sábado, noviembre 28, 2020
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Hasta siempre querido jefe, ¡acá nadie se rinde!

Los editoriales siempre debió hacerlos David. Él ya no está. Esta hoja debería ser un espacio vacío como señal de eterno luto que mantendremos en ConfidencialHN. No obstante, desde la jefatura de redacción nos atrevimos a escribir estas líneas como muestra del sempiterno respeto que le guardamos a pesar de que se fue y del cuarto aniversario de fundación de este medio que vino al mundo un 11 de julio de 2016.

No vamos a reparar hoy que Juan Orlando Hernández y sus corruptos matarifes vestidos de funcionarios siempre quisieron verlo muerto ¡y lo hicieron! No, no vamos a apañar ese recuerdo del único periodista preso en América Latina por ejercer la libertad de expresión y llamar las cosas por su nombre: ladrón al ladrón y corrupto al corrupto.

En este editorial, haremos un homenaje a quien sí defendió los intereses de la sociedad, se entregó a ella sin escatimar nada hasta dejar su vida por ver una Honduras libre de corrupción, impunidad, narcotráfico y cómo unos pocos la han secuestrado, cuan aves carroñeras, para hartarse lo poco que queda. Más de una vez vimos a David solo en su lucha porque aquellos que dijeron respaldarlo en las buenas le dieron la espalda en las malas, lo señalaron de todo, sin saber que su línea era decir las cosas sin reparar lo que pasara y eso no le importó, siguió adelante en defensa de sus ideales y de qué quería para la sociedad donde nació.

Una vez lo entrevisté cuando trabajaba en otro periódico y me dijo que usó zapatos a los 13 años en su querido Puerto Cortés; vendía golosinas para llevar dinero a su vivienda mientras su madre le imponía una férrea disciplina que con el paso de los años le terminó formando el carácter. Fue estibador en la Empresa Nacional Portuaria, donde comenzó a debatir por horas y horas sobre temas políticos con los sindicalistas, ahí halló su vena de luchador social. Una vez viajó en un carguero a Tampa y se convenció que no le gustaba el mar y pasó a reparar calles en Tegucigalpa, era ayudante de barreno y su primera vivienda -alquilada- estaba en el barrio La Guadalupe. Luego tuvo la oportunidad de trabajar en la desaparecida Cohdefor donde se halló con Mario Mendoza, quien lo trajo al oficio.

Y así, bastaría narrar que se codeó con los grandes del periodismo, en esa época de oro donde aprendió de la escuela más combativa, doctrinaria e irrepetible que ha tenido Honduras. Que en cierta ocasión se colocó detrás de un poste de energía para trasmitir por los anacrónicos walkie talkie cómo se desarrollaba una balacera… Todo por el afán de estar frente a la noticia, que se jugó el pellejo por tener a mano los cheques del megafraude al IHSS y de los vínculos con el narcotráfico del mismísimo Hernández. Esos tiempos no volverán.

Estos años que estuvimos cerca de él, en particular yo, llegué a convencerme del don de gente que tuvo, sin andar diciendo nada llevó una ayuda, que salió de su propio bolsillo, para un establecimiento humanitario y Sandra lo sabe. Llevó ayuda a la gente varada en Alauca que buscaba traer a Manuel Zelaya del destierro, sin andar haciendo alarde de su gesto y Lidieth también lo sabe. Son épocas que no volverán y que quedan grabados con fuego en nuestros recuerdos.

En estos momentos, hacer leña del árbol caído y burlarse del mal ajeno es un acto despreciable y abyecto del humano. Si usted no está a favor ¡cállese!, respete el luto de aquellos cuyos seres queridos se fueron para no volver más. 

David buscaba escribir sus memorias a los 73 años, cuando ya se retirara del servicio tras medio siglo de ejercer el oficio más bello del mundo como lo describió García Márquez. Me dijo a mí y a Héctor entre noticias y pausas que buscaría un lugar apacible donde narrar sus anécdotas como comunicador, que sirviera como un documento didáctico para quienes venían entrando al periodismo y para aquellos que estamos en este camino sobre como aplicar técnicas de investigación, análisis y aquellos géneros que van de la mano con la literatura y otras ciencias. La finalidad era que el comunicador tuviera los suficientes recursos para informar con contundencia y claridad.

Ese hombre no le tuvo miedo a nada y a nadie, ni siquiera a la muerte y fue al encuentro con ella, aun sabiendo que quería vivir más tiempo, ver crecer sus hijos y ver caer a aquellos mafiosos que se apropiaron de Honduras, pero eso no se cumplirá. Resta asumir ese pesado y colosal reto de heredar esa riqueza que nos deja David -inmaterial- pero extraordinaria, para continuar con la defensa de los intereses de la sociedad.

Desde ConfidencialHN ese compromiso sigue incólume; perdonamos pero no olvidamos, mantendremos viva la memoria de David mientras haya fuerzas, aunque podamos flaquear, aunque las armas estén sobre la cabeza y cuando todos den la espalda.

¡Hasta siempre, querido jefe! Lidieth, Héctor, Brayan, Gustavo, Manuel, Carlos, Marvin, Bessy, Roger, Ana, Sandra, Heidy, Cindy, Benjamín, Rony, Asunción, José, Nahúm, Christian y todos aquellos que estuvimos a tu lado jamás te olvidaremos. Estamos muy dolidos, actuaremos con la cabeza fría y el corazón caliente de ahora en adelante. Hoy y siempre te echaremos de menos.

Fuiste el hombre que cambió la historia de Honduras, defenderemos tu legado a capa y espada. De eso no hay menor duda.

¡Acá nadie se rinde! 

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