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Honduras está dejando de comerciar café y bananos con el mundo… ahora exporta migrantes

TEGUCIGALPA, HONDURAS

(Por Brayan Flores) Honduras perdió el interés en exportar bananos, café y otros productos y ahora aprovecha un nuevo bien que le genera miles de millones de dólares en divisas y se convirtió en el sostén de la economía nacional: los migrantes que huyen de la miseria, violencia de las pandillas y criminalidad organizada y otras que son producto del brutal neoliberalismo que ha cumple el gobierno a pie juntillas.

De hecho, en la última década, la migración de connacionales hacia otros países, en especial, a EE.UU. se situó entre los primeros bienes de exportación y en la actualidad constituyen el 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) o el total de la producción nacional de los últimos años, de acuerdo a cifras del Banco Central de Honduras (BCH).

Hasta la semana del 16 de agosto, la autoridad monetaria había reportado a través del mecanismo denominado Reservas Internacionales Netas unos cuatro mil 810 millones de dólares (115 mil 503 millones 011 mil lempiras al cambio acutal) en ingreso de divisas, pero las remesas fueron por tres mil 016 millones de dólares (72 mil 423 millones 509 mil 60o lempiras), por lo que este nuevo rubro de «exportación» se convirtió en el principal soporte de la raída economía nacional.

HONDUREÑOS DE EXPORTACIÓN. Las remesas pasaron a ser el principal soporte de las reservas internacionales, pues 62 dólares con 70 centavos fueron aportados por la diáspora y el resto fue por otros conceptos, a saber, importación de bienes que ascendió a mil 661 millones; servicios por mil 150 millones; la industria maquiladora trajo del exterior 854 millones y los movimientos de capital que llegaron a los 524 millones. Esta relación evidencia la poca capacidad estatal para atraer inversiones; proyectos como Honduras open for business resultaron ser un olímpico fracaso porque en los últimos años no se ha visto un vasto despliegue industrial que genere empleos.

Estadísticas oficiales señalan que solamente la banca y telecomunicaciones crecen como la espuma, pero concentran capitales que no permiten una bonanza en la sociedad. La denominada competitividad -basada radicalmente en la devaluación de la moneda frente al dólar- tampoco ha beneficiado a los casi 9.2 millones de habitantes, ya que el lempira está perdiendo de forma acelerada su valor frente a la divisa estadounidense y está impactando de forma brutal en la enclenque economía familiar.

Además, nadie se atreve invertir en una nación que es más violenta que la misma Siria que aún se está recuperando de la guerra civil que vivió en los últimos años. En conclusión, el desarrollo que Honduras necesita seguirá estacionada en los confines de la galaxia.

Por tanto, los migrantes -productores de remesas- son el 50 por ciento de las exportaciones de Honduras; se deduce que por el endurecimiento de las medidas de corte neoliberal ordenadas por los organismos financieros internacionales, el crecimiento galopante de la violencia, la ausencia del Estado de derecho (el país ocupa el antepenúltimo lugar en esta categoría) y la ausencia de inversión están provocando una masiva huida de personas que buscan protegerse de los embates de las maras y el elevado costo de vida.

DINERO DE SANGRE. Respecto a las importaciones, las remesas se constituyeron en un 40 por ciento, es decir, que 40 de cada 100 dólares que ingresaron al país fue por ese concepto; el resto, fue por ingreso de maquinarias, tecnologías, ropa, utensilios y otros enseres. Uno de los técnicos de la autoridad monetaria, cambiaria y crediticia explicó que el déficit -más importaciones que exportaciones- se ubicó en el 1.7 por ciento del PIB. Si no se contara con la fuerte suma de dinero, el déficit podría ubicarse en el 30 por ciento y Honduras enfrentaría una crisis sin precedentes.

Una estimación del BCH establece que 79 de cada 100 dólares que recibe el país por remesas proceden de EE.UU.; 7.9 proceden de España; tres dólares son enviados desde México; dos dólares son aportados por los que residen en Costa Rica, 2.2 dólares provienen de Panamá y 5.9 de otras naciones del mundo.

No obstante, el costo para los connacionales de vivir en otras tierras es elevado: son víctimas de ultras y neonazis norteamericanos y europeos, quienes también han sido víctimas de las políticas de austeridad aplicadas por sus gobiernos y la tradicional supremacía blanca, por lo que no resultan extraños ataques racistas contra la comunidad inmigrante, en particular, hacia los hondureños.

Sobre el tema, la especialista en temas migratorios de la Universidad de Buenos Aires, Carolina Sampó, estimó (de acuerdo a proyecciones del Banco Mundial) que 65 de cada 100 jóvenes del Triángulo Norte de Centroamérica emigran de sus países hacia Estados Unidos acarreando un costo económico de aproximadamente 80 mil millones de dólares para los centroamericanos, o sea, 1 billón 921 mil millones 048 mil lempiras, una cifra muy elevada para una región asolada por la extrema pobreza.

Por ese motivo, los 750 millones de dólares ofrecidos por Washington para contener la inmigración irregular a través de la inciativa Alianza Para la Prosperidad en el Triángulo Norte terminan siendo una humillación y, si cabe el término, una limosna frente a las multimillonarias pérdidas que enfrentan Honduras, Guatemala y El Salvador por el exodo de personas que buscan mantenerse alejadas de la zona más mortífera del mundo.

También debe sumarse el endurecimiento de las políticas antimigratorias en EE.UU. ordenadas por Donald Trump que, contradictoriamente, han venido a mejorar la recepción de divisas -según datos de la autoridad monetaria- ya que se teme en un futuro cercano que las deportaciones sean masivas, más aun, contra quienes ya perdieron el Estatus de Protección Temporal (TPS) y aquellos que se han visto obligados a marcharse hacia las ciudades y Estados que han sido calificados de santuarios. 

Resulta preocupante que el Estado no emprenda campañas para atraer la inversión de la diáspora catracha, ya que 90 de cada 100 dólares son utilizados en consumo y apenas 10 se destinen a la inversión. Al cierre de este artículo, no existe un plan a escala gubernamental que dé incentivos a quienes están enviando remesas o se les proporcione asesorías a fin de convertirse en generadores de empleo.

EXPULSIÓN DE HONDUREÑOS. La investigadora de la Fundación Friedrich Ebert, Ana Ortega, explica en un análisis llamado ¿Migración voluntaria o expulsión? Una aproximación a las causas y dinámicas de la migración laboral en Honduras que «no sorprende que los Estados y los organismos internacionales de financiamiento concentren su interés en la dimensión de acumulación, vinculada a las remesas y su creciente papel en la economía de mercado; al tiempo que la dimensión humana de las migraciones, la que se relaciona con la sostenibilidad de la vida, es abandonada por los Estados y gestionada cada vez más por actores de la sociedad civil o por las propias familias de los migrantes».

Estas causas profundas, explica Ortega en su análisis, aluden a la pobreza originada en parte por la profunda desigualdad propiciadora de exclusión, la incapacidad del modelo económico para generar empleo, la subordinación del Estado a las exigencias de un modelo económico que legitima y legaliza el empleo precario y, no menos importante, a la inseguridad y la violencia que han devenido en  razones estructurales que terminan expulsando a la población.

«En ese contexto, la proliferación de leyes y el Estado de Derecho se tornan irrelevantes porque la fuerza de la economía de mercado y los intereses del capital se imponen», concluye la especialista en su planteamiento.

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