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Elecciones estilo Honduras

(Por Erick Tejeda) Esta frase -“Elecciones estilo Honduras”-, repetida tautológicamente cada vez que un proceso electoral se vislumbra en el horizonte nacional, encierra y está  provista, de varias taras mentales que terminan por moldear ciertos complejos inherentes a la baja autoestima de la sociedad hondureña, pero, que, lamentablemente, son reflejo también, de una historia política marcada por el irrespeto absoluto a las instituciones denominadas democráticas y las reglas del juego que deberían de regir el ajedrez político del país.

El término (“Elecciones estilo Honduras”), surgió- según reza la leyenda-, cuando el General López Arellano, en 1965, pretendió legalizar su mandato (ya que había propinado un sendo golpe de Estado dos años atrás a Villeda Morales) mediante las urnas. El proceso contó aparentemente con la alevosa intervención de las Fuerzas Armadas: se intimidaron votantes, hubo robo de urnas, ánforas electorales copadas con votos falsos, detención de activistas de la oposición,  retención ilegal y golpeo de miembros del Partido Liberal [1]. Como consecuencia de lo antes descrito, un noticiero estadounidense se refirió a los comicios como “Elecciones estilo Honduras”, designación que permite entrever  un dejo de tercermundismo e incivilización al momento de desarrollar una gesta electoral. Durante finales de los setentas y parte de los ochentas,  varios países centroamericanos se vieron sumergidos en sendos conflictos bélicos de carácter civil, Honduras, por su lado, se erigió como el centro de operaciones contrainsurgente del  cual emanaban las directrices del departamento de estado para aplacar estas insurrecciones con tintes Marxistas en los países vecinos; a lo interno, desde 1982 hasta la fecha, cada cuatro años, inexorablemente, se realizan elecciones generales-inclusive en pleno golpe de estado del 2009-, pero, el torbellino electorero, el vórtice politiquero, en realidad nunca se detiene y los politicastros de oficio se dedican exclusivamente a politiquear y ven al ejercicio político como un cómodo modus vivendi. Honduras ha vivido desde entonces en una perpetua campaña política, donde los mismos que gobiernan prometen que van a cambiar, y, que las cosas van a mejorar, la esperanza nunca envejece en la tierra de Lempira; gracias, a esa inercia electoral que jamás parece detenerse.

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El nivel del debate político en Honduras es terriblemente mediocre, pero esto también es responsabilidad de la sociedad civil en general, nos hemos encerrado en nuestro autismo político y en ventilar nuestro descontento social en mesas afines a nuestros círculos íntimos, la participación ciudadana se ha visto también atropellada por ésta inercia electorera asimilada desde hace mucho tiempo como parte de nuestro ADN político.

Hoy en día, ante la profundización de la crisis económica y social, los mesías emergen a granel y las papeletas electorales cada vez se ensanchan más, pero lo peor, sigue siendo la caravana de cancioncitas ridículas, slogans trillados y la carencia absoluta de propuestas medianamente serias para intentar hacer política con una traza de responsabilidad. Salvo honrosas excepciones, la política-espectáculo en Honduras, ha arrastrado a todo el proceso electoral  a un inmenso concurso de popularidad que más se parece a un certamen de belleza  que a una palestra en donde se debaten los temas torales que afectan agudamente a una sociedad asfixiada por la violencia, el despojo y la miseria. El tono de esta campaña política interna, dice más de la sociedad hondureña que de los que la emiten, sigue machacándonos  entre líneas  y entre dientes- este abominable guion- que el  pueblo catracho sigue cayendo en estas burdas tretas de politiqueros de oficio y que, un rostro estilizado por el Photoshop y un fulano o fulana cualquiera  que rebuzne en frente de un micrófono, es capaz por antonomasia de formar parte del “honorable” Congreso Nacional.

El nivel del debate político en Honduras es terriblemente mediocre, pero esto también es responsabilidad de la sociedad civil en general, nos hemos encerrado en nuestro autismo político y en ventilar nuestro descontento social en mesas afines a nuestros círculos íntimos, la participación ciudadana se ha visto también atropellada por ésta inercia electorera asimilada desde hace mucho tiempo como parte de nuestro ADN político. Es un irrespeto absoluto a la inteligencia del ciudadano, que bajo el contexto de estado fallido y país convulsionado que prevalece y qué, se ha acentuado dramáticamente con el Orlandismo en el poder, los candidatos a ocupar una curul en el Congreso Nacional no tengan nada más que ofrecer que bolsas solidarias y anuncios patéticos que demuestran- además de sus escasos niveles culturales e intelectuales-, la poca consciencia que tienen de la responsabilidad que podría recaer en sus hombros si saliesen electos. ¿De qué le ha servido tanta politiquería  a Honduras? Tantas leyes, tantos foros y tantas campañas electorales. ¿Se ha progresado realmente en términos de participación democrática y participación ciudadana? Se me viene una frase de Foucault a la mente (parafraseando): “La mejor forma de invisibilizar un tema es hablar de él obsesivamente” [2]. Algo así sucede en Honduras, se habla cansinamente de política, pero, ésta no ayuda a resolver con eficacia, ninguno de los problemas estructurales que paulatinamente aniquilan al país.

Las circunstancias actuales demandan más, necesitan mayor compromiso e imaginación de la clase política, la ciudadanía debe de extrapolar esa atmósfera de malestar y descontento a los escenarios políticos donde tengan peso, no podemos seguir siendo arfiles y peones de un siniestro ajedrez político que funciona más como una perpetua maquinaria electorera y no  como un instrumento de  mejorar las condiciones de vida del hondureño. A los políticos, curtidos o nóveles, que no lo entiendan, debe de condenárseles al ostracismo político. No podemos seguir cargando con el pesado yugo de “Elecciones estilo Honduras”, es la fuerza colectiva de la ciudadanía la llamada a dejar esa frase, agazapada, en lo más profundo de los infinitos dominios del olvido.

Referencias:

[1] http://www.elheraldo.hn/alfrente/566483-209/las-elecciones-estilo-honduras-de-1965-y-la-farsa-electoral-de-1956

[2] Michel Foucault. (1977). Historia de la sexualidad I. España: Siglo XXI.

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