viernes, diciembre 4, 2020
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Era de esperar

(Por Víctor Meza) Así es, era de esperar que los sectores más conservadores del país incrementaran sus ataques en contra de la Misión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad (MACCIH), a medida que esta fuera avanzando en su difícil camino para construir una plataforma normativa y técnica que le permita luchar con más eficacia y seguridad en contra de las redes de corrupción que corroen el engranaje estatal y desintegran la estructura ética de la sociedad.

Poco a poco, con el tacto y la prudencia debidas, la MACCIH ha ido poniendo los cimientos de lo que habrá de ser un sistema integral anticorrupción, con jueces apropiados, investigadores fiables, fiscales debidamente certificados y, sobre todo, con una buena dosis de confianza pública y respaldo nacional. En la medida que avanza en el cumplimiento de sus objetivos, las voces que la condenan y rechazan suben su tono y elevan la cuota de agresividad y rechazo. No es casual que así sea. Sus voceros representan los oscuros intereses que precisamente la MACCIH viene a develar y combatir.

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En la medida que las investigaciones encuentren los hilos rojos que atraviesan el ovillo de la corrupción y lleguen hasta sus mismos orígenes, en esa misma medida los vínculos entre la corrupción y la política irán quedando al descubierto y serán revelados en toda su pudrición y hediondez. Ese es el objetivo real de las investigaciones que seguramente ya están en marcha, con la cautela debida y la discreción requerida, para llegar al fondo de los casos y sacar a flote el meollo real del sistema de corrupción integral que impera en el país.

Así es que no nos deben sorprender los ataques y descalificaciones que hacen los actores que se benefician del estado de corrupción generalizado que predomina en el Estado y en la sociedad. Lo que sí debería sorprendernos es que haya personas y grupos que, sin formar parte del entramado de corrupción ni beneficiarse directamente del mismo, agredan a la Misión de la OEA y pretendan negar la calidad y los verdaderos objetivos de su trabajo. La condenan, dicen, porque no se opone ni critica los afanes continuistas del gobernante actual. La rechazan porque no denuncia ni censura la reelección presidencial. Esto es un tanto absurdo. Pareciera que no han leído, aunque sí lo han hecho, el texto del convenio de creación de la MACCIH, firmado entre el Estado de Honduras y la OEA. En ese documento están claramente señalados los límites del accionar de la Misión, los alcances de su jurisdicción y el marco conceptual que debe regir su funcionamiento. No se le puede pedir, ni mucho menos exigir, que invada campos que no le competen o que cumpla tareas para las cuales no ha sido facultada.

El terreno de nuestra política, especialmente en un año electoral, se parece a un campo minado que para atravesarlo hay que tener el conocimiento previo de la ruta posible y el tacto necesario para no volar por los aires. Los conductores de la Misión lo saben muy bien y actúan en consecuencia. No hace falta condenar en público, lo que de una u otra forma se investiga en privado. Si se avanza en las investigaciones y se logra llegar al núcleo central de los casos de corrupción mayor, entonces quedarán al desnudo los estrechos lazos que atan la corrupción con el sistema político, el sistema de partidos y el sistema electoral. Una investigación seria y profunda habrá de desembocar irremediablemente en los cauces de la política criolla. Y entonces saldrán a la luz las intrincadas redes de corrupción que tienen atrapado al Estado y han puesto de rodillas a los órganos contralores públicos cada vez más contaminados, ineficientes y desacreditados.

No hay que pedirle a la MACCIH lo que no puede ni debe hacer. Hay que ser objetivos en su valoración y análisis, entender lo que ella significa como posibilidad histórica para luchar efectivamente contra la corrupción y sentar precedentes útiles en contra de la impunidad. Hay que ver el bosque, con mirada de faro, y no sucumbir ante el paisaje del árbol solitario. Solo así sabremos comprender el valor real y la gran oportunidad que tiene y significa la llegada de una misión internacional de gran calidad para luchar en contra de la corrupción y la impunidad en nuestro país.

Entiendo que haya escépticos y desconfiados, que dudan de todo y no creen en nadie. Virtudes y defectos de la condición humana. Pero los más, los que queremos lo mejor para este país, apoyemos el trabajo de la MACCIH, aunque solo sea por aquello del justo beneficio de la duda, y agradezcamos sus esfuerzos por sanear a Honduras, una tarea que, en verdad, deberíamos haber cumplido nosotros.

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