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El TSE perdió credibilidad

(Por Edmundo Orellana) El TSE ha actuado irresponsablemente en el manejo de este proceso electoral y las declaraciones de su presidente para explicar las extrañas incidencias ocurridas en el mismo, son, unas, incomprensibles, y otras, las más, absurdas. Esa incapacidad de construir ideas y torpeza para articular las que medianamente construye, además de causar hilaridad y confusión en el extranjero, nos llena de vergüenza, porque, allende las fronteras, asumen, siendo que le confiamos tan alto cargo, que los hondureños tenemos las mismas limitaciones de entendimiento. Ese es el precio de nombrar, en altos cargos, a quien no tiene más mérito que ser un “hombre de partido”.

Si las cosas quedaran aquí, no pasaría de ser un episodio más, digno de ocupar un espacio destacado en la galería del absurdo que hemos venido formando a lo largo de nuestra historia moderna. Pero no es así. Porque el pueblo hondureño rechaza con furia las jerigonzas del presidente del TSE, seguro de que detrás de las mismas se esconde un fraude monumental, urdido en el seno de este.

Esto era previsible. El ambiente que precedió al proceso electoral se enrareció desde que el presidente fue, inconstitucionalmente, habilitado para promover, no la reelección, sino el continuismo, porque, otra cosa no es, el aspirar a un período sucesivo a la presidencia desde el ejercicio de esta, disponiendo de todos los recursos que el poder ofrece, incluido el acomodo de leyes para tipificar como terrorismo cualquier protesta, incluidas las antirreeleccionistas, que pueden ser, por ese acomodo de leyes, legalmente reprimidas, no solo mediante elementos uniformados de las fuerzas armadas y de la Policía, sino también con fiscales, quienes deben promover las acciones, y jueces, a quienes corresponde juzgar esas transgresiones a las leyes acomodadas a la pretensión del gobernante.

Toda la institucionalidad represora del Estado a disposición del presidente para que, con el dinero de los contribuyentes, defienda el inconstitucional proyecto continuista, aplicando la ley que, sospechosamente, recién se aprobó. Esta es la versión de democracia y de justicia que opera en Honduras.

En este contexto tan crispado, el TSE, sin reparar en las consecuencias, interrumpe, injustificadamente, el procesamiento de los datos en el momento en que la tendencia favorece a Nasralla, para luego reanudarlo con una ventaja considerable a favor del continuismo, lo que genera, en el imaginario popular, la idea de que el TSE, en lugar de proteger el voto ciudadano, está forzando los resultados de la elección para favorecer al presidente-candidato. Para el hondureño el TSE, irrespetando el voto popular, ha practicado un fraude monstruoso.

En estas circunstancias, solo aquellos de quienes se sirve para gobernar aceptarían pasivamente la declaración del TSE favoreciendo al presidente-candidato. El resto del pueblo, incluyendo a muchos nacionalistas, que se sienten excluidos de este gobierno, no aceptarían esos resultados, y habrá quienes, seguramente, se lanzarían a la calle para protestar contra lo que, sin duda, sería un nuevo golpe de Estado estilo Honduras.

El TSE es rechazado por la mayoría de la población. Perdió credibilidad en lo que hace y la confianza del pueblo hondureño.

No obstante, es evidente que está siendo forzado por el presidente-candidato para que lo declare vencedor en estas elecciones, abusando de su condición de autoridad suprema del Estado. Prueba irrefutable de que esta campaña ha sido inequitativa, por la privilegiada posición del presidente-candidato y porque está en capacidad de ordenar a los titulares del TSE, como si de sus subordinados se tratase. Lo está haciendo sin importarle la opinión de los observadores de la Unión Europea y de la OEA, quienes han señalado graves irregularidades del proceso y recomendado que se agote cuanto recurso sea necesario para encontrar una solución que sea producto del diálogo, la transparencia y la credibilidad, sin descartar la práctica de nuevas elecciones.

Los responsables de este desbarajuste son los titulares del TSE, quienes, seguramente, ya perdieron la confianza de sus propios representados. Es difícil creer que el PN esté contento con el papelote de su representante, que tan mal ha hecho el mandado (tiene mala suerte el presidente con sus mandaderos, uno, el del Consejo de la Judicatura, hasta en la cárcel está) y no creo que el PL lo esté con el suyo, que ha lucido muy complaciente con su compañero de escuela y de juegos infantiles allá en las tierras del cacique Lempira. Son el problema y, en consecuencia, ya no son idóneos para lo que sigue, el proceso de encontrar soluciones.

Hay que buscarle, entonces, una solución en la que no participen los actuales representantes de partidos ante el TSE, porque cualquier resultado que estos declaren oficialmente estará desprovisto de credibilidad. Muchas propuestas están en la mesa de un posible diálogo. A escoger, entonces, la que sea más conveniente para Honduras.

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