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jueves, mayo 19, 2022
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En sus 443 años de existencia, Tegucigalpa exhibe sus cuadros de pobreza y miseria

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Por : Juan Alfaro Posadas

Tegucigalpa cumple este 29 de septiembre sus 443 años de existencia, desde que fuera fundada un 29 de septiembre de 1578 por mineros españoles, que llegaron luego de la conquista de las tierras centroamericanas.

Tegucigalpa no surgió, mediante planificación urbana, sino de manera improvisada y desordenada como un campamento minero, donde llegaban hombres y mujeres de distintas partes del país, en busca de trabajo, y se quedaron de por vida.

Así fue creciendo paulatinamente la antañona Tegucigalpa, con sus calles y avenidas empedradas, diseñadas para el tránsito de personas y de carruajes tirados por caballos o bueyes.

Es por eso que en el centro histórico vemos arterias viales demasiado angostas y sin las respectivas aceras para los peatones.

Tegucigalpa comenzó a cambiar en materia de infraestructura, pero hasta después del 30 de octubre de 1880, cuando el presidente reformador Marco Aurelio Soto trasladó la capital, que desde tiempos de la colonia española, era en la ciudad de Comayagua, departamento del mismo nombre.

Soto trasladó la capital hondureña a Tegucigalpa, por sus intereses mineros, ya que era socio de una de las compañías que explotaban el oro y plata en este lugar y sus alrededores, como San Juancito.

Con el transcurso de los años, y debido a las migraciones de campesinos, obreros, profesionales y comerciantes, procedentes del resto del territorio nacional, la población se multiplicó, y con ello surgieron los problemas de la carencia de agua potable, sistema de alcantarillado sanitario, electricidad, y recolección de la basura.

Ante la llegada de personas desde otras regiones del país, surgieron algunas colonias para clase media, las zonas exclusivas de las élites, y paralelamente, afloraron las favelas o cinturones de miseria de los excluidos del imperante sistema político, social y económico.

Enseguida, se construyeron algunas obras de infraestructura, como puentes, bulevares, pavimentación de arterias viales y apertura de otras.

Asimismo, se edificaron hospitales, universidades, centros de estudio de los niveles parvulario, primario y medio, sistemas de agua potable y alcantarillado sanitario, además de embalses de agua.

Sin embargo, a pesar de todos esos esfuerzos la capital hondureña enfrenta otros desafíos para competir con el resto de capitales de Centroamérica, y ponerla a tono con las demandas del siglo XXI y el nuevo milenio.

Entre esos retos, están la construcción de represas o proyectos de agua para abastecer a la población; generar puestos de trabajo, más escuelas e institutos de secundaria, canchas deportivas, tren de aseo, un programa de reinserción social de los jóvenes infractores y combate frontal a la delincuencia común y organizada.

Lamentablemente, se ha vuelto normal ver baches por doquier, calles y avenidas sin pavimentar, el congestionamiento vial, los grupos de indigentes en semáforos, paradas de buses y en otros puntos estratégicos de la urbe.

Todo eso se da por la falta de capacidad de gestión de los alcaldes, la influencia política partidaria, el clientelismo político, y ante la falta de una verdadera y auténtica planificación urbana.
Una de las obras más importantes que necesita Tegucigalpa, es un sistema de metro, que contribuya al descongestionamiento vial, y la ponga a la altura de otras capitales de Latinoamérica.

Además, se necesita por lo menos, un nuevo anillo periférico y poner orden en todo sentido, de lo contrario, siempre figurará como un “pueblón” iluminado, y tomado por asalto por las bandas de delincuentes, tanto de abajo como de arriba.

Mientras el titular de la Alcaldía del Municipio del Distrito Central (AMDC), Nasry Asfura Zablah, anda en campaña abierta en busca de votos, para conquistar la presidencia del país, las ciudades gemelas de Tegucigalpa y Comayagüela que conforman la capital de la República, siguen sumidas en el atraso y abandono.

Asfura Zablah promete hacer en cuatro años como gobernante en todo el país, lo que no pudo realizar en ocho años en la capital.

Sólo el poder de Dios y la conciencia ciudadana podrán cambiar la principal ciudad de Honduras, eligiendo alcaldes probos, capaces y patriotas. No obstante, para ello es necesario que en las próximas elecciones de noviembre le neguemos el voto a los cachurecos corruptos y ligados a los carteles de la droga.

¡El partido Nacional no tiene autoridad ética y moral, ni legitimidad para continuar al frente del Estado hondureño, después de tanto saqueo en doce años, que ha sumido en la miseria a las grandes mayorías, y para colmo de males, pretende vender a pedazos nuestro territorio de 112 mil 492 kilómetros cuadrados. Que así sea..!

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