Wednesday, Oct 23, 2019
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Fiscalía de Nueva York afirma Ebal sí tuvo encuentros con Chande Ardón y el Tigre Bonilla mató a nombre de Tony Hernández

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

Uno de los altos jerarcas policiales se convirtió en un efectivo colaborador del narcotráfico ya que estuvo a las órdenes del exdiputado nacionalista Juan Antonio Tony Hernández y del exalcalde de El Paraíso, Copán, Alexander Chande Ardón porque fue el brazo ejecutor de varios asesinatos de los rivales de ambos capos mientras permaneció activo dentro de la fuerza pública, tal como se hacen constar en un documento en manos de un tribunal federal de Nueva York.

Las confesiones de Chande comprueban por enésima vez cómo se infiltró y enquistó el narcotráfico dentro de los aparatos de seguridad y defensa, al usar a altos funcionarios policiales y mandos intermedios como los cuidadores y facilitadores en el trasiego de cientos de toneladas de cocaína que en su momento llegaron a EE.UU. A la vez, se reafirma los enlaces políticos -comenzando por el jefe del régimen nacionalista- con los capos a cambio de fuertes sumas de dinero que llegaron a los bolsillos de los beneficiarios.

La participación del exjefe Juan Carlos Tigre Bonilla (identificado como CC7) alcanzó mayor protagonismo cuando fue nombrado en 2012, ya que era el cuadro favorito tanto de Ardón como de Tony para realizar los trabajos sucios, consistente en la aniquilación de rivales o cuadros incómodo para sus intereses, de acuerdo a un extenso texto presentado por el Departamento de Justicia a través de la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York.  Si bien Bonilla no es explícitamente mencionado, pero encuadra en la época que sirvió como número uno de la fuerza pública y, por consiguiente, se volvió una persona de interés para las autoridades estadounidenses.

«En al menos dos ocasiones, entre 2011 y 2013, el acusado ayudó a organizar asesinatos de narcotraficantes rivales. En uno de esos incidentes, el acusado confió en un miembro de la Policía Nacional de Honduras, quien luego se convirtió en el jefe de toda la fuerza policial, para ejecutar asesinatos», se especifica en el dossier que tiene en sus manos el juez federal que juzgará a Hernández en octubre próximo.

La planificación y ejecución de los asesinatos contó con el respaldo total e incondicional de Tony; uno de ellos era un supuesto rival en el negocio de la droga y otro habría sido un empleado a quien lo ultimaron porque «sabía mucho» de sus movimientos y podría convertirse en un colaborador eficaz.

El hecho de que tanto el hermano del actual titular del Ejecutivo nacionalista y el exalcalde copaneco hayan confiado en los servicios de Bonilla obedece al carácter tosco del exfuncionario policial y sus antecedentes por los cuales fue juzgado y absuelto. Cabe recordar que el comisionado en retiro fue procesado judicialmente por detención ilegal y asesinato Jorge Luis Cáceres, quien habría participado en el secuestro y posterior asesinato del exsecretario de Economía Reginaldo Panting.

Además, los informes de la desaparecida Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional retratan a Bonilla como una persona con fuertes rasgos mentales, que lo colocan como un sujeto extremadamente violento y sería la principal referencia para el acusado y el colaborador de la fiscalía neoyorquina con el propósito de explotar su conducta implacable.

Esta delación coloca en una posición incómoda a Bonilla, quien todo el tiempo se declaró como el principal enemigo de la delincuencia organizada y narcotráfico; antes de ser director de la fuerza, fue jefe regional en la zona occidental, controlada en aquel tiempo por los todopoderosos cárteles como los Valle Valle, AA, así como la instalación de los corredores de estupefacientes por los Cachiros. Esa fue la época dorada de los señores de la droga porque vieron crecer exponencialmente sus fortunas a costa de toneladas de cocaína que llegaron hasta EE.UU., en alianza con organizaciones criminales mexicanas.

Es más, algunas de las causas que fueron reveladas por Radio Globo ConfidencialHN colocan al Tigre como un protegido de la exrectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Julieta Castellanos; en otras palabras, ha sido un privilegiado del poder. En una investigación de este periódico se hace constar que los requerimientos fiscales contra unos nueve oficiales de Policía en retiro y depurados, fueron elaborados a partir de rumores e infidencias de Bonilla a fin de ‘cobrarse’ viejas rencillas que habría tenido con algunos de ellos, bajo la protección de Castellanos y las cabezas visibles de la paraestatal Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ).

El informante -cuyo nombre se mantiene en total reserva para evitar represalias- confirmó de que los expedientes contra los exmandos policiales fueron basados en comentarios y rumores de Bonilla y la promotora de la persecución y linchamiento penal es Castellanos.

EBAL SÍ TUVO ENCUENTROS CON CAPO CHANDE ARDÓN. En cuanto al secretario de la Presidencia, Ebal Díaz, o CC5, fue (y sigue siendo) el brazo derecho de Juan Orlando Hernández, pues participó en varias reuniones a las que acudió Chande, indican los documentos que fueron elaborados por el Departamento de Justicia.

«Aproximadamente en 2016, CC-4 (Hernández) solicitó una reunión con CW-3 (Ardón). Cuando llegó CW-3, uno de los ministros, (CC-5) le dijo a CW-3 que CC-4 iba a destituir al pariente de CW-3 de su posición en el gobierno debido al creciente escrutinio relacionado con el narcotráfico», se indica en el extenso memorando que compromete legalmente a Tony.

Los fiscales federales aseguraron que «CC-5 también le dijo a CW-3 que CC-4 quería su el apoyo en relación con las próximas elecciones presidenciales. En respuesta CW-3 respondería si CC-4 continuaría protegiéndolo y CC-5 respondió que CC-4 lo hará si lo apoyaba la campaña. Posteriormente, CW- 3 gastó un millón de lempiras en ganancias de drogas para apoyar la exitosa campaña de reelección de CC-4» .

Por tanto, EE.UU. «establecerá por preponderancia de la evidencia que los acusados, CC-4 y CC-5 (quienes) eran miembros del complot de tráfico de droga que realizó Tony Hernández, así como de un complot relacionado con la influencia en el tráfico de drogas para mantener y aumentar su poder político y control del Partido Nacional de Honduras».

Hernández y Díaz -destacan la confesión de Ardón- eran los principales conspiradores y apostaban por frenar cualquier intento de extradición de aquellos cuadros que pudieran comprometerlos en el futuro, a pesar de tener una absoluta conciencia sobre las implicaciones legales que podrían acarrearles.

Acerca de las imputaciones contra Hernández,  la acusación señala que el exjefe policial Ramón Sabillón, si bien no es mencionado expresamente, se indica que en «la época de los arrestos, un miembro del alto rango de la Policía Nacional de Honduras acusó a CC-4 (JOH) de proteger a CW-3 (Chande). El acusado le dijo a CW-3 que el oficial iba a ser removido debido a la falta de lealtad a CC-4 , y el oficial fue posteriormente destituido de su posición».

Se interpreta en uno de los incisos del vasto documento acusatorio de que Hernández no estaba interesado en aprobar la figura de la extradición y que la misma fue llevada a cabo por presiones ejercidas por EE.UU. para frenar el tráfico de drogas y la violencia que se disparó por años en la región.-Además, JOH se comprometió personalmente con Ardón para protegerlo de cualquier hecho que comprometiera su vida y libertad.

«CW-3 acordó ayudar y sobornó a los congresistas. Más tarde, CC-4 agradeció a CW-3 por la asistencia y le dijo a CW-3 que, tal como se había prometido, estaría protegido contra el enjuiciamiento y la persecución policial», externa uno de los puntos torales.

Juan Carlos Bonilla y Ebal Díaz, en últimas líneas, están en la mira de EE.UU. porque tuvieron un rol activo en el proceso de conspiración, ya sea como facilitador en el trasiego de drogas o en la desaparición física de posibles cabos sueltos -en el caso del exjefe policial- por lo que la colaboración de los operadores y exjefes narcos podrían arrojar más datos que servirían de insumo a los fiscales federales para pedirlos en extradición. Los dos actuaron -en forma paralela- en una especie del poli bueno y poli malo: el primero usaba la diplomacia para tener buenas relaciones con los narcos y el segundo echaba mano de la violencia para sacar de circulación a punta de balas a la competencia.

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