HomeNacionalGuardianes de la Patria: forma sutil de terror y adoctrinamiento militar

Guardianes de la Patria: forma sutil de terror y adoctrinamiento militar

TEGUCIGALPA, HONDURAS 

La militarización de la seguridad ciudadana se profundizó durante los primeros siete años de esta década, al extremo que la niñez y juventud fue incorporada por los dos últimos gobiernos nacionalistas como un sutil método de adoctrinamiento para aniquilar cualquier atisbo de rebeldía y que obdedezcan de manera ciega las órdenes de los poderosos.

Y es que con la entrada en vigencia del programa Guardianes de la Patria unos 10 mil niños y jóvenes en edad de estudiar fueron adoctrinados por las FFAA hondureñas, a fin de «inculcarles» valores como la disciplina y obediencia; no se les sensibiliza en la solidaridad hacia el dolor ajeno, pues la milicia no permite ni debilidades ni ápices de reclamo.

Defensores de DDHH han venido denunciando que este controvertido programa tiene de funcionar hace 15 años en el país y que, en vez de dar una formación integral y humanista, los inducen al campo armamentístico para que en el futuro sean miembros de las Fuerzas Armadas, cometan violaciones a garantías individuales y sigan manteniendo el orden establecido en la sociedad.

Al respecto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) mostró su preocupación porque las FFAA «se involucran también en temas de formación cívica y educativa para niños y niñas ‘en riesgo social’ a través del programa ‘Guardianes de la Patria’. La Comisión expresó su preocupación ante los riesgos involucrados en el hecho de que niños, niñas y jóvenes de entre 5 y 23 años de edad sean entrenados en instalaciones militares, y utilicen plazas, parques y canchas de fútbol militarizadas».

La CIDH  alertó sobre la injerencia militar en la formación a este segmento de la sociedad, pues «la ejecución del programa Guardianes de la Patria, como iniciativa de educación dirigida a niños, niñas y adolescentes, no es una función natural del ejército. La expansión del campo de
acción de las Fuerzas Armadas al ámbito de la educación y adoctrinamiento de niños, niñas y adolescentes constituye otra manifestación de este fenómeno de la militarización de los espacios públicos».

«El rol de las Fuerzas Armadas, que es la defensa del país frente a amenazas contra la seguridad provenientes del exterior, es incompatible con la coordinación, supervisión e implementación de programas de formación cívica para niños y niñas. Además, es pertinente observar que la iniciativa se inserta en un contexto de militarización de diversas funciones estatales, que corresponden a otras instancias del Estado», señaló la entidad.

Sobre el tema, la defensora de DDHH, Bertha Oliva, cuestionó la militarización de la seguridad y su injerencia en las escuelas y «lo peor que se puede hacer es no pronunciarse sobre la alta militarización. Un pueblo militarizado no avanza en democracia, se consolidan dictaduras y sólo traen dolor, sangre y división».

Cuando los militares se entrometen en temas educativos, agregó, se les da entrenamiento militar «lo que vamos a tener niños con capacidad de cometer actos de sicariato. Vamos a tener niños sicarios».

El mandato de las FFAA no es educar a la niñez, detalló, pero lo que tratan de hacer ellos son actos fuera de su estamento y le están quitando a los responsables de formar intelectualmente a este segmento el trabajo de la educación y «se ve claramente una fuerte tendencia de militarizar y privatizar la educación pública y es gravísimo».

«Cuando vi un programa que estaban desplegando Guardianes de la Patria es peligroso y da mucho temor porque estamos volviendo al reclutamiento y se está inyectando esa práctica. Hemos ido a dar formación en DDHH a las escuelas de barrios pobres y podemos ver cómo andan los militares por los pasillos y cómo podemos constatar  que en la noche ellos disparan en los árboles y cómo los niños pueden estar tranquilos con la presencia militar cuando ellos han causado opresión y represión», denunció.

Tachó de «bárbaridades» algunas conductas tomadas por los militares, quienes han desatado sus bajas pasiones en los colegios al sostener encuentros sexuales con jóvenes y «como en los viejos tiempos de la colonización porque son la fuerza que asume el poder. Esa es la lucha que debemos liberar: que nuestras jóvenes no pueden estar sometidas al salvajismo sexual de los militares porque tienen temor; si ellas las denuncian, van a aparecer torturadas».

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