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Hemiciclo legislativo no es apto para que sesionen los diputados

Por : Juan Alfaro Posadas

Una supuesta investigación de la Comisión Permanente de Contingencias (COPECO) concluyó que el hemiciclo del Congreso Nacional no es apto para que sesionen los diputados, porque pueden contagiarse de la Covid-19.

El mismo Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (SINAGER), también recomendó a los parlamentarios abstenerse de celebrar sesiones presenciales, para evitar enfermarse del mortal virus.

Según los observadores del acontecer político nacional, esas determinaciones son de compadre hablado, pues los diputados nacionalistas no quieren volver a las sesiones presenciales, para seguir con sus maniobras sucias vía Zoom, con instrucciones precisas de Juan Orlando Hernández Alvarado, en la coyuntura del proceso electoral.

Precisamente, el sistema electrónico vía Zoom, permite que muchos parlamentarios coloquen únicamente su fotografía, sin participar en los debates, y se dediquen a realizar otras actividades ajenas al papel que les corresponde.

Como se recordará, en el marco de ese tipo de reuniones se permitió cederle potestades al poder Ejecutivo para que administre a través de la Secretaría de Finanzas (Sefin), los últimos mil millones de lempiras aprobados al Consejo Nacional Electoral (CNE).

Obviamente, que con ese proceder arbitrario se le resta autonomía al CNE, que según la ley, es el organismo encargado de tutelar los comicios generales de noviembre y demás procesos electorales. También se presta para que desde la Presidencial se manipule y retrase el cronograma electoral.
Al parecer, las sesiones de los diputados se reanudarán hasta en 2022 cuando se cuente con la integración de un nuevo Congreso Nacional, y en otro período constitucional.

Los infundados pretextos para que los mal llamados “padres de la Patria” no celebren sesiones presenciales, son rechazados por la ciudadanía, ya que perfectamente salen a sus pueblos y aldeas a hacer política, y se exponen al rosarse con todo tipo de personas.

La COPECO y el Sinager también dijeron que “no se sabe” qué diputados están totalmente inmunizados con la vacuna anti Covid-19, y cuántos de ellos tienen únicamente la primera dosis. Lo mismo indicaron del personal administrativo, seguridad y aseo, lo cual nadie les cree.

En nuestra sociedad los diputados son privilegiados, porque además de no trabajar lo suficiente, cobran sueldos fabulosos, jugosos viáticos y otras prebendas.

La verdad es que el Congreso Nacional y otras instituciones del Estado, como las Fuerzas Armadas, pueden desaparecer y aquí no pasa absolutamente nada, el país sigue funcionando, y de repente mucho mejor, aparte de que los recursos que se destinan para ellos podrían invertirse en salud y educación, para estimular el desarrollo nacional.

Si desempolvamos las páginas de la triste y negra historia del país, nos daremos cuenta que los congresistas es más el daño que le han ocasionado al pueblo y a la nación, que los aciertos o beneficios. Desde sus butacas le han inferido puñaladas al pueblo por la espalda.

En el Legislativo se han aprobado contratos, convenios, tratados internacionales, acuerdos, reformas de leyes y nuevas normas lesivas a Honduras y a sus habitantes, porque quienes integran ese poder del Estado no nos representan. Ellos son defensores de los intereses oscuros de quién los nominó y financió para llegar a ocupar un escaño.

Hemos visto como la gran mayoría de legisladores se venden, para satisfacer ambiciones de grupos políticos y de miembros de la oligarquía nacional.

Sólo basta recordar, cuando el señor Hernández Alvarado compró por muchos millones de lempiras a diputados de la oposición para imponer a la actual nefasta, corrupta e incapaz Corte Suprema de Justicia (CSJ), que preside Rolando Argueta Pérez, que ha patrocinado el proyecto perverso e inconstitucional de las famosas ZEDE.

En la histórica Carta Rolston, escrita en los primeros años del siglo pasado, el inversionista extranjero, Samuel Semurray, asegura que los diputados hondureños se venden y son baratos, pues acuñó la frase: “vale más una mula de Kentucky que un diputado hondureño”.

Semurray, hacía alusión a los parlamentarios que fueron sobornados para satisfacer las ambiciones desmedidas de las compañías bananeras Standard Fruit Company y Tela Railrod Company, de los Estados UInidos, que a lo largo de muchos años pusieron y quitaron presidentes en Honduras.

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