viernes, diciembre 4, 2020
Inicio Editorial Opinion Gobierno de transición

Gobierno de transición

(Por: Edmundo Orellana) La cantidad de demandas, desafíos y retos que nos vienen y que, inevitablemente, enfrentará el próximo gobierno, difícilmente podrá atenderlos con relativa eficacia si no cuenta con el apoyo de los sectores que hoy están pugnando por sustituir al actual.

La población que ha dejado de tener ingresos desde que inició el confinamiento, por despido y por suspensión de contratos de trabajo, se acerca al millón y será mucho más cuando asuma el nuevo gobierno. ¿Cuánto más? Es difícil adivinarlo; pero la cifra será de miedo, sin duda.

La producción de bienes y servicios se redujo dramáticamente por el cierre de miles de empresas en estos cuatro o cinco meses, y las que quedan no pueden operar, o no pueden hacerlo eficientemente, porque, cada vez que el gobierno decide “reabrir la economía”, amenaza la pandemia con siniestros rebrotes. En otras palabras, económicamente, no estamos al borde del abismo, ya vamos en caída libre.

Y supongamos que venga la vacuna, como anuncian las potencias, y podamos salir, sin temor, a trabajar y las empresas a producir, para ese momento el mercado estará tan deprimido que no habrá manera de que absorba, en porcentajes aceptables, la masa laboral desempleada ni habrá condiciones para el funcionamiento eficiente de las empresas. Será necesario un esfuerzo ciclópeo y mucha inteligencia, así como inéditos sacrificios, para amortiguar los devastadores efectos socioeconómicos.

Estos escenarios no son desconocidos para nadie. Quienes investigan el fenómeno social y económico, reiteradamente, nos vienen describiendo, desde el inicio de la pandemia, los perfiles dantescos del escenario que nos espera.

Lo preocupante es que nadie del gobierno ni de la oposición está preparado para enfrentar ese infierno que nos describen los estudiosos y en el que arderemos si no comenzamos a planificar lo que debemos hacer para, desde ya, iniciar las labores de reconstrucción.

El gobierno ha dejado de ser el timonel confiable para sortear la tormenta y llevarnos a puerto seguro, por su imprevisión, sus errores y su insoportable corrupción, lo que ha impulsado a la sociedad a organizarse para encontrar el modo de cómo participar efectivamente en la conducción de la crisis; iniciativa que el gobierno rechaza inexplicablemente, como cuando el gremio médico se ofreció a contribuir en la administración de la lucha contra la pandemia.

En el ámbito de la empresa privada, los esfuerzos por contribuir en este sentido, desde el norte del país, son visibles y provocan reacciones favorables en la población, pero la posición irreductible de quienes, dentro del sector, prefieren estar del lado del gobierno, no permiten que aquellos esfuerzos fructifiquen. La visión de la vieja empresa privada impide que se modernice el sector, desprendiéndose del gobierno e impulsando un nuevo modus operandi en el que la empresa prospere sin depender del gobierno.

Si el gobierno ya no es confiable para gobernar y la sociedad está convencida de que es incapaz de enfrentar la crisis y hasta decidida a sustituirlo, su continuidad es insostenible. Sin embargo, el sector que, por definición, debía estar preparado para, en estos momentos de crisis extrema, atender políticamente la situación, no lo está.

El sector político del país no está trabajando para sustituir a JOH con todo lo que necesita para desactivar los artefactos explosivos preparados para activarse desde que asuma el nuevo gobierno. Su respuesta es celebrar elecciones y que tome posesión el que de aquellas salga victorioso. La pregunta que surge, sin embargo, es la siguiente: ¿podrá gobernar un nuevo presidente en estas condiciones? Estará enfrentando, desde el día que tome posesión, a los demás partidos políticos y a los sectores económicos y sociales organizados que exigirán atender sus demandas perentoriamente; en otras palabras, estará negociando permanentemente, lo que significa que estará cediendo espacios, concediendo privilegios y todo eso que ocurre entre las élites políticas y económicas en situaciones de normalidad.

Esta situación de normal es lo que menos tiene. Los peligrosos contornos de la crisis solamente pueden enfrentarse si todos los sectores participan en una plataforma desde la que se impulsen las iniciativas para enfrentar las consecuencias de la crisis. Lo que es imposible de lograr si no es con un gobierno en el que participen todos los sectores; en otras palabras, un gobierno de transición.

Seguir actuando como si viviéramos en situaciones de normalidad, es condenar el país a vivir de rodillas. Exijamos, pues, que los sectores políticos, económicos y sociales actúen con responsabilidad, diciendo: ¡BASTA YA!

Y usted, distinguido lector, ¿ya se decidió por el ¡BASTA YA!?

- Advertisment -

Notas Populares

Carro estatal toma fuego frente a INFOP en Tegucigalpa

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Un vehículo del Estado de Honduras tomó fuego la tarde de este jueves, frente a las instalaciones de Instituto Nacional de Formación Profesional...

JOH se jacta de ‘buen manejo’ financiero ante cooperantes en EUA

TEGUCIGALPA, HONDURAS. El jefe del Poder Ejecutivo, Juan Orlando Hernández, dijo este jueves que los organismos internacionales ven con buenos ojos el manejo de las...

Comentarios Recientes