que, por ahora, sólo haya un reo por cada cubículo blindado; en caso que el Pozo  opere a capacidad  plena, puede provocar hasta crisis por hacinamiento. Aunque el gobierno asegura que cumple con normas internacionales, las demandas y reclamos de organismos extranjeros están a la vuelta.

«ADX en sí se ha convertido casi en su totalidad en una instalación de ‘confinamiento’ en la que los presos están encerrados en celdas de aislamiento todo el tiempo, a excepción de un par de horas a la semana», ha manifestado Amnistía Internacional en un informe del 2014 titulado: «Sepultados: Aislamiento en el Sistema Penitenciario Federal de Estados Unidos».

En un juicio de acción popular del 2012 contra la Agencia Federal de Prisiones se dijo que «años de aislamiento, sin contacto directo y sin restricciones con otros seres humanos» hacen que algunos internos de ADX —particularmente aquellos con enfermedades mentales graves— sufran «una pérdida fundamental incluso de las habilidades básicas sociales y comportamientos de adaptación». «Como es de esperar, ellos se vuelven paranoicos en cuanto a los motivos e intenciones de los demás».

«Una vez son puestos en contacto sin restricciones con otros hombres paranoicos y con la misma discapacidad, la presión sobre los presos —incluso aquellos que no tienen ninguna enfermedad mental— puede ser extrema. Las agresiones y apuñalamientos son comunes».

Muchos presos de ADX «gimen, gritan y golpean las paredes de sus celdas interminablemente», dice la demanda. «Algunos mutilan sus cuerpos con navajas, fragmentos de vidrio, huesos de pollo afilados, utensilios para escribir y con cualquier otro objeto que puedan obtener. Algunos se tragan hojas de afeitar, cortaúñas, partes de radios y televisores, vidrios rotos y otros objetos peligrosos».

«No se puede subestimar el impacto devastador que el aislamiento pueden tener sobre el bienestar mental y físico de un preso. Este tipo de duros tratamientos ocurren como práctica diaria en Estados Unidos y violan el derecho internacional», indicó Erika Guevara-Rosas, la directora del programa de AI para las Américas.

El informe explora el impacto físico y psicológico que el confinamiento en celdas aisladas tiene sobre los prisioneros.Esas prácticas provocaron que algunos de los presos hayan terminado infligiéndose daño o suicidándose,  aseguró AI según consignó la agencia de noticias EFE.

Algunos de los síntomas de este aislamiento durante períodos prolongados incluyen ansiedad, depresión, insomnio, hipertensión, paranoia extrema, distorsiones perceptivas y psicosis.

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