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Fe y Esperanza

(Por: Filiberto Guevara Juárez) ¡En esperanza fuimos salvados! Exclamó en su segunda encíclica el actual Papa Emérito, Benedicto XVI, considerado por algunos expertos en la materia, como un gran teólogo. Debemos dar gracias a Dios, porque suscitó entre nosotros a un PAPA digno de continuar la obra de todos los auténticos Papas que le precedieron, tomando muy en cuenta al extinto Papa Pablo VI, autor de la maravillosa Encíclica: “Populorum Progressio” y al muy recordado y actual santo de la iglesia, Juan Pablo II.

La encíclica “En esperanza fuimos salvados”, trata específicamente sobre la fe y esperanza cristiana pero sin desconocer y valorar positivamente la fe y la esperanza de otras religiones existentes en el mundo. En ella se nos da a conocer que fe y esperanza, se han consustanciado en el tiempo, hasta el extremo que en los textos bíblicos casi llega a hablarse indistintamente de ellas. Tendrá que ser así, porque toda persona cristiana que tenga fe tiene esperanza cimentada en el “amor incondicionado” que Dios ofrece al ser humano, al extremo tal, que siendo Dios infinitamente grande y poderoso, se regala en si a la humanidad, en el frágil y pequeño recién nacido en el humilde pesebre de Belén de Judea, hace aproximadamente 2018 años.

Benedicto XVI en su encíclica que salió a luz pública, el 30 de noviembre, de 2007, afirma de entrada que, “según la fe cristiana, la <<redención>>, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable Gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva a una meta, si podemos estar seguros de esta meta, y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.”

“Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, en Cristo Jesús Señor Nuestro. (Rm8, 38 -39).

Benedicto XVI, afirma también que, “el evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia vida”, concluyendo que, el “mensaje cristiano no es solo <<informativo>> sino <<performativo>>, o sea, que forma y transforma a la persona y la hace vivir de otra manera porque se le ha dado una vida nueva en Cristo Jesús, hasta hacerla sentirse redimida por la esperanza y, deseosa de compartir dicha esperanza con otras personas, como una especie de <<sustancia>>, que suscita vida para los demás.”

Por ejemplo, toda época de navidad en el mundo occidental y parte del mundo oriental, es una época de fe y esperanza. Es así, que siendo aún Cardenal, en el año 2000, Benedicto XVI, en su libro Dios y el Mundo afirma que, “en la costumbre original subyace una gran idea. Ese niño “Jesús” es el regalo de Dios a los seres humanos, al grado tal que el suceso de Belén de 2007 años, se convirtió en el <<Avance decisivo de la historia universal para unificar la criatura y Dios>>, siendo algo prodigioso que Dios se convierta realmente en hombre”. Es por eso, que siempre el advenimiento de dicha época suscita en el ser humano – a pesar de la contaminación materialista de los tiempos- una gracia a grado tal, que durante las dos cruentas y dolorosas guerras mundiales, durante el día de navidad, los cañones y las ametralladoras enmudecieron aunque sea momentáneamente, para dar paso a un momento de paz y de sosiego espiritual, que ojala algún día se convierta en algo permanente, desterrando para siempre el odio y la crueldad entre los seres humanos. Recordemos además, aquellas bellas y eternas palabras de Juan Pablo II: oremos, a fin de que todo hombre supere aversiones y prejuicios, el odio, la hostilidad y la crueldad, para que la vida sobre la tierra se trueque en mas humana y en mas digna del hombre”.

En su encíclica, Benedicto XVI, se plantea y da respuesta magistral a dos preguntas fundamentales: ¿de que género ha de ser esta esperanza para poder justificar la afirmación de que a partir de ella, y simplemente porque hay esperanza, somos redimidos por ella? ¿Y de que tipo de certeza se trata? Se trata pues, que dicha esperanza toca al ser humano en lo concerniente “a la vida y a la muerte en general, por tanto tiene que ver con nosotros aquí y ahora”. La fe y esperanza cristiana trascienden nuestra dura y fatigosa realidad que vivimos y nos transporta a otra realidad que aún no sabemos realmente como es pero que la intuimos al creer en Jesucristo victoriosamente resucitado de entre los muertos, al haber vencido a la muerte y, es por eso que los cristianos proclamamos. “¡Oh muerte donde esta tu aguijón!, ¡oh muerte donde esta tu victoria!”. Por su muerte y resurrección el señor Jesucristo nos abrió las puertas a la vida eterna y, como bien afirma Benedicto XVI “La expresión vida eterna trata de dar un nombre a esta realidad desconocida aun por nosotros, la cual solo podemos comprender al tratar de salir con nuestro pensamiento de la temporalidad a la que estamos sujetos, y augurar de algún modo que la eternidad no sea solo un continuo suceder de días del calendario, sino como momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad. Sería el momento de sumergirnos en un océano de amor infinito en el cual el tiempo- el antes y el después- ya no existe”. Esa es pues, nuestra certeza que tenemos los cristianos, al ser salvados y <<redimidos>> en la fe y esperanza fundamentadas en nuestro Señor Jesucristo.

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